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Dr. Mario Molina-Pasquel Henríquez
Premio Nobel de Química 1995 |
El doctor Mario Molina, Premio Nobel de Química, presidente del Centro Mario Molina de Estudios Estratégicos de Energía y Medio Ambiente y miembro del colegio Nacional, presentó en Morelia la conferencia El cambio Climático: Hallazgos Científicos.
Mario Molina es mexicano, uno de los más importantes precursores para el descubrimiento del agujero de ozono antártico.
Una entrevista en el National Geographic, que resume por completo, lo expuesto este día en Morelia por el doctor Mario Molina; a continuación la versión completa de la plática de Omar López Vergara, editor en jefe de National Geographic en Español.
Respecto al cambio climático, quizá los expertos se dividan en “apocalípticos” e “integrados”, los que piensan que es imposible detenerlo y los que creen que estamos a tiempo de cambiar de rumbo.
¿Cómo se definiría usted?
Como un optimista realista.
El pesimismo de muchos colegas proviene de hallazgos científicos más recientes, los cuales indican que el problema es más serio de lo que pensábamos, sobre todo porque no veremos reducciones en las concentraciones de bióxido de carbono en la atmósfera hasta dentro de unos mil años. Pero el bióxido de carbono es apenas la mitad del problema: hay otros gases y partículas, como hollín o metano, que afectan al clima de manera mucho más “eficiente” que el bióxido de carbono.
El hollín consiste de partículas negras, que se depositan en la nieve y hacen que se funda más rápidamente, además de ser un grave problema de salud pública. Mil años es mucho tiempo, así que para tener una respuesta a corto plazo deberemos reducir las emisiones de estos otros compuestos y gases a los que no se les había puesto tanta atención y que constituyen la otra mitad del problema.
¿Esto significa que las acciones contra el cambio climático han estado mal enfocadas, en otras palabras, que nos hemos equivocado de compuestos?
No, y quiero decir esto con mucho énfasis: no es suficiente enfocar las acciones solamente en el bióxido de carbono. Ahora existe un consenso entre mis colegas respecto a la urgencia de controlar esos otros compuestos, que implica llevar a cabo una enorme una revolución cultural e industrial.
El hollín proviene en parte de las emisiones de vehículos a diésel, que pueden reducirse en un corto plazo relativo; otra parte se origina por la quema de biomasa, más difícil de controlar porque involucra a muchos campesinos en todo el planeta, aunque no por ello debemos claudicar. Por otra parte, los hidrofluorocarbonos, utilizados en los sistemas de refrigeración, también tienen un efecto invernadero significativo. Estos compuestos, junto con el metano, se encuentran en cantidades menores pero son mucho más perjudiciales para el medio ambiente que el bióxido de carbono.
Si a su cargo estuviera la dirección de la política energética en América Latina, ¿cuáles serían sus estrategias para enfrentar el problema del cambio climático?
En primer lugar, fomentar una política de ahorro de energía en todos los rubros problemáticos: transporte, industria, vivienda, generación de electricidad. El potencial de ahorro en la región es enorme simplemente utilizando de manera eficiente lo que ya tenemos: por ejemplo, estableciendo estándares de eficiencia para vehículos automotores sin que tengan que ser eléctricos o híbridos, lo cual ya se está logrando en México, mediante planes con los que estoy colaborando directamente. También hay que asegurar inversiones suficientes en las nuevas tecnologías, las más prometedoras, como energía solar, geotérmica o biocombustibles de nueva generación. Varias de estas tecnologías aún son muy caras, pero ya tenemos que subirnos a ese tren, no debemos quedarnos atrás. Todo dentro de una perspectiva optimista, pensando que pronto llegaremos a un acuerdo internacional mediante el cual se estipule un protocolo de transferencia de recursos de los países desarrollados a los países que no han contaminado el planeta. Por una cuestión de equidad.
Estados Unidos ahora apuesta por el “carbón limpio”, que aún es muy controvertido.
¿Usted lo incluiría dentro de un paquete de soluciones para América Latina?
Sí, pero con limitaciones. Dada la abundancia del carbón, la única manera de seguir usándolo a gran escala sin dañar el medio ambiente es con el método de captura y almacenamiento del bióxido de carbono. Aunque todavía no hay proyectos que demuestren su funcionamiento a gran escala, hay estudios que indican que existe suficiente espacio en domos subterráneos para almacenar grandes cantidades de bióxido de carbono. Esto implicaría desde luego un aumento en el costo del carbón, por ejemplo de 50 a 100 dólares por tonelada, y aún así representaría un pequeño porcentaje del producto interno bruto global, es decir, sigue siendo una ganga para la sociedad. Pero es importante resaltar que esta tecnología es sólo una entre muchas disponibles con las que se debe enfrentar el cambio climático.
¿Tendría que incluirse la energía nuclear en este portafolio energético latinoamericano?
Desde luego hay una gran controversia respecto a la energía nuclear. Primero por su alto costo, el cual es relativo porque una planta nuclear dura muchos años, así que en el balance integral no resulta tan cara. Por lo demás, existe una tendencia de que las plantas nucleares sean cada vez más pequeñas. Pero hay que ingeniárselas para enfrentar los problemas de almacenamiento de productos radiactivos, aunque se trate de una cantidad relativamente pequeña. El objetivo es tener planes y acuerdos internacionales para producir plantas nucleares de tercera y cuarta generación. Es importante que los países con recursos, como Estados Unidos, inviertan en este tipo de plantas para que, si funcionan bien, sean una opción que podamos usar en América Latina.
Para muchas de estas acciones se requerirá, como usted lo ha señalado muchas veces, de un acuerdo internacional. Usted es muy cercano al presidente Obama.
¿Cree que su llegada al poder beneficiará a América Latina en sus políticas de protección al medio ambiente?
Sí, creo que con el liderazgo del presidente Obama es más probable que haya un acuerdo internacional que permita la transferencia de recursos de países desarrollados. Por lo pronto, en el caso de México, dada su cercanía y que ya tenemos diseñados tratados ambientales con Estados Unidos, posiblemente logremos establecer un mercado interno de carbono por encima del que idealmente tengamos a nivel global.
La política de subsidios a los combustibles fósiles en México y otros países latinoamericanos parece desastrosa en cuanto a emisión de gases de efecto invernadero. ¿Está usted de acuerdo?
Es una situación delicada y políticamente difícil que debe cambiarse porque los subsidios estimulan el desperdicio de energía. En el caso de la gasolina, por ejemplo, los economistas han concluido que más de la mitad, quizá dos terceras partes de los más beneficiados por las políticas de subsidios son personas con recursos. Con la electricidad sucede lo mismo. Muchos de los subsidios están muy mal diseñados, porque tienen razones históricas o de grupos de poder. La clave es enfocarlos a las clases más necesitadas.
A pesar de todo esto, México y otros países latinoamericanos, como Venezuela siguen invirtiendo gran cantidad de recursos en extracción de petróleo. ¿No tendríamos que desligarnos ya del petróleo?
No todavía, porque el petróleo debe verse como una solución temporal para la demanda mundial de energía, una solución de transición que sin embargo no puede usarse indefinidamente. El mayor obstáculo para el cambio sigue siendo el bajo precio de los combustibles fósiles, dado que en la ecuación de su costo no se incluye aún el daño al medio ambiente. El cambio climático es un problema urgente, enorme: usamos los recursos naturales del planeta mucho más rápidamente de lo que se pueden regenerar, y funcionamos con mucha menor eficiencia de la que podríamos. Es tan importante fomentar la innovación tecnológica como la eficiencia de nuestros recursos. La mancuerna innovación y eficiencia es una de las claves para la solución del cambio climático.
Foto y colaboración de Alberto Torres
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