La decisión que tomó el Comité Ejecutivo Nacional del PRD de destituir a Miguel Barbosa Huerta como el coordinador del grupo parlamentario de ese partido en el Senado de la República, aunado a la renuncia de Juan Pablo Puebla a la coordinación de la fracción parlamentaria del sol azteca en el congreso local, ambos por haber manifestado abiertamente su respaldo a la aspiración presidencial de Andrés Manuel López Obrador, pone en evidencia una severa crisis no sólo en el perredismo nacional, sino en la izquierda misma.

Y no se trata del viejo debate de la congruencia política o del famoso ejercicio priísta de la cargada, por lo que debemos juzgar a los prolopezobradoristas, sino que su papel no es otro que el de emprender la mítica Quinta Columna al interior del PRD, que el dictador español Francisco Franco logró infiltrar en las filas republicanas.

Si bien, AMLO es el político de izquierda más posicionado a nivel nacional, lo cierto es que su partido Morena carece de estructura, de operadores, de gente de campo, que logre la movilización necesaria para el voto duro de la elección de julio de 2018.

En el año 2015, López Obrador lo buscó a través de la CNTE y el magisterio nacional, pero no fructificó su estrategia, ante la anquilosada actitud del profesorado disidente para participar en trabajos de orden político.

Por ello, cambió de táctica y decidió poner en marcha una acción troyana, la infiltración de desprendimiento desde las bases mismas de la izquierda. Si bien AMLO genera simpatías en todos los militantes de izquierda y tal vez tenga el voto garantizado de la mayoría de ellos, su interés es que el voto de la militancia del PRD sea para Morena y sus candidatos.

Para ello echó mano de los perredistas más resentidos o de aquellos que de plano ya pocas opciones veían en el PRD para garantizar su futuro político. El caso de Barbosa es por demás ejemplar para ilustrar aquella frase del refranero político, según la cual “ante la traición no hay defensa”. Lo mismo debe decirse de Fidel Calderón, quien a lo largo de su corta carrera política “independiente”, ha renegado no sólo de creador político, el exgobernador Leonel Godoy Rangel, sino ahora de su partido. Pero recordemos que fue justamente Silvano Aureoles y sus consejeros nacionales quien le garantizaron su diputación plurinominal.

Si bien al interior del PRD existen referentes y fundadores que ya no se sienten representados por un partido en constante crisis de identidad y que han optado por buscar opciones más vinculadas a su pensamiento de izquierda, y aquí podemos mencionar al propio Godoy Rangel, a Mario Enzástiga, Alejandro Encinas, y otros.

También hay que evidenciar el oportunismo político de los más ínfimos, de la chiquillada a quienes ya se les perdió la orientación ideológica o que de plano sólo les gusta vivir cerca del calor del erario público, y aquí debemos mencionar a Calderón Torreblanca y a Puebla Arévalo, y otros más, de quienes poco o nada se les recuerda en el ejercicio de la función pública.

Ellos son los zapadores, los cueveros, los que hacen los túneles para desfondar al partido que les ha dado hasta un nombre y un mínimo de presencia en la esfera pública.