Enfrentarse al reto que implica ser el líder y dirigir una empresa no es tarea sencilla; confluyen muchos temas en el arte de la dirección.

Dedicaré esta entrega para reflexionar sobre aquellas características que debe tener la cabeza de un negocio, aquel en cuyos hombros se encuentra el destino de una empresa, sin importar si ésta es pequeña, mediana o una transnacional.

Dirigir es un arte: equilibrar un negocio para que genere utilidades, mantenerlo a flote, llevarlo a la transformación tecnológica que requiera, encontrar trabajadores calificados y a la vez leales, reducir costos y aumentar márgenes de rentabilidad y, al mismo tiempo que mantener una vida fuera del trabajo, requiere de mucho empeño.

Hay herramientas y rasgos de la personalidad de un líder que los ayudan a enfrentar los desafíos. Es prioritario contar con competencias que nos ayuden a cumplir con las expectativas, tanto las internas como las externas, por ejemplo:
Definir el propósito. Lo primero que debemos hacer como líderes de nuestra empresa es definir el propósito de la misma, saber hacia dónde estamos enfocados, tener certeza de la meta y cómo llegaremos a ella, es decir, definir un plan. Rodearse de un equipo que aporte ideas y tener siempre presente la misión, visión y valores nos ayudan a no olvidar nuestro propósito.

Mantenerse vigente. Estar a la vanguardia y cultivar la capacidad de innovación es indispensable para el directivo de cualquier negocio. En este punto es necesaria una férrea voluntad para aprender cosas nuevas. La mejor forma de seguir vigente es continuar aprendiendo, abrir la puerta a nuevas maneras de hacer las cosas, un idioma o un deporte, algo que no esté relacionado con el negocio. Se trata de generar apertura de mente, que siempre trae beneficios.

Capacidad de solución. Adelantarse a posibles situaciones de conflicto, ver soluciones donde otros ven problemas y tener la capacidad para resolver sin buscar culpables, es una de las características más importantes para el éxito de un líder.

Capacidad para delegar. Actualmente existe un cambio constante en la dinámica de trabajo, cada vez se requieren más habilidades de pensamiento crítico y procesos de capacitación constante. Delegar es ya una forma de motivación. Los colaboradores de hoy día no ven esto como una carga sino como un reto, pero depende del líder usar esta herramienta en beneficio de la compañía.

Poder de reflexión y autodiagnóstico. Estar en constante evaluación como directivo es clave en el crecimiento de una empresa. Lo que no se mide no se puede mejorar. Además, debe identificar sus fortalezas y sus áreas de desarrollo, conocer sus capacidades y limitaciones, para entonces establecer un plan donde se desplieguen sus fortalezas y se rompan esquemas y reticencias.

Ten en cuenta que el amor y empeño que le brindas a tu empresa es lo que se refleja al exterior.

Lo más importante: tener una mirada objetiva para evitar creer que se es un líder perfecto y sin más por aprender o martirizarse y no reconocer los logros.

Jesús Melgoza Velázquez
Secretario de Desarrollo Económico de Michoacán
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