La situación es gravísima y estamos perdiendo el tiempo no se toman las medidas oportunas, no hay control de la epidemia.

“Estamos preparados”, afirma el presidente y las autoridades cuando se les pregunta sobre el problema. La respuesta es automática y categórica pero no fundamentada y generan desconcierto. No creemos a la información oficial y muchos están interiormente angustiados. Nos acecha el espectro de la muerte y conmueve nuestras seguridades.

Hay un ambiente enrarecido y tenso de preocupación como nunca antes. Hay una luz de surrealismo y espanto.

Los contagios se multiplican, cada vez se cierra más el cerco en torno a nosotros, uno no se explica cómo.

Debemos buscar a toda costa percibir la realidad objetivamente y reaccionar con lucidez, sabiduría, responsabilidad y madurez.

Los diagnósticos, pronósticos y medidas del gobierno son muy importantes y deben ayudar a cada mexicano a ubicarse y orientarse a la solución.

La sociedad civil, las organizaciones de salud y otras tienen igual desafío.

Pero el actor central es el individuo, eres tú. En tus manos se juega la salud personal y social. El mal es muy grave y formidable y exige que aportes lo mejor de ti mismo (a). No podemos ser individualistas, es alta traición a nosotros mismos y a la nación.

Los católicos somos la casi totalidad de los mexicanos y tenemos retos formidables, gravísimos. Hay que quitar la visión reductiva que sólo atiende a reacciones biológicas, mecánicas, médicas. Hay que abrir la dimensión espiritual, trascendente, divina del ser humano. Ahí hay que reanimar la presencia de Dios, el aliado que no decepciona y que todo puede.

Es tiempo de conversión, de volver a Dios. El corazón perverso que hace la corrupción y el crimen ha dejado su huella en esta contingencia. La maldad de los hombres tiene que ver en esta guerra biológica con sus grandes estructuras de pecado y fines diabólicos.

Son importantes las medidas que toma la ciencia médica, los remedios, instrumentos, los cuidados. Pero hay que ir al problema de fondo: sanar el corazón para aceptar a Dios y poner en práctica los mandamientos de Aquél que nos creó. “Conviértanse, crean en la Buena Noticia”.

El nos lleva al destino definitivo, a la vida verdadera, hay que darle entrada y seguirlo en su proyecto divino, liberador, hasta vencer la epidemia.

Hay que estar atentos a Dios, a sus señales para entender su voluntad que sólo quiere lo mejor para nosotros.

Hay que volver a él, convertirse: liberarse de la nube de corrupción y de la costra del crimen y entrar en su plan sabio. Tenemos medios: Palabra de Dios, oración, sacramentos.

El arzobispo de Morelia Carlos ha dado indicaciones, los sacerdotes las llevarán al pueblo de Dios:

quedan dispensados de la obligación de la misa dominical…

A los sacerdotes les pido que celebren la misa como de ordinario… Mantengan abiertas las puertas de los templos…”

La fe es para estos momentos, Dios cumple su promesa: yo estoy contigo.