Cristo vence la corrupción, el pecado y el crimen con su resurrección así es nuestro pastor y guía y nos da la vida plena e inmortal.

En tu vida. Muchos hermanos han tenido la experiencia de encontrar a Cristo resucitado.
El jefe que no engaña, que no se sirve de los pobres, que traen los bienes verdaderos, es El. trae la paz esperada.

Dios habla. Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, resucitando de entre los muertos lleva a su cumplimiento el proyecto secreto de Dios de salvar al hombre con su mundo. Los católicos seguimos a Cristo resucitado y lo anunciamos.

Cristo resucitado cambia la historia de los hombres, le da una abertura al mundo de lo alto y a los hombres nuevos.

Los paganos, cuando los judíos rechazan a Cristo como Mesías, aceptan la salvación y se convierten. Se obran prodigios divinos en el mundo: los enfermos se curan y los paganos se convierten a Cristo y se unen a la comunidad de los que habían de salvarse.

Así lo explican los apóstoles en su gran actividad misionera: “así nos ha ordenado el Señor cuando dijo: yo te he puesto como luz de los paganos para que lleves la salvación hasta los últimos confines de la tierra”.

Los Hechos de los Apóstoles son la historia apasionante de esta gesta, de esta Historia de la Salvación que continúa.

Es tiempo de gran actividad pero se siente la gran alegría del Espíritu. “Los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna”.

Se abre ante los hombres el horizonte de la vida inmortal y definitiva, de la gloria y felicidad que espera a los seguidores de Cristo, redimidos. Juan lo contempla en una visión: “vi una muchedumbre tan grande, incontable de todas las naciones y razas…” Llevaban túnica blanca y palmas en las manos. “Estos son los que han pasado por la gran tribulación y han blanqueado su túnica con la sangre del cordero”. Es una visión del cielo.

En la gran tribulación de la cuarta transformación, nosotros también podemos ser testigos, mártires y lavar nuestras túnicas en la sangre. Necesitamos no tener miedo, denunciar el autoritarismo, los errores oficiales y descubrir las intenciones del tirano, la Bestia del Apocalipsis.

Después de la resurrección, Cristo se convierte en el buen pastor, sus palabras se cumplen: “ mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”. El es el único Mesías que puede dar a todos los hombres, especialmente a los pobres los bienes del mundo nuevo, las realidades definitivas: “yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás”. Su palabra y no las declaraciones de los falsos mesías traen la liberación de la corrupción, el progreso y el bienestar genuino y universal.

El único Mesías nos da la seguridad que buscamos: “ no perecerán jamás, nadie las arrebatará de mi mano”.

Hay algunos mesías políticos que pretenden resolver todos los problemas, acabar con los males, dar todos los apoyos derramando dinero y traer el bienestar para todos. Están enajenados, no ponen los pies en la realidad, no asumen la realidad precaria, tenaz, resistente, dolorosa.

Aunque tuvieran todas las riquezas del mundo no podrían ofrecer el paraíso perdido. El paraíso sólo lo da Cristo por mandato del Padre. “El Padre y yo somos uno”.

Por eso es bueno que abrir “ reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos… Su pueblo y su rebaño”.

El puede darnos el bien supremo y eterno que deseamos y llevarnos a gozar de las alegrías celestiales, de la fiesta más rica, perfecta, soñada.

Vive intensamente. Cristo está ante ti resucitado, contempla su gloria, adóralo. En la transparencia síguelo, en su mundo nuevo.

Cristo está aquí. En la misa entramos en la gloria de Cristo, bajo los velos del pan y del vino. Nos alimenta con su vida celeste.

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