El poder de Dios resucita a Cristo y lo exalta a la derecha del Padre. Cristo envía al Espíritu Santo para llevar con él a sus discípulos.

En tu vida. Lupita leyó el pasaje de la Asunción más allá de las nubes se quedó pensando si Cristo está muy lejos.

Le pregunto a Juan que tampoco entendía, se quedaron confusos. Van a investigar y a preguntar al padre.

Dios habla. Estamos en la cumbre de la grandiosa obra de Dios. El Padre Dios restaura al hombre infectado de pecado y lo exalta hasta la gloria divina. Resucita a Cristo y lo exalta hasta darle el trono a su derecha.

Cristo es la primicia del mundo nuevo de la salvación, la cabeza del pueblo nuevo que se ha realizado enteramente en él. Cierra su ciclo y es exaltado a la derecha del Padre. Después de él, es necesario que todos los hombres acepten la salvación y entren en la nueva vida.

En otras palabras, hay que convertirse a Dios, entrar en su proyecto y hacerlo realidad en los sacramentos y haciendo de la vida un sacrificio agradable a Dios siguiendo las huellas de Cristo. Por este camino lograremos llegar con Cristo a donde ha sido exaltado y glorificado y tener parte en su condición celeste, en su gloria

Estamos en la plenitud de los tiempos, en un momento decisivo del proyecto divino de la salvación. Este llega a su consumación en Cristo que, obediente al Padre, culmina su obra realizando plena y definitivamente la salvación. En términos usados por los hombres, termina su era e inicia la era del Espíritu Santo que opera a través de los sacramentos.

El Cristo resucitado de San Lucas aparece en este tiempo pascual. Se hace presente en la comunidad de discípulos y les recuerda la promesa: “ustedes serán bautizados con el espíritu Santo”.

Todo parte del acontecimiento originario de la salvación que se sigue anunciando en las comunidades de Pablo y seguimos repitiendo en todas las parroquias y comunidades: el poder de Dios “resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos… Lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia…”

Cristo culmina su obra y su presencia visible en la tierra. En la última aparición de San Mateo deja estas indicaciones a sus apóstoles: “vayan pues y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos… Y enseñándoles a guardar todo cuanto yo les he mandado…”

No se aleja como en San Lucas. En San Mateo el mundo nuevo de la resurrección es una realidad y Cristo está en medio de ellos: “yo estoy con ustedes (páreimi, de ahí viene parusía) todos los días, hasta el fin del mundo”.

Es necesario dejarse alcanzar por Cristo, vivir la experiencia de su encuentro y entrar en la tierra y el cielo nuevo de la salvación. Hay que dejarse atraer y llevar al cielo, a la maravillosa vida de la gloria y la beatitud.

Concretamente, hay que convertirse a Dios y seguir a Cristo en el cumplimiento de los mandamientos y haciendo de su vida un sacrificio para Dios y para que la salvación llegue a todos los hermanos.

Vive intensamente. Encuentra a Cristo resucitado, celebra una alianza con él, entra en su proyecto, deja lo demás.

Cristo está aquí. La  misa es un encuentro con Cristo resucitado, que nos explica la escritura y parte para nosotros el pan.