Estados Unidos de América, al 21 de abril de 2020, ha aplicado cuatro millones 035 mil 860 pruebas diagnósticas de laboratorio, de las cuales resultaron 814 mil 587 personas positivas y de ellas 118 mil 232 están hospitalizadas y 43 mil 796 han fallecido (datos de la Universidad Johns Hopkins al 21 de abril de 2020).
El gran volumen de pruebas diagnósticas aplicadas en el país norteño, revela un caso inusitado en el mundo (hasta donde se conocen los datos) pues nadie ha aplicado (y al parecer nadie aplicará) más pruebas diagnósticas que dicho país.
La lógica detrás de ese millonario volumen de pruebas de diagnóstico aplicadas, al parecer, se encuentra en la recomendación del científico H.V. Fineberg, quien alentó al gobierno de Estados Unidos de América para que aplicara millones de pruebas diagnósticas, con el fin de identificar a la población infectada y a la no infectada; someter a cuarentena y/o aislamiento a las personas infectadas, estudiar sus contactos y crear un cerco sanitario, para aplastar, no aplanar, sino, reitero, aplastar la curva de crecimiento de la epidemia, lo cual por sentido común también tiene como resultado natural menos muertes.
Esa es la lógica de la aplicación masiva de las pruebas diagnósticas (iniciada también en países con mejores resultados como China, Corea del Sur y Alemania) y por eso es uno de los puntos de discusión más agrestes en México, pues en México la aplicación de pruebas diagnósticas ha sido muy discreta, ya que en México, hasta el 20 de abril de 2020, se han aplicado poco más de 50 mil pruebas, esto es cuatro millones de pruebas menos que en Estados Unidos. La diferencia es grosera, abismal.
La lógica del gobierno federal mexicano es que las pruebas diagnósticas solo tienen una utilidad estadística y de política pública, no terapéutica en concreto, y que por eso no hay una aplicación masiva, y desoye su utilidad en la contención/mitigación cómo lo entienden otros gobiernos, como el de Estados Unidos de América.
Una conjetura personal del por qué la aplicación de la prueba diagnóstica es pírrica en nuestro país, es que el Estado Mexicano, en primer lugar y quizá en contra de su intención, tal vez no tiene acceso a más elementos para realizar más pruebas diagnósticas, al estar esos elementos acaparados por los países rico-poderosos, justamente como los Estados Unidos de América y/o bien porque, aun en caso de que esos elementos estén disponibles en el mercado, el país carece -por una restricción presupuestal real o política- de los recursos económicos suficientes para comprarlos.
Lo que no se sabe todavía es cuál política implementada en materia de prueba diagnóstica es la mejor posible en cada caso, esto es, la postura de aplicación masiva o extensiva de países como Estados Unidos de América, o la postura discreta de países como México (apostando más a la cuarentena, higiene y distancia social).
Y eso se dice porque existen variables diversas (no modificables a voluntad) que inciden en la propagación de la epidemia y los resultados letales, como son la edad de la población y el tamaño de las diversas comunidades humanas de cada país.
Por lo pronto, a partir del 20 de abril de 2020, la Secretaría de Salud federal ha omitido informar los casos estudiados (negativos, más sospechosos y positivos) y se ha centrado en el desagregado de datos por estados, de casos confirmados y decesos.
Así, al 21 de abril de 2020, México tiene como números acumulados nueve mil 501 casos positivos detectados y 857 decesos, lo cual da como resultado una tasa de letalidad de nueve por ciento (superior a la tasa mundial que es de 6.9 por ciento) y lo cual quiere decir que por cada 100 personas que resulten positivas a Covid-19, (por probabilidad), morirían nueve y vivirían 91 en México.
Con esos números, de 285 países en el orbe con casos registrados de Covid-19, México está en el lugar número 32 de más a menos casos; pero paradójicamente en el planeta hay al menos 14 países con más casos positivos registrados de Covid-19 y menos decesos que México, lo cual implica que la tasa de letalidad en México es muy elevada, incluso en el mundo. (El dato inverso, esto es, de menos casos que México y más decesos en otros países, es prácticamente nulo)
Un caso que los medios de comunicación han mostrado como tragedia superlativa (y claro que los decesos entristecen) es el de Ecuador; pero, si se le compara con México, se puede observar que Ecuador tiene 10 mil 398 casos positivos detectados (897 casos más que México) y 520 fallecimientos (337 muertes menos que México) con una tasa de letalidad de 5.00 por ciento (México tiene cuatro puntos porcentuales más de letalidad, porque llega al nueve por ciento).
De hecho, en América Latina, México es el país con la tasa de letalidad más alta, salvo Nicaragua (dos decesos en 10 casos detectados, con una tasa de letalidad del 20 por ciento).
Pensar que nueve mil 501 casos detectados y 857 muertes son un número ínfimo frente a una población mexicana de 120 millones (Inegi, 2015) es cierto y parece que eso conforta, incluso al gobierno federal; pero hay que aclarar que esos números corresponden a solo un mes con 20 días y solo a partir de los casos detectados. (Hay muchos más infectados no detectados, que detectados)
Por imposibilidad de algo diverso, o bien, por un convencimiento propio, pareciera -no lo afirmo, pero pareciera que es así- que el gobierno federal mexicano ha elegido como estrategia dominante para mitigar y combatir el crecimiento descontrolado de la epidemia y sus consecuencias eventualmente fúnebres en la salud, la cuarentena -voluntaria o impuesta- el alejamiento social, las medidas de higiene; pero, sobre todo, el bono de la edad joven de su población, esperanzado en que los jóvenes resistirán, incluso sin necesidad de atención hospitalaria, y que los de mayor edad y/o con comorbilidad, al no haber tratamiento, ni vacuna específica para la enfermedad Covid-19, recibirán la atención sanitaria disponible, dejando a sus propias fortalezas el resultado final, porque al parecer no hay otro camino.
De hoy a las dos primeras semanas de mayo, vienen los días más complicados (dado el comportamiento general de la enfermedad en los países que empezaron a padecerla un mes antes que México) por los números que se irán acumulando (positivos detectados y decesos por Covid-19) en una tercera fase en la cual no se vislumbran medidas en sustancia diferentes a las ya despachadas por el gobierno federal, sino tal vez su recrudecimiento. Juventud, divino tesoro…