Con Cristo subimos a lo más alto y profundo del Misterio. Conocemos al Padre y al Hijo y entramos en su vida de amor.

En tu vida. Juan confiesa que vivió una fiesta inolvidable en la liturgia bella y festiva de la santísima Trinidad.

Se dejó llevar por el ambiente, los cantos, el silencio, la oración y saboreó un poquito la experiencia de conocer a Dios.

Dios habla. Estamos en la realización plena de la redención, entramos a la claridad de su luz, a la experiencia beatífica de su amor. De la obra grandiosa de Dios celebramos el memorial en la sagrada liturgia.

En el fondo, la historia de los pueblos es una búsqueda de un más allá, de Dios, de su ciudad mítica, del paraíso, de la Jerusalén celestial, de la patria del cielo. Una imagen desdibujada es la 4T.

La vida humana es una búsqueda a tientas, tímida de Dios. Igual, en la historia de los pueblos se vive esa búsqueda y ese sueño de encontrar al Creador y la ciudad ideal. Es el advenimiento del Reino.

El camino regio, de roca de granito es la revelación que Dios hace de sí mismo y que culmina en Jesucristo. El personaje más importante, sin ninguna comparación es este personaje divino que se presenta a sí mismo como el gran Revelador de Dios.

Los hombres piensan buscar es Dios, la realidad es que Dios busca a los hombres como aparece en la experiencia religiosa de los pueblos, de manera muy clara en el pueblo de Israel.

Es Dios quien entra en la historia del pueblo, en el momento épico y fundante de la salida de Egipto y la alianza en el monte Sinaí. “El Señor, pasando delante de Moisés exclamó: yo soy el Señor el Señor Dios, compasivo y claramente, paciente, misericordioso y fiel… Moisés se postró en tierra y lo adoró diciendo: dígnate venir ahora con nosotros… Tómanos como cosa tuya”.

Con el paso de los siglos, Dios se va manifestando y los hombres lo conocen mejor en su experiencia. Las revelaciones se centran en un personaje de importancia única, el Mesías, El ungido de Dios, el que Dios consagra para realizar sus planes divinos de salvación.

Cristo es el revelador del Padre, así lo despliega Juan en su evangelio. Descubre el misterio y extrae maravillas inimaginables del misterio de Dios. Este domingo aparece el Padre que se sigue entregando en Cristo. Hay la confirmación de una realidad increíble, divina de Dios: es amor:

tanto amó Dios al mundo que le entregó a su hijo único”.

La imagen de un Dios tiránico y justiciero, castigador está muy lejos del mundo de la Revelación. El Amor que entrega al Hijo es un gesto con nada comparable en el mundo de los hombres.

Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado”.

La fe es otro gran tema de San Juan. La fe es regalo de Dios y es entrega del hombre para vivir una gran alianza para que todos los hombres se salven.

Hay que dejarse encontrar por Cristo y seguirlo, vivir una gran alianza con él, hacer de la propia vida un sacrificio salvífico, agradable al Padre.

Vive intensamente. Entra con Cristo en el divino misterio de Dios, de amor y gloria.

Cristo está aquí. En la misa, Cristo nos lleva a la vida íntima de Dios, probadita de la gloria.