Estamos en un incendio que lo arrasa todo y dormimos y no reaccionamos. Urge despertar y actuar mientras es tiempo.

Acontecimientos extremadamente raros estamos viviendo, en un mundo kafkiano, surrealista tal vez, sin lógica sana, sin sentido lógico, de lo absurdo.

El gobierno, las grandes empresas han perdido la razón, no seguían por una lógica sana, la filosofía, la Revelación de Dios. Todo se vuelve elástico, movedizo, líquido, al servicio del egoísmo y los caprichos de quienes ejercen el poder, es el relativismo y no los principios inmutables.

Se ha perdido el sentido de Dios, que puso las bases del universo y le fijó sus leyes. Hay muchos usurpadores de Dios y quieren reordenar el universo en su necedad, ignorancia, cerrazón, soberbia satánica pretenden establecer nuevos fundamentos del orbe, arreglar todo con su palabra, Todo se vuelve veleidoso, inestable, el gobierno y la sociedad van a la deriva y causan accidentes y muerte.

Muchos aportamos una lucecita para salir de los errores, fantasías, necedades y volver a la realidad de un mundo de orden, sin la corrupción y la enajenación autoritaria, del sueño megalómano de alguien que se busca a sí mismo, que para decir “yo” dice los pobres. Que pone el bien de México como telón de sus verdaderas intenciones egoístas y autócratas de mitómano.

Un adolescente, muy valioso, precoz y reflexivo me entregó esta fábula para compartirla con ustedes.

“A un pueblo humilde, tranquilo, de gentes muy sabias llegó una raza de extra terrestres.

Eran antropoides que afirmaban que sólo tenían cualidades. Tenían una rara enfermedad: en los hombres del pasado, y en todos los seres vivos que no eran de su horda sólo veían defectos.

Su mal iba más lejos porque no se creían criaturas sino dioses, porque sólo Dios es perfecto, o demonios porque eran muy malos.

En la misma línea iban sus promesas: todo lo pasado era vano, no servía para nada, estaba malhecho, ellos harían una tierra nueva y un cielo nuevo.

La sorpresa hizo que la gente del pueblo se creyera, estuviera maravillada, unos cuantos querían hacerse extra terrestres.

El desencanto no tardó porque pronto los habitantes originarios empezaron a descubrir que eran pobres criaturas, un poco raras.

No cumplían sus promesas y sus obras eran tan torpes como las de lo pasado, ciegas y destructoras. Empezaron a destruir los logros que el pueblo había conseguido por décadas y siglos.

Descubrieron el engaño, se lo gritaron a los invasores y los mandaron que se fueran por donde vinieron. Apenas lograron salvarse de la catástrofe.

Tardaron siglos en rehacer sus bienes seculares que aquella especie de creídos instruido otros habían destruido.

Hay otro personaje sublime, majestuoso, que tiene el poder de crear mundos nuevos, es Dios. Este es histórico. El Hijo de Dios tomó la condición humana y se hizo hombre, era de una humildad ejemplar y traía el sueño de transformar la condición humana, de librarla de la mentira, la polarización y las bajas pasiones. Amó tanto a los hombres que desafió a las autoridades corruptas y ventajosas de su pueblo. Se despojó de dinero, grandezas y bienes que buscan los hombres y entregó su vida. Aceptó todos los tormentos y la muerte de cruz,

Todos los años renueva su venida a los pobres y a todos los que no engañan a los humildes ni se sirven de ellos. Él es el centro de la fiesta de la navidad, desde donde desborda amor, pureza, paz.

Su Palabra eterna que sigue resonando por milenios invita: “velen… Estén preparados porque a la hora que menos piensen vendrá el Hijo del hombre.”