Actualmente, surgen un sinfín de conflictos en el ámbito económico y comercial que provocan disputas sobre el traslado, compra y venta de mercancías que, sin lugar a dudas, generan controversia en un mundo cada vez más globalizado y cuyas relaciones de complementariedad entre las naciones tiene origen en la opción de producir bienes y servicios para intercambiarlos y proceder así a satisfacer necesidades que por cuestiones naturales no se pueden lograr de manera independiente.

Es aquí en donde entran los aranceles, tema polémico en la negociación de los tratados internacionales.

Sin embargo, apuesto a que muchos de ustedes se preguntarán ¿qué es un arancel? Comencemos por conocer su definición y recorrer un poco de su historia. Se denomina arancel a un tipo de impuesto establecido en el intercambio de mercancías, en específico entre diferentes naciones, con la finalidad de proteger la industria local y mantener una balanza comercial favorable.

Su primera aplicación se dio en España, en el siglo XVIII, y desde épocas preindustriales se ha criticado su uso, ya que su esencia radica en un impuesto que, después de ser determinado por el receptor, se les cobrará a las importaciones del proveedor, de manera que la balanza comercial encuentre un punto de equilibrio, es decir, que no se afecte la producción local ni la extranjera.

Al tener dicho poder, este concepto puede provocar cambios dramáticos en las relaciones del ente que recibe y quien proporciona algún producto, e incluso hay terceros que se ven involucrados, por lo que ya no se habla sólo de un efecto de corto alcance, sino de uno que tiene la capacidad de extenderse hasta afectar las relaciones internacionales entre diversos países, e incluso entre bloques de naciones. Entonces, hago la siguiente pregunta: ¿realmente los aranceles nos aportan algún beneficio?

Lo cierto es que los beneficios o desventajas son variados, según el punto de vista que se tome. Por ejemplo, la importación promueve la competencia comercial y, con ésta, la calidad de los bienes; por otro lado, se tiene la obligación de defender los productos nacionales y es cuando se crea o eleva un arancel, y es ahí donde se origina el conflicto, debido a que ese impuesto será reflejado en el aumento del costo de venta, afectando directamente a los consumidores.

Sin embargo, no en todas las negociaciones se logra este tipo de resultado; en su lugar se crea un tipo de revancha comercial. Los tratados comerciales están fuertemente ligados a los aranceles, y éstos, a la vez, hacen que los integrantes sean dependientes mutuamente, por lo que el aumento o disminución en su cuota hace que la fluidez en la compra y venta del producto gravado se vea afectada.

Seguramente continúa en nuestra cabeza la pregunta realizada: ¿nos aporta un beneficio? Y la respuesta, como un economista diría: “Todo depende en función de…”. Si lo que se busca es fortalecer la producción nacional y elevar su competitividad frente a otros productos extranjeros, los aranceles enfocados en sectores estratégicos son una forma de lograr ese objetivo.

No obstante, si tenemos ventajas comparativas con otros países donde las mercancías son similares y van a la par en términos de calidad y precio, un arancel se convierte en una barrera comercial que perjudicará en el corto y mediano plazos a las industrias ya competitivas en un país, cediendo el terreno de mercado a productos foráneos.

Por ello se vuelve indispensable la creación y planificación de políticas comerciales basadas en lograr el beneficio de un país para sus consumidores y productores; recordemos que la mejor manera de tener crecimiento y desarrollo económico es a través de la potenciación y optimización de los tres elementos clave de toda producción a nivel mundial: el trabajo, la tierra y el capital.

La razón de ser de los aranceles es un punto esencial para la producción y distribución; el apoyo a este instrumento es indispensable, siempre y cuando sea con fines de fortalecimiento y de competencia, siempre buscando esa opción de ganar-ganar, aunque en comercio este escenario es una utopía debido a la complejidad de factores que pueden influir.

Para más información al respecto, les hago la invitación a visitar la Secretaría de Desarrollo Económico de Michoacán y consultar con nuestros expertos en materia comercial sobre éste y otros temas económicos.

ZM