Por: Andrea Hernández/@andy_hermar

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com). – Creadas hace más de 70 años para abrir las puertas del conocimiento a gente de escasos recursos, las Casas del Estudiante de Michoacán se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para las autoridades de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y del Gobierno estatal, toda vez que en el seno de los albergues se ha impuesto un autogobierno estudiantil, en donde los intereses de muchos grupos de corte político imponen sus condiciones en los destinos y en las acciones que comenten los moradores de los albergues.

Por lo pronto, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) es la única institución que ofrece espacios de estudio y de vivienda a estudiantes foráneos. Para ello se destinan anualmente un aproximado de 100 millones de pesos de recursos propios.

No obstante la importancia de su labor social, a raíz de la politización de sus acciones, de la infiltración que padecen de partidos políticos y sindicatos, así como de otras organizaciones, el proyecto social de las Casas del Estudiante se ha pervertido, y se encuentran en el abandono por las autoridades universitarias, por el Gobierno Estatal y hasta por los padres de familia de los moradores de los albergues. La situación que prevalece desde hace años al interior de los albergues es de abandono, hacinamiento, falta de limpieza, desabasto y nula atención.

Desde la década de 1930 –según refiere el historiador Juan Manuel Salceda, investigador de las Casas del Estudiante – los albergues estudiantiles de Michoacán se han regido bajo un sistema de autogobiernos. Es decir, a pesar de que dependen económicamente de la Universidad, “en términos de decisiones, de organización, de regulación, son autónomos”. No obstante, su condición como albergues no está reconocido en las leyes y normas que rigen a la UMSNH, es por ello que sus instalaciones no están cobijadas por el concepto de autonomía que da abrigo a la Universidad.

Casas de estudiante,  una oportunidad de salir adelante

reportaje-cass6Los albergues estudiantiles forman parte de la historia de la UMSNH, e inclusive han llevado un origen paralelo a la instauración de la autonomía universitaria, gestada en la época de la Revolución Mexicana.

La UMSNH es la única que ha tenido un carácter socialista como tal en el país, y llego a ofrecer educación pública con ese matiz en las décadas posteriores a la Revolución. Es por ello que los albergues estudiantiles han ostentado la representación de esa ideología que por años rigió a la Casa de Hidalgo, y derivado de lo cual, las Casas del Estudiante han resistido a todos los esfuerzos de “modernización” y regulación por parte de las autoridades nicolaitas en los años recientes.

Juan Manuel Salceda Olivares, autor del libro Las casas del estudiante en Michoacán (1915-2001). “Conquistas populares por defender”, refiere lo incómodo que históricamente ha sido este proyecto para los rectores y gobernantes michoacanos.

Esta última trinchera del proyecto social de la UMSNH, siempre se ha caracterizado por su desempeño crítico –destaca el investigador-. Las Casas del Estudiante al inicio, y la CUL desde la década de los 80, han sido los mayores defensores del proyecto de educación socialista, que vivió su máxima efervescencia durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas del Río.

Sin embargo, su carácter progresista, también los ha llevado a encabezar las reformas universitarias de carácter democrático, la última de las cuales data de 1986.

Para los michoacanos de escasos recursos, y también para muchos estudiantes foráneos, las Casas del Estudiante son la única posibilidad de acceder a la educación superior en México:

“Cuando no estás acostumbrado a convivir con muchas personas,  que en tu familia son pocos, si cuesta trabajo acostumbrarte cuando no, te adaptas rápido”, platica con un cierto velo de cansancio en su rostro “Mario” un joven originario de Oaxaca y estudiante de quinto semestre en la Facultad de Farmacobiologia.

Morador de la Casa de Estudiante Isaac Arriaga, “Mario” (quien optó por el anonimato) participa en la toma de instalaciones desde el pasado 29 de agosto, “sinceramente yo no estoy de acuerdo (en las tomas) pero al gobierno si no le levantas la voz, va a pasar como en otros países,  si no exiges tus derechos te los quitan… claro que prefiero estar en mi camita estudiando con un café, pero estoy aquí porque me nace”.

La posibilidad de ser expulsado de la institución por participar en la movilización de la CUL no es algo que atemorice a “Mario” pues asevera que “aunque nos enseñen que debes estudiar para poder trabajar y no es así,  yo puedo poner un negocio o irme al campo a sembrar”,  pues incluso señaló no conocer a los jóvenes que recientemente fueron expulsados por participar en una toma el año pasado.

Dijo sentirse agradecido, ya que al ser morador en ‘la Isaac’ puede estudiar, sin embargo coincide con las autoridades en que es necesario trabajar en una reglamentación de los albergues “pero no así de golpe como las reformas del Peña Nieto, que ni sirven (sic.)”.

Lo mismo piensa “Carmen”, otra joven originaria de Huiramba, quien sólo vivió 15 días en una casa del estudiante,  no sabe ni el nombre del albergue pero es de los antorchistas: “me quedé poco tiempo, pero me dijeron que ellos no participan en las tomas porque tienen más recurso y les ayuda un partido (el PRI), eso me dijeron, pero sé por una amiga que en las (casas) de la CUL cuando eres nueva duermes en el piso o si alguien te comparte su cama, pues tienes suerte”, señaló.

Pagó 100 pesos por el tiempo de sus estancia y desde que llegó se le asignó una cama en una cuarto que compartía con 13 personas, pero dijo que ahora en los albergues de CUL “está peor, porque somos 30 por cuarto”,  además de pagar 10 pesos por tener derecho a internet y 5 más si quería utilizar el servicio en su celular.  Ahora renta un cuarto en una casa cercana a la Facultad de Derecho donde es estudiante de nuevo ingreso.

Ambos jóvenes hablaron de las “responsabilidades” que se adquieren al vivir en un albergue estudiantil, como es participar en la limpieza del lugar.  La alimentación es otro aspecto del cual dieron cuenta: “Carmen” dijo que en el tiempo que estuvo no pasó hambre, pero “Mario” compartió que llegó a su guardia en Ciudad Universitaria (a las 11:30) sin haber probado alimento alguno. Su casa tiene suspendido el subsidio alimenticio desde el inicio de la toma el pasado 29 de agosto.

“Carmen” y “Mario” reconocieron que ocasionalmente “comparten” alimentos con personas ajenas al albergue que así lo solicitan, como organizaciones civiles, estudiantes y familiares de sus compañeros moradores.

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El financiamiento, una pesada losa

Fue hace aproximadamente 15 años que se dejaron de crear las casa de estudiantes en la UMSNH. Actualmente son 34 espacios de este tipo controlados por organizaciones como la Coordinadora de Universitarios en Lucha  (CUL) y el Movimiento Antorchista, todas ellas subsidiadas por la Casa de Hidalgo,  que a decir del rector Medardo Serna González, adoptó este modelo como parte del compromiso social de la institución décadas atrás.

“La UMSNH paga lo que es la manutención del edificio,  algunos son propiedad de la Universidad,  otros son por comodato con Gobierno del Estado y el municipio, se les paga lo que es una beca para alimentación, es decir en función del número de moradores se da una cantidad para comprar los insumos que les permitan a ellos tener alimento y además les paga una beca adicional para el transporte y sus estudios,  que depende también del número de moradores”,  detalló  el secretario general, Salvador García Espinosa en entrevista para MiMorelia.com

Señaló que del total del recurso destinado a estos espacios, el 70 por ciento se destina a las becas de los moradores,  mientras que el 30 por ciento el para el mantenimiento y reparaciones de los inmuebles en beneficio de seis mil moradores que se tienen registrados hasta la fecha.

Pero ¿cómo acceder a los beneficios que los albergues nicolaitas ofrecen?,  el control por parte de las organizaciones es tal que son sus integrantes quienes “invitan” a jóvenes interesados a estudiar en la Universidad Michoacana a ser moradores de las casas,  bajo el principio normativo de que “el recurso recibido por cada casa es directamente proporcional a la cantidad de moradores”.

Incluso, a decir de García Espinosa “es muy difícil que nosotros limitemos el acceso a las Casas, ellos permiten que entren otros moradores allí a comer o a pernoctar, incluso egresados o compañeros de ellos”.

casas-estudiantesDerivado de esta situación se han presentado problemas tales como el hurto de camas y colchones los cuales son propiedad de la Universidad y deben quedar a disposición de las generaciones venideras,  según lo señaló el rector Medardo Serna, al afirmar que esta práctica se ha detenido por lo menos durante su administración, debido a que él ya no autorizó la reposición del mobiliario.

“Ya hay una propuesta de actualización del reglamento, ya se tiene un reglamento  desde hace cuatro años; es un reglamento que como todo en la vida universitaria suscitó inconformidad, el Consejo Universitario ha estado muy atento, afortunadamente también se recibieron propuestas y observaciones y participó una Comisión de las casas del estudiante, esa propuesta ya está en manos de la Comisión de la reforma jurídica y de la Comisión permanente de organización y método,  la cual podría pasar al pleno en una siguiente sesión”, destacó el Rector nicolaita.

Sin embargo, señaló que “cada casa de estudiantes tiene su normativa, es una normativa propia y por supuesto que no únicamente está incompleta una normativa de esa naturaleza en las condiciones actuales, sino que tampoco regula de manera adecuada una serie de aspectos que deben tomarse en cuenta para una mejor relación con nuestras casas de estudiante”,  dijo.

Autogobierno histórico

Salceda Olivares enfatiza que el autogobierno al interior de los albergues es una vieja práctica tolerada por las autoridades nicolaitas desde hace décadas.

reportaje-casas2La Coordinadora de Universitarios en Lucha está conformada por un consejo el cual da cuenta de las necesidades de cada Casa, las cuales son turnadas a Asuntos Estudiantiles de la UMSNH, que es la que provee de los insumos a los albergues. Hasta aquí llega el papel de las autoridades, ya que es cada Casa la que regula y administra las provisiones.

Tampoco existe una revisión exhaustiva para dar cuenta de las condiciones en las que se encuentran los albergues, conocer el número de usuarios, los servicios que se necesitan y sobre todo, el proceso de elaboración de los alimentos.

De hecho, la CUL suele proveer de alimentación a organizaciones sociales hasta personas indigentes.

Asimismo, la regulación de horarios, convivencia, la ingesta de bebidas alcohólicas y otros aspectos, también son regulados por la CUL, no así por la UMSNH.

Ya en anteriores ocasiones los diferentes rectorados han tratado de regular a los albergues estudiantiles, siempre sin éxito. Derivado de la última crisis, en donde la fuerza pública ingresó a las Casas del Estudiante en el 2012, durante el gobierno de Fausto Vallejo y el rectorado de Salvador Jara, se intentó regular y reglamentar a las Casas, pero todo resultó infructuoso.

Foto ACG
Foto ACG

—Lo que hemos visto desde 1986 es que ningún rector ha tomado cartas cabales en el asunto. Por el contrario, algunos de los rectores sí se han servido de la corrupción, del manejo presupuestal hacia las casas, para hacer un manejo político, destaca el investigador Juan Manuel Salceda Olivares.

Para él –quien fue morador de los albergues- “cualquier modificación a las casas estudiantiles debe partir de procesos de autocrítica de sus habitantes, acompañados primordialmente por los sectores pobres y excluidos, que son los que participaron en la creación de estos albergues”.

Hasta el momento, todo ha quedado en iniciativas de papel, sin que se entre de lleno a los hechos. Por lo pronto, los problemas siguen y las Casas del Estudiante ya forman parte de la crisis y no de la solución.