Por: Andrea Hernández/@andy_hermar

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) cuenta con 35 albergues estudiantiles, cuyo mantenimiento cuesta al rededor de 100 millones de pesos anuales, por lo que en el marco de la reforma a la ley orgánica de la institución, especialistas han llamado a la regulación urgente de dichos espacios.

Desde su creación, hace más de 80 años, hasta la fecha, el objetivo final de las casas del estudiante se ha visto enmarcado en un sinfín de problemas y señalamientos que van desde el abandono de los espacios por parte de las autoridades universitarias, el gobierno y padres de familia de los moradores, hasta la situación que prevalece en el interior de los albergues que es de abandono, hacinamiento falta de limpieza, desabasto y conflictos violentos entre los moradores.

Más allá del objetivo de los albergues y las situaciones que han empantanado su funcionamiento social, la Universidad Michoacana destina anualmente un aproximado de 100 millones de pesos de recursos propios para la manutención de los estudiantes y de la infraestructura.

Los edificios que hoy fungen como albergue estudiantil en la capital del estado pertenecen, en su mayoría, a los bienes de la Universidad Michoacana, sin embargo, hay otros más que se tienen bajo concepto de comodato con gobierno estatal y municipal, sin embargo los más de seis mil moradores de estos espacios reciben sustento lo que al paso de los años se ha convertido en un lastre para la de por sí lastimada economía en la Casa de Hidalgo.

Una causa social con gran peso 

Aunque fue hace más de 15 años cuando se dejaron de crear las casas del estudiante en la Universidad Michoacana, con el paso de los años estos espacios han desarrollado un sistema de “autogobierno”.

Son los propios moradores, en su mayoría adheridos a la Coordinadora de Universitarios en Lucha (CUL) quienes se encargan de la administración interna, la distribución de labores y la delimitación de responsabilidades de los moradores.

A decir de algunos de los jóvenes moradores y de la crítica social “pareciera que las casas del estudiante sólo necesitan de la Universidad Michoacana para recibir de manera periódica un cheque” cuyo monto es directamente proporcional a la cantidad de habitantes en cada uno de los 35 albergues.

Si bien el monto es variable, cada uno de los albergues recibe lo correspondiente a una beca de alimentación, apoyo para estudios y subsidio para el transporte, lo que a decir de algunas autoridades universitarias suma en total alrededor de 100 millones de pesos al año de lo cual 70 por ciento se refiere a las becas en mención y el 30 por ciento restante es destinado al mantenimiento reparación de los inmuebles, que en su mayoría son casonas y edificios históricos ubicados en el primer cuadro de la ciudad, las colonias aledañas a Ciudad Universitaria y a las facultades más grandes de la Universidad Michoacana.

Casas del estudiante, un sistema de autogobierno 

Si bien la creación de las casas del estudiante es un proyecto social gestado al interior de la Universidad Michoacana como reflejo de la búsqueda por ampliar las posibilidades de acceso a la educación de nivel medio superior y superior a los jóvenes, sobre todo del interior del estado y de las comunidades de estados colindantes a Michoacán, hoy la realidad es que son los propios moradores quienes regulan el ingreso y egreso de cada uno de estos espacios.

Y es que desde hace varios años son los propios jóvenes integrantes de la CUL quienes se encargan de realizar jornadas de difusión de espacios al interior de las casas de estudiante en comunidades de todo el estado, hasta donde acuden con recursos que en su mayoría son otorgados por la propia institución para “invitar” a los jóvenes interesados a estudiar en la Universidad Michoacana a ser moradores de las casas.

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Esto ha derivado a últimas fechas en expulsiones, incluso violentas, de moradores de casas de estudiante que se han mostrado en contra de los lineamientos que la Coordinadora de Universitarios en Lucha, así como la participación en la toma que protagonizaron de agosto a noviembre del 2016, considerada la más larga a cargo de un movimiento estudiantil.

A pesar de que es necesario ser estudiante nicolaita y estar plenamente matriculado para poder acceder a un espacio que garantice la vivienda, la alimentación y los cuidados pertinentes al interior de un albergue estudiantil, es una realidad reconocida incluso por los propios moradores, que en ocasiones se permite el acceso a personas ajenas, no sólo a pernoctar en las habitaciones del albergue sino también a consumir los alimentos que la institución otorga.

Un reglamento, una necesidad más que urgente

A últimas fechas en las casas del estudiante subsidiadas por la Universidad Michoacana se les ha comenzado a “apretar el cinturón” si sus moradores no cumplen con sus deberes estudiantiles, la realidad es que no existe un reglamento que rija en su totalidad la operatividad de estos espacios.

Fue después de la toma de instalaciones nicolaitas que protagonizaran integrantes de la CUL de agosto a noviembre pasado, que el Consejo Universitario habló de la necesidad de crear un reglamento y se inició por la suspensión del subsidio a los albergues cuyos moradores participaron en el movimiento.

Cuatro meses después de terminada la toma, en marzo pasado, cuando se aplicó una medida más de “castigo” a los moradores de los albergues, a quienes se está aplicando un recorte en el subsidio para reparar los daños sufridos en la infraestructura nicolaitas durante la toma de 66 días.

Así mismo, el rector Medardo Serna González ha señalado en diversas ocasiones que el tema del subsidio a estos espacios ha abonado por años a acrecentar los problemas financieros de la institución.

Es por ello que, sin dar mayores detalles de los ajustes que pudieran aplicarse, ha externado que la regulación de las casas del estudiante forma parte de la reforma integral a la ley orgánica de la institución, aunque ha dejado en claro en todo momento que “siempre se priorizará el compromiso social de la Casa de Hidalgo”.

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