En las contribuciones anteriores, se han comunicado datos de fuentes diversas y algunas opiniones propias sobre los casos de Italia y Alemania (casos que se han mostrado como extremos a la hora de explicar el curso y los resultados de su lucha contra la enfermedad Covid-19, pues a Italia se le ha visto como un caso cuestionable, y como esperanzador el caso de Alemania).

Hoy me quiero detener en lo que sucede en nuestro país y ofrecer algunas líneas de reflexión, con base en el análisis de los datos brutos que ofrece de modo abierto la Dirección General de Epidemiología del Gobierno Federal y con base en datos que ponen a disposición otros medios de comunicación.

El primer dato es que han corrido ya 37 días naturales, a partir de que se hizo público el primer caso positivo de la enfermedad Covid-19 en México, lo cual quiere decir que en ese lapso se ha pasado de tener 1 caso positivo a contar 585 (al 26 de marzo), lo cual da un promedio de casi 16 nuevos casos por día; pero la realidad es que ese dato promedio no explica bien lo que está pasando en el país, pues por solo mostrar lo que sucedió el 26 de marzo, en un solo día se agregaron 110 nuevos casos positivos de Covid-19.

Una mejor forma de explicar la evolución de la enfermedad, es hacer el análisis por cada 7 días (como si fueran semanas convencionales); pues de esa manera, se puede observar que en los segundos 7 días (los posteriores a la identificación del primer caso positivo) los casos positivos se incrementaron al doble; que en los siguientes 7 días, se incrementaron en casi 6 veces el dato anterior; que en los posteriores 7 días, se incrementaron 5 veces el número de casos previos; que en el siguiente parámetro, se aumentó en 1.4 veces; y en la última vez, en poco menos de 7 días, se aumentaron en 1.3 veces.

Esos datos llaman la atención, porque los crecimientos exponenciales de casos positivos de personas enfermas de Covid-19 en los tres primeros conteos de 7 en 7 días (los aumentos de 2, 6 y 5 veces más) se dieron cuando las entidades públicas competentes aún no habían resuelto la suspensión de los ciclos escolares, ni la suspensión de labores (suspensión que ocurrió entre el 17-20 de marzo).

Y es ejemplar que, una vez que se suspendieron los ciclos escolares y las labores en buena parte del país, la tasa de crecimiento de la enfermedad disminuyó ostensiblemente (a 1.4 y 1.3 veces); lo cual intuitivamente muestra que la tasa de crecimiento de los casos de Covid-19, guarda relación con la movilidad territorial de la población, esto es, parece indicar que a mayor movilidad territorial de la población (y contacto con otras personas, obvio), mayor número de casos positivos de Covid-19 y que igual opera a la inversa. Hay, al parecer, una relación directamente proporcional.

El dato atípico anotado de los 110 casos que se detectaron entre el 25/26 de marzo, puede obedecer a diferentes factores; pero es plausible que se deba a un relajamiento de la población que, quizá al observar que en los últimos 10 días hubo un crecimiento moderado de casos positivos de Covid-19 y una baja tasa de decesos, resolvió tener mayor movilidad; pero, hay que recordar: a mayor movilidad, mayor contagio.

De esa manera, se debe insistir a todos que, en caso de que ello sea posible, permanezcan en sus hogares y que solo salgan con propósitos definidos no eludibles: adquisición de alimentos, atención a la salud, cumplimiento de obligaciones inaplazables, por ejemplo.

El punto de la movilidad y su relación con el crecimiento de la pandemia, es una cuestión compleja, porque es cierto que millones de personas “viven al día” y necesitan trabajar, o bien, porque ciertos tipos de industria no pueden detener su producción y eso no les permite a las personas permanecer en sus hogares; pero también es compleja, porque en el mediano y largo plazo, nadie puede permanecer aislado, nadie, y hay que recordar que la suspensión del ciclo escolar y de labores decretada vence el 19 de abril, lo cual quiere decir que el 20 de abril, se deben reanudar las clases y las labores, y justo se ha atisbado que será más o menos en esos días cuando el crecimiento de los casos positivos de Covid-19, esté en su punto más alto, sea que se logre aplanar la curva de crecimiento o sea que no se logre.

Eso plantea un verdadero problema, al menos visto ahora, pues significa que en ese momento millones de niños, jóvenes y adultos volverán a las aulas y a los centros de trabajo, con la posibilidad justamente de aumentar exponencialmente el número casos de Covid-19; ¿Cuál será la consecuencia? ¿Qué nuevas medidas se tomarán? Eso es algo aún no resuelto (¿Educación «on line»? ¿Teletrabajo?).

Por otro lado, no se observa que en el lapso de más o menos 23 días, que correrán de hoy a esa fecha (20 de abril) se tengan a disposición en México vacunas, ni fármacos eficaces y específicos para combatir la Covid-19. (ojalá fuera así)

En tanto, otro punto que es conveniente observar es que, si se toman en cuenta los datos públicos del número de casos positivos de Covid-19 (585), casos negativos (2,445) y los casos sospechosos (2,156) informados, es evidente que en México, desde el momento en que se detectó el primer caso (en el último tercio de febrero de 2020) hasta hoy, solo se han hecho no más de 5,200 pruebas de diagnóstico de la enfermedad, lo cual es un número muy, muy bajo (recuerde el número de pruebas disponibles por semana, que el Instituto Robert Koch tiene en Alemania: 160,000 pruebas).

Si se estudian un poco más los datos de los casos positivos informados en México, por la Secretaría de Salud, es posible obtener las descripciones siguientes:

• Las personas que tienen una edad entre los 20 y 49 años conforman el 63% de los enfermos; seguidos por el grupo de personas entre 50 a 79 años con un 31% de los enfermos.

• De las personas enfermas, el 67% llegaron procedentes del exterior (Estados Unidos de América y España, de forma principal) y el 33% atiende a contagios locales.

• Ahora bien, de todas las personas que hoy han resultado positivas a la prueba diagnóstica del Covid-19 que llegaron a México procedentes del exterior, en un 24% ya tenían síntomas previos, esto es, ya tenían síntomas antes de llegar al territorio nacional (hay casos que ya cursaban síntomas con 13 días anteriores, por ejemplo); mientras que el 76% de personas procedentes del exterior solo presentó síntomas en el mismo día de llegar al territorio nacional o después.

• Las personas enfermas si se agrupan por sexo, reflejan que el 42% son mujeres y que el 58% son hombres.

• El grupo etario menos afectado por la Covid-19 es el que va de los 0 a 9 años de edad (un solo caso).

• Las personas de 30 y 31 años son las que tienen la mayor frecuencia de casos positivos a Covid-19, con 21 y 19 casos, respectivamente.

A ello hay que agregar, si se analizan los casos de las 8 muertes ocurridas hasta el momento por Covid-19, que las instituciones de salud, no solo públicas, sino privadas, han realizado en al menos 3 de esos 8 casos, diagnósticos iniciales erróneos (por ejemplo, se dijo al paciente que solo tenía influenza en dos casos), se recomendó reposo domiciliario, no se hicieron pruebas diagnósticas oportunas o no fueron adecuadas y solo se hizo la prueba diagnóstica entre 5 y 10 días después de presentados los primeros síntomas, y posteriormente vino el deceso (aunque se debe reconocer que la prueba diagnóstica, no arroja resultados inmediatos).

Esos 8 casos y el manejo de la prueba diagnóstica, llaman la atención sobre qué política es la correcta para aplicar la prueba: ¿A pacientes asintomáticos con enfermedades crónicas? ¿A pacientes con síntomas leves de Covid-19, con o sin enfermedades crónicas? ¿Sólo a pacientes con sintomatología muy probable de Covid-19, con o sin enfermedades crónicas? ¿Cómo se distribuyen las pruebas diagnósticas? Entre otras preguntas.

No debe dejarse de lado que no existe certeza sobre si una prueba diagnóstica temprana, permitiría reducir la probabilidad de muerte (en especial, en los casos de personas con enfermedades crónicas concurrentes) pero si es muy probable que la detección temprana de un caso de Covid-19, permitiría separar al paciente y evitar contagios posteriores o llevaría a extender el análisis de más casos sospechosos próximos al detectado.

Lo cierto es que las 8 muertes han ocurrido y que también resulta de interés general, analizar que los decesos han tenido lugar prácticamente en los últimos 7 días, y que corrió un lapso muy largo (un mes) sin decesos (hay que revisar el método y técnica para el registro de los decesos por Covid-19).

¿Qué perfiles tienen las personas que han fallecido?

La realidad es que las personas que han muerto (que en paz descansen), tienen un perfil similar a las personas que han fallecido en el resto del mundo.

En el caso de México, el 62.5% de las personas que han fallecido por Covid-19, tenían una edad entre 70-75 años; el 12.5% entre 40-49 años; 12.5% entre 50-59 años; y 12.5% entre 60-69 años.

En el menos un 87.5% de los casos, las personas que han fallecido por Covid-19, padecían también al menos una enfermedad crónica (diabetes, hipertensión arterial, obesidad u otra).

Y un dato, por demás indicador hasta este momento, es que el 87.5% de las personas fallecidas han sido hombres y solo en un 12.5% mujeres (una sola, cuyos familiares, además acusaron negligencia médica tanto de instituciones de salud públicas, como de un hospital privado que al parecer brinda los servicios de salud más caros del país).

El estudio somero de los fallecimientos ocurridos en el país por Covid-19, pese a que se ha hecho con los pocos datos que arroja la realidad presente, apunta al paralelismo con el perfil de las personas que fallecen en el mundo, y es congruente con la esperanza que ofrece nuestras fortalezas nacionales (en especial, lo joven de nuestra población).

Es claro, por otra parte, que los datos que aquí se presentan no son, ni pueden ser concluyentes, porque la enfermedad se está conociendo, como enfrentando en tiempo real, y porque el tiempo que dure la crisis sanitaria es una interrogante no resuelta; pero persiguen ofrecer un panorama más o menos amplio del estado de la cuestión.