La atención del mundo en 1918. En 1918, el mundo estaba eclipsado por la primera guerra planetaria, cuyo terreno regular de batallas, como también ocurrió en la segunda guerra mundial, fue el territorio europeo, históricamente conflictivo.

En ese entonces, nadie suponía que se avecinara una pandemia y menos que fuera tan grave como luego ocurrió.

En marzo de 1918, todo comenzó a cambiar, pues en Kansas, Estados Unidos de América, se detectó el primer caso de influenza (gripe española) en la persona de un soldado del ejército americano que había regresado del frente europeo.

La atención de México en 1918. En México, la atención estaba centrada en el curso de la revolución triunfante, así como en los acontecimientos de la gran guerra mundial, los cuales se veían en calidad de testigo y a la distancia.

Se hablaba de los enfrentamientos esporádicos que todavía existían en México, de la provisión de alimentos, de las vacaciones del presidente Venustiano Carranza y su familia en la hacienda “La blanca”, del desarrollo de las acciones bélicas en Europa, y tímidamente comenzaban a aparecer noticias brevísimas en las que se daba noticia de que en tal o cual país europeo, había influenza y que los estaba azotando, como en parte en Estados Unidos de América; pero no se temía un brote en México, al menos no significativo.

La gripe española de 1918. La gripe española, pese al nombre, no parece tener su origen en España, sino en Estados Unidos de América, pues como se dijo, fue en Kansas que se detectó el primer caso; aunque algún autor afirma que el soldado más bien fue contagiado por una persona de China, que brindaba servicios a los soldados en el frente europeo y que solo fue diagnosticado con la gripe española, una vez que volvió al suelo americano.

El que se conozca a la enfermedad como gripe española, parece que obedece, según algunos autores, a que buena parte de las noticias sobre ella, provenían de España (España se declaró neutral en la primera guerra mundial y tenía un papel activo en los medios impresos); o bien, dicen algunos otros, porque España fue luego cruelmente diezmada por la gripe y de ahí el mote español.

Lo único cierto es que el primer caso detectado, fue, como se reitera en un soldado del país norteño.

La gripe española hoy se sabe que es influenza y que el virus causante de la misma fue el AH1N1, con un origen aviar; pero en 1918, no se pudo identificar al virus, ya que incluso se llegaba a pensar que era una bacteria o un bacilo y no un virus (los virus solo fueron identificados, incluso con el microscopio electrónico, entre 1930-35)

La entrada del virus AH1N1 al cuerpo humano, se dio de forma preferente por el aparato respiratorio, se incubaba por un lapso de pocos días y luego los sintomas se presentaban en forma de fiebre intensa, tos, dolores musculares, dolor de cabeza y dificultad para respirar (al parecer, también por neumonía vital) los cuales podían amainar y luego volver, incluso, para ocasionar un desenlace fatal.

La población más vulnerable a la gripe española fue la que tenía entre 20 y 40 años de edad, sin que se tenga certeza de por qué fue así.

Aunque se atendió médicamente a los enfermos de gripe española, la realidad es que en aquel momento se carecía de un tratamiento, medicamentos y vacuna específicos para atacar la enfermedad.

La gripe española duró de 1918 a 1919 y parte de 1920, contando con tres diferentes oleadas (esto es, tuvo tres momentos temporales de brotes y picos epidémicos) se convirtió en una pandemia mundial y arrojó entre 20 y 50 millones o más de fallecimientos en el planeta (depende del autor que se consulte, para estimar el número de muertos, pues no hay concierto en este tema) y lo cual muestra que la pandemia fue más letal que la propia primera guerra mundial.

La reacción frente a la gripe española. Con el fin de procurar una imágen más clara de cómo se reaccionó, en especial, por los gobiernos de las distintas partes del mundo frente a la gripe española, se puede decir que cursaron por las fases de: 1. Ignorancia, 2. Negación-minimización, 3. Reconocimiento-actuación y 4. respuesta-redimir.

En la primera etapa de ignorancia, los gobiernos carecían de conocimientos sobre el virus (al cual confundían, incluso con bacterias y bacilos), su enfermedad, su letalidad, su tratamiento, de las medicinas y vacunas; incluso, no tenían el conocimiento preciso de los casos de gripe española, a la cual confundían con la gripe “ordinaria”.

En la segunda etapa, de negación-minimización, los gobiernos manifestaron una tendencia a negar la enfermedad, o bien, a minimizar las consecuencias, incluso llegando a ocultar información importante con respecto a ella.

Ejemplo de esa actitud en México es el diario “El pueblo” de 15 de octubre de 1918, en el cual se publicaba, en forma auspiciada: “La enfermedad que hay, es una leve gripa” y luego decía que el problema se focalizaba en el norte del país.

El mismo diario, pero de 16 de octubre de 1918, tornó a fatificar: “Confirmase que solamente hay gripa” y luego daba la nota en menos de una columna, para comunicar enseguida que el entonces presidente Venustiano Carranza, en la capital del país había visitado a los soldados enfermos de “gripa” y que solo eran otros los que si tenían influenza española, pero que la población general no (en ese mismo diario, más bien se entregaron muchas de sus columnas a dar noticia que la esposa del conocido abogado Eduardo Pallares, no había sido secuestrada -como se había presumido, al desaparecer-, sino que -como luego se supo- había huido con un amante que laboraba en una zapatería).

En otros países se ocultaba que los titulares del gobierno o sus funcionarios padecían la gripe española, y/o se ocultaba el número de padecimientos y de fallecimientos, maquillando las cifras.

En la etapa de reconocimiento-actuación, no quedó más remedio a los gobiernos que aceptar la gravedad de la enfermedad y llevar adelante medidas fuertes para combatirla, permaneciendo vestigios de la negación-minimización.

En los diarios impresos de aquellas fechas en México, en especial a partir de noviembre de 1918, las noticias sobre la gripe española ya no se podían frenar y lo mismo se hablaba de que la epidemia se había extendido del norte al sur del país, que a la población general, las penitenciarías, así como que se tomaron medidas específicas por parte del gobierno, las cuales consistieron en la integración y el envío de brigadas médicas para auxiliar a las zonas afectadas por la gripe española, canalización de recursos, limitación de actividades, la recomendación de permanecer en casa, lavado de manos y pedir a la población que no ocurriera a los hospitales, sino en casos extremos.

En ese momento, quien llevó la gestión de la pandemia fue, en gran medida, el Consejo Superior de Salubridad de México (quien incluso aconsejo el tratamiento de la gripe española con ciertos medicamentos a los que les atribuyó una buena respuesta en el cuerpo del enfermo), pero con una fuerte presencia del Presidente de la República, el cual en las primeras fases de la epidemia en el país, incluso, anuló medidas restrictivas de tránsito que los gobernadores de los estados habían impuesto en sus fronteras territoriales.

Las medidas adoptadas en México no eran originales, pues fueron similares a las que se adoptaron sobre el particular en buena parte del mundo.

A la conclusión de la crisis sanitaria por la pandemia, en la etapa de respuesta-redimir, los gobiernos implementaron medidas para reactivar la vida social y económica; pero realmente no se podían distinguir de otras medidas en el mismo sentido, pero despachadas para hacer frente, en el caso de algunos países, a los estragos de la primera guerra mundial; o bien, en el caso mexicano, no era claro qué medidas eran una respuesta a la epidemia y cuáles a los efectos de la revolución.

Esto se dificulta, porque no hay datos concretos reconocidos de las consecuencias económicas y sociales de la pandemia de 1918-1919.

Al lado de esas etapas atinentes a la gestión de los gobiernos, también se sucedieron actos de grupos humanos, como el que los legisladores federales mexicanos se pusieron al servicio de las autoridades sanitarias del país, para combatir la enfermedad, aunque esas conductas no fueron apabullantes.

Lo que sí puede observarse como una tendencia, es el aprovechamiento que hicieron de la epidemia, especialmente las drogrerías, botícas o farmacias, quienes un día si y otro también anunciaban un “nuevo medicamento” eficaz contra la gripe española, sin que hubiera mayor control por parte del gobierno; o bien, también fue patente el aumento de los precios.

La Covid-19, frente a la gripe española y conclusión. Las enfermedades de la gripe española y Covid-19 tienen puntos de contacto y diferencias.

Los virus que dan lugar a una y otra son diferentes, aunque sus manifestaciones son muy próximas; los potenciales infectados podían y pueden ser de cualquier perfil, pero en el caso de la gripe española, los grupos de personas más vulnerables eran jovenes de entre 20 y 40 años, mientras que la Covid-19, tiene como grupos vulnerables a los adultos de 60 o más años y/o con comorbilidad (presión arterial alta, diabetes, obesidad…)

Ambas enfermedades son muy contagiosas, teniendo como puerta de entrada regular el sistema respiratorio y provocando una patología similar.

En los dos casos, al irrumpir en el medio humano, no se tienen tratamientos, medicinas, ni vacunas específicas para remediarlas.

En ambos casos, la letalidad acumulada es elevada (si bien, la gripe española ocasionó al parecer entre 20 y 50 millones de decesos en todo el mundo, eso ocurrió entre 1918 y 1919-20, mientras que la Covid-19 al 30 de abril, y luego de solo cuatro meses, ha causado 238,663 decesos, pero en un contexto diferente)

Justamente, en los contextos, también se dan fuertes diferencias. Mientras el mundo de 1918, era un orbe en guerra con todo lo que ello supone, con medios de comunicación no avanzados y vías poco desarrolladas, con una ciencia y técnicas aletargadas, como también ocurría en México que apenas salía de la revolución; en la época actual, por el contrario, el mundo no está en guerra (al menos abierta o es de diversa forma), las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han avanzado exponencialmente, las rutas terrestres y de todo tipo son amplias, la ciencia y la técnica se encuentra en un progreso acelerado y esto es, en buena parte compartido por México.

Así que el contexto en el cual tuvo lugar la gripe de 1918, dificultó una respuesta organizada, coordinada y proporcional a la epidemia, lo cual a la postre provocó el gran número de muertos anotado; y, por contrapartida, el contexto actual en el cual tiene lugar la Covid-19, ha permitido reaccionar de forma más oportuna al problema y de ahí la tasa de letalidad controlada que se observa, de frente a la gripe española de 1918.

Por eso, aunque la gripe española y la Covid-19 son diversas, guardan semejanzas, en especial, con respecto a su gravedad y por ende son equiparables.

Otros aspecto similar es que las reacciones de los gobiernos en ambas epidemias, ha sido errático (aunque hay casos de atención oportuna salvables en la Covid-19, como en los de Alemania, China, Islandia…) y tal como ocurrió en la gripe de 1918, ahora frente a la Covid-19, en un inicio se partió de la ignorancia (incluso en Wuhan, China), se negó o minimizó la epidemia en varios países (En nuestro país, en Estados Unidos, Reino Unido…) y se terminó por aceptar su gravedad, adoptándose hoy medidas muy similares a las de 1918: lavado de manos, aislamiento, acudir en caso excepcional al médico…

También como ocurrió en la crisis de 1918, la gestión de la pandemia por los gobiernos, no se ha logrado despojar de un aroma, intención o, al menos, de una modulación “política” (cómo se cuentan los casos positivos, los decesos, lo que se da a conocer, lo que no se comunica, la manera en que se hace, lo que se gasta, la dosificación de la información, etc…) y como ocurría entonces la competencia -la lucha- política entre el orden federal (nacional) y estatal (provincial) es algo reconocible, no solo en nuestro país, sino en muchos de los países del mundo.

En muchos de los países de la tierra no hay sinceridad de los políticos en su relación con los ciudadanos.

Por otra parte, los intereses de los grandes capitales siguen ahí, como ocurrió en 1918, y hoy, la carrera por “la cura” o un “tratamiento” es la competencia por lograr los ingresos derivados por las compras masivas actuales y potenciales de cada medicina, vacuna e instrumento que consiga curar o que ayude en la enfermedad.

En 1918 se hablaba de tónicos, pastillas, etc., hoy se habla de túneles de sanitización, de tal o cual medicamento milagroso contra la Covid-19, solo sustentado en el dicho de “pacientes”, del remdesivir y así por el estilo. Es el lucro con la crisis, que ahora podría tener cara de portal de consumo de bienes digitales (apps, games, películas on line, etc.) alimentos (cuyos precios se han elevado) medicinas y herramientas (cubrebocas, guantes…) y atención sanitaria (privada, especialmente, en donde una cama en hospital alcanza precios muy altos) también por ejemplo.

¿Qué medidas adoptarán los gobiernos y empresas, cuando se supere la emergencia derivada del Covid-19?

Es muy probable que muchas de esas medidas se confundan con los intereses egoístas del momento, como ocurrió en 1918, solo que hoy, el contexto es diferente, y los ciudadanos podemos influir mejor, así que la idea no solo es estar expectantes a las medidas por venir, hay que deliberar y participar como la política y el derecho lo permitan de forma legítima.

De 1918 a 2020, ha pasado prácticamente un siglo, y no se debe permitir que esta pandemia pase como una anécdota, sin provocar algunos cambios buenos para todos. Ojalá se entienda.

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