En el ancho continente de la literatura mexicana, es recurrente incluir como península, acaso inicial, las obras de los cronistas (de «crónica» como relación o narración ordenada de acontecimientos históricos) que dan cuenta de la conquista hispana sobre los pueblos originarios, entre las cuales sobresale la «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España» (publicada hasta el siglo XVII) de la autoría de Bernal Díaz del Castillo, nacido en Medina del Campo, en lo que hoy es Valladolid, España, a finales del siglo XV.

La «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España» regularmente se ha presentado, no sin razón, como una crónica con mayor grado de certeza y sinceridad que crónicas de otros autores, como las «Cartas de Relación» de Hernán Cortés, más sinuosa.
En su «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España» Bernal Díaz del Castillo, sin dejar de asumir una visión de los vencedores, trasluce una versión de la conquista y sus actores un tanto más fiel, menos egoísta y parcial, que aquella presentada por el mismo Hernán Cortés en sus «Cartas de Relación» pues Cortés se inclinó subrayadamente a presentarse y presentar a la conquista con todas las virtudes y frutos posibles ante los ojos de la corona hispana.

Por eso es que ahora, en México y fuera del país, si solo se toman en cuenta esas dos crónicas (la de Bernal y la de Hernán) es la «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España» la que goza de mayor prestigio.

Pero eso no significa que Hernán Cortés carezca de afectos, incluso ahora, pues hay quienes lo presentan como un auténtico padre fundador de México y, en buena parte, de la población mestiza (recuérdense a sus hijos mestizos, que no fueron los primeros en la historia) hoy en día mayoritaria; así como se le victimiza, al evidenciar la persecución de la que fue objeto por la corona española que no aceptaba su imagen de conquistador que rivalizaba con el poder imperial y en lo cual en alguna parte es justificada la acusada persecución.

No hace mucho, Christian Duverger, el conocido antropólogo e historiador francés y experto en historia de los pueblos mesoamericanos, publicó en 2013 una obra titulada «Crónica de la eternidad. ¿Quien escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España?»
La obra «Crónica de la eternidad» tan luego fue publicada y presentada por su autor ante diferentes auditorios, incluido el mexicano, lo menos que causó y sigue causando es perplejidad y asombro, porque Duverger asume la hipótesis sencilla, pero sugestiva de que fue Hernán Cortés quien escribió realmente la «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España» pero que él se la entregó a Bernal Díaz del Castillo para que la publicara a su nombre, porque Cortés tenía prohibido publicar sobre el tema.

Con ello, Duverger entrega a la memoria de Hernán Cortés, una de las guirnaldas fundacionales de la literatura mexicana y manda a Bernal Díaz del Castillo a la tierra de los proscritos, con el único título de testaferro literario.

¿Por qué Christian Duverger aventura esa hipótesis de paternidad literaria favorable a Cortés?

A mi entender, no se trata solo de que Duverger sea un escritor interesado por años en Hernán Cortés (Duverger, por ejemplo, escribió una biografía del conquistador a la que tituló «Hernán Cortés. Más allá de la leyenda») sino que juzga que ha encontrado «razones» que al menos provocan la duda sobre la paternidad de la obra «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España» y que es más bien de Cortés.

Duverger sostiene como «razones» capitales para negar a Bernal la autoría de la «Historia verdadera…» la insuficiencia de pruebas que acrediten que sabía leer y escribir y que poseyera una muy buena cultura, la cual era necesaria para escribir la obra, con estilo y con referencias a personajes y eventos de la literatura europea que no estaban al alcance de personas vulgares, o bien, señala inconsistencias de datos temporales y situacionales sobre la obra.

Sin embargo, frente a esas «razones» otros autores han levantado la pluma y la voz (Turner Rodríguez, Pascual Soto, entre otros) para defender la paternidad de Bernal Díaz del Castillo sobre su obra, al afirmar que más del 80% de los soldados que acompañaron a Cortés en la conquista -entre ellos Bernal Díaz del Castillo, quien ya había participado en las expediciones de Fernández de Córdova y Grijalva- sabían leer y escribir, que era de conocimiento común la referencia a autores y eventos de la historia europea, que el estilo de Bernal era moderado, y que las acusadas «inconsistencias» que señala Duverger, no estaban justificadas y sí contradichas con otros datos.

Incluso, para mayor refutación, los partidarios de Bernal han esbozado una pregunta muy sensible: si es cierto, como afirma Duverger, que Hernán Cortés fue quien escribió la «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España» ¿Por qué en la «Historia verdadera…» se imputa a Cortés el hurto de bienes que pertenecían a la corona? ¿Cortés se acusaba a sí mismo?

Aunque las razones de Duverger inquietan a primera vista, no se pueden asumir como suficientes para demostrar y convencer que Bernal Díaz del Castillo no fuera el autor de la «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España». Bernal, estimo, debe seguir conservando la autoría de la obra, a 500 años en redondo de la conquista y que como hecho trascendente de nuestra vida social nos importa.

Una de las enseñanzas que al final aporta la obra de Duverger y el debate consecuente, es que la historia, en muy buena medida, es investigación, acudir a fuentes, acopiar, registrar e interpretar con fines de convencer sobre el ayer y formar consensos.

La historia es pues, en suma, un juego de imágenes sobre el pasado, pero que no se queda en el pasado, sino que nos hace ser y proyectarnos al futuro, como hoy ocurre con muchos fenómenos de nuestra vida social. Hoy y aquí, continúa el juego de imágenes.