Aunque el 18 de mayo comenzó la primera etapa del proceso para recuperar la normalidad de la vida social en el país, el 1 de junio es el día señero de ese inicio gradual de restablecimiento, el cual se asociará a una todavía no muy clara idea del cómo usar el semáforo multicolor para controlar la movilidad personal y social.

Que el gobierno federal haya impulsado la reconquista de la normalidad de la vida comunitaria -acaso la individual y familiar, por vía de consecuencia- presenta una noticia placentera, porque la inmovilidad social es pesada.

No obstante, el inicio del rescate de la normalidad de la vida social no significa la libertad plena, solo supone que: a. A juicio del gobierno federal se lograron los objetivos que se fijó para este momento, al grado que estima poder gestionar la epidemia en lo futuro, sin un riesgo grave; b. La recuperación de la vida comunitaria no es inmediata, ni general, al 1 de junio en todo el país; c. La convivencia con el virus SARS Cov-2 continuará, incluso en este camino de retorno, por lo cual se deben observar las recomendaciones que emita el gobierno federal (y gobiernos locales); y, d. La incertidumbre sobre el comportamiento del virus y la enfermedad en el seno social permanece, incluso con la posibilidad de que provoque retomar las medidas de distanciamiento social y suspensión de actividades.

La justificación de todas las medidas adoptadas por el gobierno federal, a su decir, ha descansado en proteger la vida y la salud de los habitantes del país y el éxito en su aplicación lo explica al afirmar que de no haber actuado como lo ha hecho, los infectados y los decesos habrían alcanzado números mayores a los actuales y habrían sido en comparación de verdadera catástrofe. (Todos los gobiernos han actuado para combatir la epidemia, unos más oportuna y adecuadamente, otros no; pero todos han disminuido los resultados nefastos con lo poco o mucho que hayan hecho. Tal vez las preguntas deban ir por otro lado)

Ahora, si el objetivo primario inicial del gobierno federal era el mismo que hoy (proteger la vida y la salud de las personas) es confuso que se inicie el retorno a la normalidad de la vida colectiva, porque estamos en los momentos más críticos de la evolución de la epidemia en varias partes del país, porque la epidemia apenas comienza en otras regiones de la nación y luego llegará a sus picos, porque de acuerdo al comportamiento histórico de otras epidemias similares (la gripe española de 1918-1919 y parte de 1920) es muy probable que la actual tenga una o dos oleadas más y porque no se prevé en el corto plazo un tratamiento, ni vacuna que combatan eficazmente la enfermedad.

Tal vez y sin ser explícito, para comenzar el camino de regreso a la normalidad posible, el gobierno federal también ha justipreciado que es mejor ese retorno que ampliar las medidas de distancia social y de suspensión de actividades, porque valora que a la fecha la población ha alcanzado una inmunidad suficiente para hacer frente al desarrollo de la epidemia (algo opinable, si la mayoría de las personas han estado distanciadas socialmente) porque pondera que la edad joven de la población es un “bono” a favor y porque ha sopesado que es muy difícil ahondar más el desgaste social (en lo colectivo y en lo personal) económico (de las grandes y pequeñas empresas, así como de una inmensa clase trabajadora) gubernamental y político que han propiciado justamente las medidas de distancia social y de suspensión de actividades comunitarias.

Iniciar el regreso en busca de la normalidad de la vida social (no de la vida “normal”) es como la vuelta a casa en medio de la oscuridad, con una lámpara que solo permite ver a una distancia muy corta y sin saber que hay más allá.

¿Cuánto tiempo más la población general, las grandes y pequeñas empresas, los trabajadores, los estudiantes, las escuelas, los niños, los políticos, las instituciones y un largo etcétera pueden tolerar el distanciamiento social, la suspensión de actividades, la cuarentena?

Este es un mundo poco conocido, pese a que la humanidad ha convivido con pandemias desde su origen, pues cada virus, cada bacteria, mutan, cambian y no es fácil encontrar las respuestas a la cura.

El inicio de la ruta que busca devolver la normalidad a la vida social, es algo confuso, complejo e incierto, con puntos que apuntan a esperar, como otros que sugieren que ya no es posible postergar el retorno.

Iniciar el camino de regreso o esperar, sobre buenas razones, esa es la cuestión.

SJS