Los medios de comunicación, informan de manera constante datos con relación a la tasa de mortalidad de las personas que padecen la enfermedad Covid-19, como consecuencia del virus coronavirus, y apuntan que en Italia las muertes por Covid-19, son muy elevadas (cientos y cientos por día), incluso si se compara la tasa de mortalidad por la pandemia en Italia frente a la tasa de mortalidad por la misma razón en países mucho más grandes y con mayor población general, como China.

La tasa de mortalidad de las personas con Covid-19 confirmado en la población italiana, según datos hasta el 17 de marzo, fue del 7.2% frente a un 2.3% de China, lo cual quiere decir que proporcionalmente muere más población italiana que china, por la enfermedad Covid-19.

¿Qué explica la alta letalidad del Covid-19 en Italia?

El estudio «Tasa de letalidad y características de los pacientes que mueren en relación con Covid-19 en Italia» de la autoría de Graziano Onder, Giovanni Rezza y Silvio Brusaferro, publicado en JAMA (Revista de la Asociación Médica Americana) apenas el 23 de marzo de 2020, explica que la alta tasa de muertes, puede obedecer, en esencia a tres diversas variables:

  1. La primera variable que, aparentemente, propicia que la población italiana tenga una mayor tasa de mortalidad, consiste en que la población italiana se distribuye en segmentos etarios en los que las personas de mayor edad forman grandes grupos, esto es, en resumen, que el hecho de que la población italiana sea en general de mayor edad, propicia que la enfermedad del Covid-19 sea más grave y tenga un mayor desenlace fatal.

Sin embargo, el estudio de los médicos Onder, Rezza y Brusaferro, no es concluyente en dicho sentido (Relación edad-muerte por Covid-19), por lo cual se apunta como una variable posible.

  1. El otro factor que ha recalado en el mayor registro del número de muertes por Covid-19 en Italia, al perecer obedece a la metodología y técnica para clasificar y cuantificar que una muerte se debe a Covid-19, pues en Italia, toda persona diagnosticada positiva como enferma de Covid-19 y que moría o muere, era y es clasificada como deceso debido a Covid-19, independientemente de que las enfermedades preexistentes en el enfermo hayan podido causar su muerte.

Eso quiere decir que, en Italia, es posible que una persona pudo y puede morir debido a (o catalizada por) enfermedades diversas al Covid-19 y sin embargo ser clasificada y contada como muerte plenamente ocasionada por el Covid-19, sin tener en cuenta que la presencia de esas enfermedades (cardiopatías, diabetes, cáncer…) podrían haber aumentado el riesgo de mortalidad (o propiciado la muerte) independientemente de la enfermedad Covid-19.

Lo que se quiere decir, en sustancia, es que los números de muertes por Covid-19 en Italia, podrían estar, sin intención, incorrectamente elevados debido a un mal uso de la metodología para clasificar y contar una muerte como debida a Covid-19 y que no es necesariamente así.

Pero, ello es algo que ya se está deliberando en los campos de investigación y de gobierno (no solo de Italia) para llegar a una mejor definición y contabilidad de la enfermedad y las muertes que ocasiona.

III. La tercera variable que explica plausiblemente la alta tasa de mortalidad de la población Italiana que ha dado positivo al Covid-19, es la estrategia dubitativa que siguió el gobierno italiano para las pruebas aplicadas a personas potencialmente enfermas de Covid-19.

Esto es, que el gobierno italiano «…después de una estrategia de prueba inicial y extensa de contactos sintomáticos y asintomáticos de pacientes infectados en una fase muy temprana de la epidemia, el 25 de febrero, el Ministerio de Salud italiano emitió políticas de prueba más estrictas. Esta recomendación priorizó las pruebas para pacientes con síntomas clínicos más severos que eran sospechosos de tener Covid-19 y requirieron hospitalización» por lo cual luego se excluyó de la prueba a personas sin síntomas o con síntomas leves y lo cual vino a redituar en una tasa estadística de mayores muertes por Covid-19 (pocos detectados y dentro de ellos más muertos, de ahí la tasa elevada).

Lo que sucedió, sucede en Italia y que se explica aquí, tiene como fuente un artículo científico, se entiende, actual, documentado y justificado, que llama la atención sobre tres aspectos en la lucha contra el virus y la enfermedad consecuente: la necesidad de identificar las variables de enfermedades (más allá de la edad, asociadas a ella o no) que inciden y el peso en cómo lo hacen sobre la enfermedad Covid-19 y la muerte consecuente; la necesidad de tener un método, técnicas y herramientas científicas y de estadística correctas para identificar que una muerte se debe o no a la enfermedad Covid-19 y cuantificarla; y la necesidad de que los gobiernos adopten medidas certeras sobre la aplicación de la prueba para detectar casos positivos de Covid-19.

La lección para México, fruto de la experiencia italiana (y que debemos necesariamente aprovechar) es importante y útil en todos los sentidos; pero subrayo aquí la necesidad de reflexionar sobre la conveniencia de una política pública del estado mexicano más agresiva para ampliar el espectro de pruebas aplicadas no solo a las personas que tienen síntomas regularmente asociados a la enfermedad para Covid-19, sino también para personas con síntomas leves o sin síntomas, poniendo énfasis en las personas que ya se perfilan como grupos vulnerables al efecto, esto es, personas con padecimientos cardíacos, diabetes, sobrepeso, hipertensión arterial, cáncer y mayores de edad, entre otros.

Paradójicamente, la aplicación más amplia de la prueba ayudaría a mejorar la tasa estadística de mortalidad de los enfermos por Covid-19 (la llevaría hacia abajo); también le brindaría mayores oportunidades de vida a los enfermos de Covid-19 y que forman parte de los grupos vulnerables indicados, lo cual llevaría la tasa estadística de supervivencia de esos grupos hacía arriba y, subrayo, lo más importante: SE SALVARÍAN VIDAS.