“Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia”. Albert Einstein (1879 – 1955). Científico alemán de origen judío, nacionalizado suizo, austriaco y estadounidense.

La semana próxima será crucial para todo México, pero Michoacán lleva su dosis adicional que obliga a por lo menos cruzar los dedos, mandar buena vibra o encender veladoras.

Por un lado y muy grave para el país, que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump haga efectiva su amenaza, como parece ser que será, de aplicar aranceles del 5 por ciento a todas las importaciones desde México, para obligar a que se haga un esfuerzo decidido por contener la migración ilegal y el tráfico de drogas.

Y es que pese a los argumentos mexicanos y de varios legisladores demócratas y algunos republicanos del país vecino del norte, respecto a que semejante decisión también los impactará negativamente a ellos, todo indica que son argumentos que tienen sin cuidado al mandatario federal norteamericano, que está más preocupado por su reelección e incluso, por ser el centro de atención de todos, a como dé lugar.

Aplicar aranceles del 5 por ciento a los productos mexicanos a partir del próximo lunes 10 de junio, será ya un golpe extraordinariamente duro, si consideramos que las exportaciones de México a los Estados Unidos de Norteamérica superaron el año pasado los 328 mil millones de dólares.

En el caso de Michoacán, el impacto inicial sería de 37 mil millones de pesos anuales si el impuesto se queda en un 5 por ciento, como informó el secretario de Economía estatal, Jesús Melgoza Velázquez, de tal manera que si el arancel incrementa al 25 por ciento para octubre, el golpe será de proporciones  que difícilmente se pueden calcular a plenitud en este momento, cuando en esta hermosa entidad del occidente mexicano, se vive en buena dimensión de la producción agrícola que se exporta y como ejemplo podemos destacar el aguacate.

Así que en medio del pesimismo que invade por lo que evidentemente será un hecho el próximo lunes, hay que prender veladoras para que las negociaciones que ya realiza el gobierno mexicano sean lo suficientemente buenas para convencerlos y de menos evitar que ese 5 por ciento crezca al ritmo que amenazó Donald Trump, porque de no contenerlo, el encarecimiento de productos y la depreciación del peso frente al dólar, podrían convertirse en una terrible constante del futuro inmediato.

Lamentablemente en medio de semejante circunstancia, el mandatario nacional, Andrés Manuel López Obrador, tiró por la borda una muy buena oportunidad para buscar el diálogo con el que presume que resolverá el conflicto, al negarse a asistir a la reunión del G20 que se desarrollará en Japón y donde confirmó su presencia el mandatario gringo. Conste que se trata de un Foro Internacional que tiene como finalidad la cooperación económica, financiera y política entre los países que lo integran. Inmejorable oportunidad, para que independientemente de cómo estén las cosas, López tuviera una oportunidad de dialogar con Trump. Pero no.

En fin, no resta más que esperar que los negociadores sean lo suficientemente sensatos para evitar una guerra comercial que está claro no le beneficia a nadie. Por supuesto, México deberá ser muy contundente en el compromiso que haga, claro y medible, para satisfacer en alguna medida las peticiones que ha hecho Donald Trump.

Adicional a semejante situación que enfrenta el país y que tendría su impacto especial en Michoacán, la próxima semana llegará también el quince de junio, fecha límite en la que el gobernador Silvano Aureoles Conejo y su secretario de Finanzas, Carlos Maldonado Mendoza, han enfatizado que no hay dinero suficiente para pagar la nómina magisterial, por lo que la esperanza se mantiene con alfileres, de que López Obrador cumpla su promesa de federalizar la nómina, la próxima semana.

Se antoja imposible, así que llegó el tiempo de las definiciones para la administración que encabeza Aureoles Conejo, que tendrá que aplicar un reajuste al presupuesto del presente ejercicio fiscal, acelerar la venta de activos para obtener algo de recursos, aunque seguramente insuficientes; y claro, sigue vigente el fantasma de pedir otro préstamo que le permita lograr alguna liquidez a un estado que “técnicamente está en quiebra”.

Veremos si Silvano Aureoles decide reajustar por sí solo el presupuesto, como ya anticipó o acude a resolverlo al Congreso del estado. Veremos si López Obrador de verdad quiere ayudar a Michoacán y ya superó sus diferencias con Aureoles Conejo y entonces se lleva por lo menos una primera parte de la nómina magisterial u opta por manejar sus tiempos, tomarse las cosas con calma y poner contra las cuerdas a una de por sí maltrecha liquidez financiera estatal.

La próxima semana indudablemente será de definiciones y perdón por el pesimismo o la abrumadora realidad, pero las expectativas en ambos casos, distan mucho de ser favorables. Así que una vez más, anhelo estar totalmente equivocado.

Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.

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