Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Las candidaturas independientes, basadas en promesas de democracia participativa y relaciones apartidistas, no lograron convencer al electorado y fracasaron tras la elección del 1 de julio.

A nivel estatal, sólo 2 de 40 aspirantes independientes tuvieron éxito electoral, y la suma de los votos de todos los aspirantes independientes a alcaldías en distintos municipios de Michoacán llega al 1.95%.

En tanto, Félix Madrigal, Yankel Benítez, José Luis Gil y Clovis Remusat, todos cercanos al edil Alfonso Martínez y quienes compitieron por una diputación, terminaron afectados por las numerosas irregularidades de la administración municipal expuestas en este medio y replicadas por la prensa de todo el estado. Los mencionados obtuvieron alrededor de 10%, 12%, 9% y 8%, respectivamente, frente al 22.54% del edil Alfonso Martínez. Pese a que los rivales políticos del edil aseguran que la sustantiva diferencia entre Martínez Alcázar y los demás independientes conforman una operación política en favor del edil, lo cierto es que ninguno tuvo éxito electoral.

Tres analistas locales consultados por este medio coinciden en que el gobierno municipal encabezado por Martínez no puede considerarse un ejercicio verdadero de democracia participativa o independiente. Todos indican que el edil de Morelia gobernó con los mismos vicios de las administraciones identificadas con algún partido político. Peor aún: el mayor legado del periodo de Alfonso Martínez es el desencanto entre la ciudadanía respecto de la figura de las candidaturas independientes.

PROMESAS DE CAMPAÑA
“Alfonso Martínez abanderó la ciudadanización de la política, pero se convirtió en otro coto de poder”, asegura el comunicólogo, periodista y analista político Alejandro Báez. “No hay manera de que la democracia mexicana esté madura para un ejercicio de una democracia participativa; eso se puede dar en comunidades muy pequeñas, casi marginadas, como Cherán.

“Sin embargo, el hecho de que en ciudades grandes sea difícil generar democracia participativa no exculpa a Alfonso Martínez por dos razones: una es que si se promete un gobierno basado en la democracia participativa, es un deber tener los cauces y mecanismos para ejercerlo efectivamente; el otro es que la democracia participativa sí es viable a través de una alternativa riesgosa desde lo político, que es que el gabinete se conforme por gente de reconocimiento civil y social en probidad, conocimientos y capacidad. El hecho es que Alfonso Martínez mintió al utilizar una promesa de ese tipo como bandera”.

El Premio Estatal de Periodismo, politólogo y columnista Leopoldo González coincide con esa visión.

Alfonso Martínez no es un candidato ciudadano ni ejemplifica un esfuerzo de democracia participativa, por al menos dos razones. La primera es que Martínez no fue un candidato lejano a la partidocracia, sino un candidato que se hizo independiente después de ser un tránsfuga del panismo moreliano, y traía la marca ideológica, la actitud política y el esquema estratégico de Acción Nacional.

“La segunda razón es que cuando llega a la presidencia municipal no encabeza un gabinete ni un gobierno ciudadano. En realidad encabezó el interés de una cúpula empresarial en Michoacán, no una expresión de los intereses, la visión y la sensibilidad de la ciudadanía”.

El periodista y columnista Giancarlo Santano indica que en un inicio el gobierno independiente de Alfonso Martínez sí fue un genuino intento de democracia participativa, pero dejó de ser tal a poco tiempo de iniciada la administración.

“Alfonso hizo la primera campaña local promoviendo la democracia participativa en el municipio. Pero el gobierno supuestamente independiente cerró las puertas de palacio de gobierno y dejó de escuchar a la población que lo encumbró. Se desoyeron propuestas de la sociedad civil en cuanto a la preservación del Centro Histórico, el saneamiento de los ríos, tala de árboles o promoción del arte y la cultura locales. La línea que siguió el gobierno municipal fue casi la misma que en gobiernos anteriores: cerrar las opiniones y los beneficios a una cúpula cercana a la administración”.

El periodista coincide en que, a la hora del balance, el gobierno de Alfonso Martínez no califica como democracia participativa.

“El gobierno de Alfonso Martínez en realidad nunca realizó acciones para escuchar o promover la formación de colectivos de la sociedad civil que pudieran incidir en la conformación de proyectos en materia ambiental, cultural, empresarial, turística o de diseño urbano del municipio. Las decisiones y las políticas públicas no fueron consultadas, o se ignoró sistemáticamente a especialistas que promovieron en varias ocasiones alternativas con mejoras ecológicas y urbanas”.

CONSECUENCIAS NEGATIVAS
El fracaso electoral y, según los expertos consultados, también administrativo del gobierno de Alfonso Martínez dejó un legado político negativo a Morelia: el desencanto de los ciudadanos con conceptos como gobierno independiente o democracia participativa.

“Las candidaturas independientes que invocaron la democracia participativa terminaron como un fiasco”, asegura Leopoldo González. “Casi ninguna de las experiencias de gobiernos autodenominados ciudadanos cumplió las expectativas de la ciudadanía; en consecuencia, hoy los candidatos independientes no convencen más que los partidos políticos ni que los sucesivos gobiernos de distintos colores. Hoy se debe reconfigurar jurídica e ideológicamente el concepto de candidaturas ciudadanas”.

Por su parte, Alejandro Báez considera que la supuesta independencia de Alfonso Martínez fue sólo una promesa de campaña que quedó en el tintero.

“La primera afectación del gobierno de Alfonso Martínez afecta la credibilidad de los ciudadanos. Los políticos prometen cuando son candidatos y construyen edificios monumentales basados en promesas que no están dispuestos a cumplir, porque son sólo una plataforma para ganar votos. Alfonso Martínez generó expectativas porque, a pesar de renunciar a Acción Nacional por sus querellas con Marko Cortés, enarboló la bandera de un candidato independiente y ciudadano, y eso hizo que la gente creyera que al no estar en una estructura político partidista sería más cercano a la ciudadanía o al menos abriría ciertos canales de comunicación. Nada de eso ocurrió”.

En tanto, afirma Santano, la decepción que generó el gobierno de Alfonso Martínez hace que una verdadera democracia participativa sea una tarea pendiente en Morelia.

“El hecho de que Alfonso Martínez haya hecho una campaña de promoción para la democracia participativa como estrategia para llegar al poder y después la haya tirado al basurero significó una decepción real ante la posibilidad de que la ciudadanía pudiera participar con su gobierno.

“Es real un ánimo social por participar cada vez más activamente en la política tanto local como nacional, y se puede constatar en la participación ciudadana y el sentido del voto en las pasadas elecciones. En ese sentido, el voto ‘antisistema’ que llevó a Morena al poder local y nacional puede leerse como la necesidad de optar por una opción que privilegie a la ciudadanía antes de las cúpulas sistémicas tradicionales. Hay un recelo evidente de la sociedad a que sus gobiernos les permitan participar, debido a que ni siquiera escuchan”.
Hechos que ya son de dominio público dan la razón a los analistas. El contrapeso ciudadano nominal que tenía el ayuntamiento, el Consejo de la Ciudad de Morelia, fue cooptado por el propio edil a través de una reforma en los reglamentos de operación, y en la práctica transformó al alcalde en activista político más que en un gobernante, según en su momento indicaron a este medio varios integrantes del organismo.

Martínez deberá entregar en septiembre la administración municipal al morenista Raúl Morón.

DATOS
84 mil 153 votos obtuvo Raúl Morón
76 mil 750 votos obtuvo Alfonso Martínez

AC