papa, visita, Morelia
Alberto Suárez destacó que fue muy bonito cómo se logró la coordinación con la Nunciatura Apostólica y la Conferencia Episcopal de México, así como la respuesta de la gente (Foto: Claudia Martínez)

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Este martes se cumplen cinco años de la visita del papa Francisco a Morelia, un suceso histórico que puso a Michoacán ante los ojos del mundo. “Tenemos recuerdos y, sobre todo, el compromiso de seguir adelante con esa semilla que el Papa nos dejó y tenemos que hacer fructificar”, destacó el cardenal Alberto Suárez Inda.

A un lustro de que el primer obispo de Roma hizo realidad un anhelo que ya antes había tenido el papa Juan Pablo II, el cardenal Suárez Inda compartió en exclusiva los sentimientos, anécdotas y memorias que atesora desde finales de octubre de 2015, cuando su Santidad le externó: “Tengo un mal pensamiento; quiero ir a Morelia”.

Desde la intimidad de su hogar, en esta ciudad capital, el líder religioso destacó que la iniciativa surgió del Sumo Pontífice. “Me dijo ‘usted está en tierra muy caliente, usted está en la sartén’”, en alusión a la violencia en Michoacán que, particularmente en ese momento, era noticia en el mundo.

“Le dije, bienvenido; espero que Morelia pueda recibirlo y usted pueda realizar su misión entre nosotros”, narró, y puntualizó de que fue a partir del 12 de diciembre de ese año cuando comenzó, “a marchas forzadas”, la organización, una vez que se anunció oficialmente la primera visita del Papa a México, entre el 12 y el 17 de febrero de 2016.
(Foto: Claudia Martínez)

Sentado en el extremo izquierdo de un sillón color negro, en una sala en la que destacan flores de ornato, dos amplias fotografías de los papas Benedicto XVI y Francisco, una escultura del primer obispo de Michoacán, Vasco de Quiroga, y una réplica a pequeña escala del monumento al papa Juan Pablo II que se erigió en bronce al sur de la ciudad, Suárez Inda expresó que para él fue un gozo, pero también una responsabilidad muy grande, recibir al vicario de Cristo de una manera digna y que toda la gente pudiera verlo y escuchar su mensaje.

Su principal preocupación, admitió, era la coordinación “sin protagonismos” de todos los involucrados, desde la Guardia Suiza, medios de comunicación de El Vaticano, la comitiva del Papa, hasta el Estado Mayor, Presidencia de la República, el Ejército, gobierno del estado, así como las autoridades locales, laicos, sacerdotes, religiosas y empresarios, que trabajaron intensamente a raíz del “intempestivo anuncio”.

(Foto Twitter: @Silvano Aureoles)

Adrián Huerta Leal, coordinador del Comité de la Sociedad Civil que participó en la organización del evento, coincidió en que fue complejo coordinar las relaciones con todos los involucrados que ayudaron a que las actividades salieran adelante, “acatando siempre la instrucción de don Alberto, en el sentido de que el Papa venía sin distingos, no a ver a los ricos”.

“No hubo comidas con empresarios ni mucho menos. El cardenal dio la instrucción de que no hubiera zonas púrpuras en los estadios; pedían hasta 200 lugares para invitados en la Nunciatura; no accedimos a esto, lo que lo hizo un evento muy alegre”, agregó Huerta.

Alberto Suárez destacó que fue muy bonito cómo se logró la coordinación con la Nunciatura Apostólica y la Conferencia Episcopal de México, así como la respuesta de la gente. “Solamente para las vallas (en 17 kilómetros) hubo que pedir la colaboración de 20 mil voluntarios, que desde la noche anterior estuvieron al pie del cañón cuidando el orden”.

Otros más, de acuerdo con sus posibilidades, ofrecieron agua, comida, flores, apoyo para traslados, una carpeta de madera para cubrir la cancha del estadio Morelos y hasta sus casas para el hospedaje de quienes vinieron a los dos eventos nacionales: uno con sacerdotes, religiosas y seminaristas, en el estadio Venustiano Carranza, y otro con jóvenes, en el estadio Morelos.

Con emoción, Suárez Inda recordó que en la misa que se celebró con la comunidad de sacerdotes, religiosas y seminaristas de México, el Papa utilizó el cáliz y el báculo de Vasco de Quiroga, sobre quien habló de una manera elogiosa, haciéndoles ver que enfrentó situaciones adversas y no cayó en la tentación de resignarse.

Suárez Inda recapituló que otros momentos significativos se dieron en la Catedral, donde el Papa bendijo la imagen del mártir José Luis Sánchez del Río, “Joselito”, y ofreció a niños una catequesis, así como en el estadio Morelos, donde escuchó a jóvenes y les dijo que son el futuro y la esperanza del país, por lo que deben valorar y defender su dignidad.

“Al terminar la visita acabé rendido; ya no me animé a acompañar al Papa a Ciudad Juárez, era muy pesado después de haber vivido la tensión; entonces lo despedí en el aeropuerto, me tomé un baño y me fui a dormir muy relajado, dando gracias a Dios de que todo resultó bien, de que no hubo ninguna persona que sufriera accidentes o el Papa algún momento difícil”, recordó.

Mientras mostraba algunas de las fotografías que forman parte de una memoria gráfica que se editó luego de la visita del Papa a Morelia, el cardenal compartió una última anécdota.

(Foto: Claudia Martínez)

Ocurrió en la casa arzobispal, ubicada en la calle Serapio Rendón, en el Centro de la ciudad, donde el Papa comió con reducido grupo de cardenales y los obispos auxiliares de Morelia, y después de tomar un descanso pidió a monseñor Alberto hablar y le entregó una cantidad de dinero para ayudar a familias pobres.

Al final de la jornada se adaptó en el avión un contenedor para que el Papa pudiera llevarse a Roma todos los obsequios que recibió: guitarras, báculos, dulces, jarrones de cobre e imágenes.

El arzobispo, Carlos Garfias Merlos, subrayó que poco se ha dicho, sin embargo, el proceso de construcción de paz que actualmente impulsa la Iglesia católica, en conjunto con autoridades y organizaciones civiles, lo inició el papa Francisco con el nombramiento de Alberto Suárez como cardenal de México, en 2015, y se fortaleció con su visita a Morelia, en 2016.

Por: Sayra Casilla/R