La pandemia mundial por Covid-19 obliga a reflexionar sobre la crisis sanitaria (más visible cuando la demanda de los bienes y servicios de salud supera ostensiblemente la oferta de los mismos bienes y servicios) en torno a la crisis general (nítida cuando la demanda de bienes y servicios generales, supera con claridad su oferta) y más.
Pensar y repensar cómo han sido, cómo son y cómo deberían ser la economía, la política, la cultura, el deporte, la justicia y un gran conjunto de áreas y actividades, es un imperativo que impone tanto la realidad de la pandemia en curso -las que se vendrán también- como las aspiraciones de tener un mejor futuro.
La economía de libre mercado que domina al mundo (en más de un caso de un tono falaz, porque en la realidad ni siquiera se cumplen los presupuestos metodológicos de un mercado libre) por ejemplo, ha mostrado que no es la mejor estrategia para la distribución justa de los recursos escasos, como tampoco lo fueron las economías socialistas en su momento y que implosionaron por su propio peso.
Las “democracias” del mundo, en términos reales y pese a que son la mejor forma de gobierno disponible, igual presentan importantes deficiencias sobre la representación, el ejercicio y procesamiento de los problemas colectivos, cuyas respuestas debieran ser compatibles con las aspiraciones de las personas.
Las sociedades, impulsadas por la economía y la política dominantes, si bien avanzan de forma tímida en una visión humanista solidaria, también “imponen” un modelo materialista de la vida, en donde las personas comunes constituyen instrumentos y los bienes y servicios, fines. Es una sociedad basada en la libertad del soslayo del otro, más que en ponerse en los zapatos del otro.
Así se puede continuar la digresión sobre muchas de las áreas de la vida que, al final, tienen un común fundamento filosófico-ético: el de la utilidad, del egoísmo y del goce propio, en sus muy diversas expresiones (Las áreas de la vida social tienen regularmente un fundamento filosófico-etico, así, la economía, la política, el derecho…).
Por eso es que en medio de la pandemia, Estados Unidos de América y Europa acaparan las pruebas diagnósticas de laboratorio, las mascarillas y los ventiladores, y que algo similar ocurrirá cuando se produzcan la vacuna y los medicamentos contra el virus y la enfermedad (los países rico-podersos los acapararán), todo en desequilibrio con los países pobres.
Por eso, es que el “debate político” continua groseramente entre los actores principales, porque para cada actor político lo relevante es el goce de la conquista del poder y de su ejercicio, y lo cual lleva a la idea maniquea de destruir al oponente.
Por eso es que las industrias y las grandes empresas ejercen la técnica del despido, la rebaja de salarios, el aumento de precios y piden medidas fiscales ad hoc, como subvenciones, para atenuar el desgaste del margen de la utilidad.
Y es por eso que personas sin sentido bañan en cloro a los trabajadores de la salud e incendian hospitales.
En el fondo, unas y otras cosas muestran que en la actual crisis subyace un crisis ética, la crisis de la ética utilitaria del egoísmo, una ética que privilegia el dejar hacer y el dejar pasar, siempre que sea en provecho propio.
El ideal para el futuro es que la pandemia deje como herencia, más que la fatalidad de los decesos y los daños, que la vida colectiva e individual tengan como fundamento filosófico-ético toral, bienes y valores de reconocimiento social, de justicia, equidad y solidaridad. Una nueva ética o éticas de ese corte.
¿Se imagina una economía, una política, un derecho, con un basamento ético más en clave solidario que egoísta utilitario?
Pero, lo probable, más que lo posible, a la luz de las lecciones de la historia, es que esa nueva base filosófica-ética, solo se logrará llevar a la práctica en una parte y que esa parte no será muy honda.
Lo interesante sigue siendo, sin embargo, que el fundamento de lo que venga en el futuro será ético, en el entendido de que al enunciar “ético”, me refiero a que el criterio para valorar la vida y sus expresiones será de una naturaleza ética y con diversas expresiones, no a que exista una ética objetivamente válida para todos.
Y si es así, entonces lo que venga mañana, dependerá en gran medida de qué tipo de ética se esté hablando, así como de los disensos y consensos que se construyan al rededor de ello.
Lo cierto es que esa ética no debe, ni puede ser la misma ética del egoísmo utilitario, al menos como ocurre hoy.
Pero, por lo pronto, la cuestión es que en las crisis desatadas por el Covid-19, subyace una crisis ética y que existe, en ese sentido también, una #emergencia ética.