Mi amigo Antonio García Ahumada me invitó a asistir al mitin de Valentín Campa en la plaza Melchor Ocampo de Morelia. El candidato del Partido Comunista Mexicano (PCM) a la Presidencia de la República contendía sin registro, pero era la única oposición. El Partido Acción Nacional no presentó candidato por los problemas internos que traía.

Ni Antonio ni yo podíamos votar, aún no teníamos la edad requerida, pero percibíamos que no había democracia en el país y que las elecciones eran un mero trámite para darle un barniz de legitimidad al régimen.

El único candidato registrado era José López Portillo, fue postulado por el Partido Revolucionario Institucional, el Partido Popular Socialista y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. El aspirante oficial pasó por Morelia en enero de ese año, no fue bien recibido, no pudo entrar al Colegio de San Nicolás, como sí lo había hecho Luis Echeverría seis años antes. López Portillo enfrentó la oposición de los estudiantes; sus actos en la capital michoacana fueron accidentados; de las inconformidades hubo un silencio casi total en los medios de comunicación.

Pero fuimos al mitin de Valentín Campa aquella tarde de mayo de 1976, nos llamaba la atención su historia: líder de los ferrocarrileros, encarcelado junto con Demetrio Vallejo por haber encabezado el movimiento de los trabajadores en 1959, pasó once años en la cárcel; salió de Lecumberri en 1970 y allí estaba, como candidato a la Presidencia; de un modo testimonial, los votos que obtuviera se iban a perder. Aparentemente su campaña terminaría en la nada.

Se hizo de noche, junto al monumento al ideólogo de la Reforma, Campa dijo que en México había que dar la lucha por las libertades democráticas, que los sindicatos deberían dejar de ser utilizados con fines electorales, que debería respetarse el voto. No dejó de aludir “al imperialismo yanqui y a la burguesía en el poder”, pero el centro de su discurso iba en el sentido de lograr la democracia en México.

López Portillo fue presidente en unas elecciones totalmente predecibles; dijo que si sólo su mamá hubiera votado por él, habría ganado de todos modos. Ya siendo Presidente, el 4 de febrero de 1977 dialogó con los dirigentes del PCM, les garantizó que su gobierno no los perseguiría. Otro sector de la izquierda se había radicalizado y optado por la guerrilla.

Ante la paulatina pérdida de credibilidad del sistema, el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, convocó a foros y consultas para una reforma política.

El PCM se decidió por la democracia y la legalidad; Campa fue candidato testimonial porque creía, junto con Arnoldo Martínez Verdugo, que ese era el camino.

El Partido Comunista obtuvo su registro y contendió en las elecciones intermedias de 1979. Valentín Campa llegó a la Cámara de Diputados. Poco después, el PCM se unió con otros grupos de izquierda y se quitó la marca, se transformó en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM); funcionó así de 1981 a 1987, dejando atrás el objetivo de hacer una revolución y de instaurar la dictadura del proletariado.

Heberto Castillo, otro destacado personaje de la izquierda, propició que se acercaran las posiciones del Partido Mexicano de los Trabajadores, que él encabezaba, con las del PSUM, por lo que nació el Partido Mexicano Socialista (PMS); del logotipo se borraron la hoz y el martillo y se puso por delante la palabra Mexicano.

En 1988, el PMS postuló a Castillo como su candidato a la Presidencia de la República, pero ante el gran empuje cívico de ese año, terminó declinando a favor del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Después de las elecciones, los partidos que formaron el Frente Democrático Nacional cambiaron su rumbo; se habló entonces de constituir “el partido que nació el 6 de julio” en alusión a la rebelión que se manifestó en las urnas.

Se iniciaron los trabajos para organizar la nueva agrupación política; las trabas puestas por la Comisión Federal Electoral, dependiente de la Secretaría de Gobernación, amenazaron su nacimiento. El PMS cedió entonces su registro para dar origen al Partido de la Revolución Democrática el 5 de mayo de 1989. Allí estaba Valentín Campa.

El viejo luchador comunista, trabajador petrolero, fundador de la Confederación de Trabajadores del México, líder ferrocarrilero, preso político, candidato sin registro a la Presidencia de la República y uno de los fundadores del PRD, recibió ayer un merecido homenaje post mortem al ser trasladados sus restos a la Rotonda de las Personas Ilustres. El mismo reconocimiento se le rendirá a Arnoldo Martínez Verdugo.