lucero pacheco

Quiere reinventar la democracia, pero no sale del espejo. Quiere administrar la riqueza, pero se acabó los ahorros. Quiere ser el mejor presidente de país, pero no sale de la jaula del chango, y política supone para él un pacto con la mentira. Sí, me refiero a YSQ (Ya Saben Quién), un término que hoy se utiliza en redes sociales para referirse al presidente.

Lo trágico, dice el filósofo inglés Simon Critchley, “exige de nosotros cierta complicidad”; salir de ella corresponderá a la ciudadanía. Estamos viviendo una acumulación de lo imposible; cosas que jamás pensaríamos que pasarían y ahora se están convirtiendo en pesadillas.

Llevamos casi un año en recesión y desde el gobierno federal se insiste en utilizar las “tijeras presupuestales”, recortar, despedir, paralizar la administración, sin conceder a un cambio de estrategia. Pareciera que el objetivo es agudizar la pobreza, y esa es la verdadera tragedia.

No sabemos si el gobierno ha calculado el impacto que tendrá su política de austeridad y, en esa urgencia, los gobernadores de la Alianza Federalista han buscado, por todas las vías, proponer una ruta distinta para que los estados puedan sobrevivir a la crisis mundial.

La política de austeridad, según hemos visto durante lo que va del gobierno de Morena, ha llegado al extremo de reducir servicios básicos como los baños y las tomas de corriente de electricidad, y hasta reducir equipos de cómputo, por poner ejemplos.

La epidemia que enfrentamos ha sido un duro golpe para nuestro estado, para el país y para el mundo entero. Hoy el escenario es adverso para todos los estados. Ayer, en un mensaje dirigido a los michoacanos, el gobernador manifestó que “en reiteradas ocasiones he solicitado al gobierno federal que se entreguen los recursos necesarios a los que tienen derecho las michoacanas y michoacanos, los que nos corresponden, ni más ni menos”.

Entonces, ¿por qué el presidente no ve esta urgencia? ¿En quiebra el gobierno? No, es falta de liquidez y no querer soltar los proyectos prioritarios del presidente, y querer sacar el dinero hasta debajo de las piedras, hasta apropiándose del dinero de diversos fideicomisos.

Ahora ya sabemos que la consulta popular para enjuiciar a los expresidentes va a costarnos unos 8 mil millones de pesos. La tragedia es ese gasto innecesario; la justicia no se consulta; si hay delito que perseguir, la ley se aplica y punto.

¡8 mil millones de pesos!… para eso sí hay dinero, para los caprichos presidenciales, pero no para ayudar a los estados, no para los medicamentos de los niños con cáncer, no para hacer frente a la crisis en salud, no para promover la inversión.

Tienen la oportunidad de hacer historia y viven de sus venganzas personales.

La austeridad se convertirá en “austericidio” para el gobierno del cambio. Al tiempo.