La lealtad, el código de valores desaparecen en nuestra convivencia, lo que se muestra como valores es la diversión, consumo, placer.

No tienen estos valores los legisladores chapulines, que cambian de partido buscando asegurarse en la carrera por el poder.

El gran valore del alma mexicana: la derrama económica en la semana santa reducida a vacaciones.

Los valores culturales se utilizan para atraer turistas que consuman.

Los valores religiosos se muestran como un atractivo, se sacan de contexto, se vacían de su contenido trascendente.

Tenemos una visión intramundana de la vida, sin ventanas abiertas a la trascendencia.

El hombre vive sin Dios que es una persona ausente, sin influencia en la vida. Por eso su vida de fe está apagada, le falta la chispa, la gran luz que llena los días.

Ponte como un espectador que contempla el trajín humano desde el espacio exterior a la tierra: las multitudes fluyen como un rio a las playas, balnearios, centros turísticos. ¿Es un ataque de histeria, una fiebre, alguien los programó?

Haciendo un acercamiento con el gran lente, aparece lo que hacen más en detalle: se dedican a halagar a su cuerpo, el espíritu no aparece.

Lo bañan lo asolean, sacian su necesitad insaciable de comer, beber, satisfacer todos los instintos. Para eso se fatigan y ahorran y amontonan dinero.

Aparece sobre la superficie de la tierra una nueva especie en vez del homo sapiens, es un ser que no se distingue de las otras especies. No aparecen hombres que se eleven a las esperas del espíritu, capaces de pensamiento, afecto de amor, libertad con relación a sus tendencias instintivas y bajas pasiones.

No aparecen seres espirituales que se eleven hasta las alturas de Dios.

Los lentes ahora son muy sofisticados y alcanzan a detectar pequeñas minorías que tienen actividades diferentes.

Son pequeños grupos muy diferentes de los anteriores. Son muy tranquilos, se quedan en el lugar donde habitan, viven en otro ritmo.

Se concentran en grupos importantes en edificios grandes y altos de donde se levanta con un halo transparente, como nubecillas sutiles, apenas perceptibles. Hay un movimiento de elevación se pierde en el cielo.
Suben las oraciones por las necesidades, el canto, la alabanza. Suben, suben y se pierden en las alturas.

Estas multitudes se mueven tranquilas, suaves, sin prisa como campos azulados de avena y trigo.
Son personas sabias, que lucen sanas, sin muertes, frescos, contentos con su alimento frugal pero sano. Encuentran un reposo sencillo, transparente, lucen sanas y normales.

Encuentran la fuente secreta, refrescante de la felicidad, donde se acercan a beber gratuitamente, tienen una sonrisa franca, apacible. Tú no puedes encontrar esa fuente sino te es revelada de lo alto por una persona misteriosa, presente en todas partes, que a veces se aparece.

Apuestan por el mundo austero, con sacrificios, ir contra la corriente de los que saben vivir la vida en grande, según ellos. Valoran en lo que valen los bienes pasajeros del mundo y se vuelven hacia los bienes verdaderos, la verdadera realidad.

Otros le apuestan al dinero y bienes materiales, ellos le apuestan a Dios que se deja encontrar y derrama bondad y ternura a quienes lo buscan.

La entrada a las realidades de la fe es austera, no deslumbra, pero abre paisajes maravillosos, espacios insondables insospechados, llenos de sorpresas absolutamente imprevisibles, fantásticas. Estas experiencias no se compran con dinero y están vedadas a los que gastan su dinero tras de los placeres bajos, mundanos, fáciles, mezclados de exceso y pecados y que dejan fatiga, hastío y mucho gastos.

Hay que optar por una persona más grande que no falla, que es muy discreta en sus invitaciones, pero es espléndida en placer de pureza, frescura, profundidad que los vacacionistas de Semana Santa no entienden, porque la publicidad les ha cegado la mirada y el sentido para distinguir lo que les hace bien.

Basta con escuchar a Dios en el santuario interior, seguir su voz fina y tener confianza en sus promesas de bienes secretos.

También tiene sus agentes y empresas, son los hermanos en la comunidad. Ahí se distribuye gratuitamente la Palabra de lo alto y se aprende a encontrar a Dios en los signos y en el hermano.