Por Antonio Aguilera/@gaaelico

Toluca, Estado de México (MiMorelia.com).- Vine a Chimalpa porque me dijeron que acá votaba mi padre, un tal Pedro X, y que a pesar de que tenía años de muerto, él o su espíritu se presentaba puntual a votar en las casillas en favor del PRI, aunque quien portaba su nombre era otra persona, con otro rostro y otra historia. Esta alegoría del inicio de Pedro Páramo se puede aplicar sin remordimiento a la bajeza literaria a lo que sucede en esta entidad, en donde el tiempo se detuvo hace 89 años, cuando entonces el vendaval revolucionario sentó sus reales en estas tierras con la ya prehistórica frase de “sufragio efectivo, no reelección” y estableció una dinastía de cachorros de la Revolución que ha hecho valer su autoridad a fuerza de pobreza, dádivas, miedo y cooptación.

El PRI ha “gobernado” por un largo espacio de 89 años y las causas iniciales de justicia social de su época revolucionaria devinieron en las peores condiciones de pobreza, marginación, exclusión, hacinamiento, violencia y corrupción.

Si le creemos a los números oficiales del resultado de la elección, que de acuerdo con el Programa de Resultados Electorales Preliminares, nos indican que el priísta Alfredo del Mazo Maza cuenta hasta el momento con 33.7% de los votos, frente al 30.8 de la morenista Delfina Gómez, lo que en números fríos representa solamente una diferencia de poco más de 165 mil votos, que frente al espectro de 11 millones 400 mil electores, es nada, lo que indica que la elección se va a los tribunales.

El PRI se aferra con las uñas al bastión que ha heredado por generaciones en estas tierras, y se trata de la elección más discutida de toda la vida “democrática” en esta entidad. De hecho su antecesor, Eruviel Ávila Villegas, alcanzó la friolera de 3 millones de 18 mil votos, frente a los poco más de un millón 955 mil de Del Mazo, poco menos que la mitad.

Para podernos dar una imagen de quiénes son y cómo viven ese millón 955 personas que le dieron otros seis años de gracia al PRI al frente del poder ejecutivo, Chimalpa es un fiel ejemplo de cómo el PRI mantiene en funcionamiento su añejo aparato de cooptación y sometimiento de la voluntad popular.

San Francisco Chimalpa se localiza en la parte alta del municipio de Naucalpan, aquí la gente se aferra a su pedazo de tierra que le puede robar al cerro a fuerza de pico y pala, o gracias a las retroexcavadoras de las empresas que son propiedad del tío Arturo, como se le llama a Arturo Montiel, tío del presidente Enrique Peña Nieto y un engranaje más del todo poderoso grupo Atlacomulco.

Las calles serpentean entre cañadas, y las casas se aferran a las varillas y la piedra al borde los voladeros. El agua entubada escasea en este pueblo, pero nunca falta la coca cola y la comida chatarra en las tienditas.

Chimalpa forma parte de ese cinturón de hacinamiento que rodea por el cuello a la Ciudad de México, y en donde más de un millón 302 mil personas son víctimas de este problema. El municipio más sombrío es San José del Rincón, que suma 31 por ciento de hogares hacinados. Edomex se encuentra en la lista de nueve estados en los cuales creció el número de afectados de 2012 a 2014, junto a Baja California Sur -con el mayor repunte-, Campeche, Chihuahua, Guerrero, Sinaloa, Veracruz, Colima y Sonora.

Las casas de la amistad

En pleno día electoral, y en las últimas semanas, el viejo fantasma revolucionario vuelve aparecerse en estos pueblos, pero ahora en forma de láminas de asbesto, despensas, camisas y mandiles de los candidatos, y ahora con la nueva modalidad de tablets para los jóvenes, y cilindros de gas llenos para las amas de casa.

El PRI sabe cómo operar para obtener votos, y lo hace de forma quirúrgica: como nunca, este domingo –día de mercado sobre la antigua carretera libre Toluca-Naucalpan- se establecieron campers de “organizaciones civiles” para ofrecer de forma gratuita consultas médicas, mastografías, revisiones oftálmicas, y otros servicios. También, por las estrechas calles de Chimalpa, ululaban los camiones con cilindros de gas, caso curioso, ya que este servicio no se presta en domingo, pero los más de 10 camiones bajan pequeños cilindros de 20 kilos en todas las casas, y los ciudadanos se arremolinaban para recibir su “apoyo” electoral.

Denuncias hechas por los representantes de los partidos políticos, señalaron de la existencia de las llamadas “casas de la amistad”, en donde amas de casa desfilaban para salir cargadas con bolsas del mercado llenas de verduras y otros comestibles. La novedad, fue la entrega de tablets a los jóvenes y algunos celulares de bajo costo.

Los halcones rojos

La dinámica de “movilización” de los votantes en esta comunidad, funcionó como reloj: unidades del transporte público, conocidas como peceras, se acercaban a las casillas llenas de personas. De ellas bajaban un variopinto grupo de electores, ya que por las empinadas calles tenían que subir tanto jóvenes primo-votantes de 18 años, como señoras nonagenarias, que a paso de bastón llegaban hasta las urnas.

En el trayecto, este ejército electoral del PRI tenía que pasar por varias aduanas: primero, 100 metros antes de llegar a las casillas, su nombre era verificado en listas que los operadores tenían en su poder, posterior a ello, hacían fila ante la mesa de los funcionarios de casilla, y en todo momento eran auxiliados por personas que portaban chalecos del Instituto Nacional Electoral de color rosa, caso curioso, porque esta elección fue completamente organizada por el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), cuyo color oficial es violeta.

Una vez que votaban, los “soldados” de la revolución institucional, eran cotejados por otra aduana, que checaba la orientación de su voto, y después con toda calma, la gente se volvía a subir a su pecera, para dirigirse a su ciudad de origen.

Todo este carrusel era vigilado de cerca por un grupo de personas apostadas en la cercanía de las casillas, arriba de vehículos, o descaradamente parados a fuera de los centros de votación. En su mayoría eran mujeres, que se distinguían por llevar varios celulares, y una bolsa de canguro aferrada a la cintura, con mirada expectante a todo lo que fuera extraño o ajeno al operativo.

El reloj se detiene

Una vez que cerraron las casillas, la actividad del resto de los operadores se concentraba en sacarle fotos a las llamadas sábanas, las listas oficiales que arrojaban el resultado de cada sección, para ser remitidas a los cuarteles centrales de cada partido político.

Aquí termina el circo electoral, y en San Francisco Chimalpa todo retorna a la normalidad, la pobreza vuelve a enseñorearse y el reloj de la revolución se detiene como hace 89 años. Los ciudadanos satisfechos regresan a sus casas tras darle otros seis años de vida al viejo sistema, que ya está a punto de cumplir 100 años.

La gente vuelve a lo suyo, al día a día, y la lucha por arrancarle un espacio al cerro recobra su vigor. Por lo menos esta semana, los 20 litros de gas y las verduras producto del botín electoral, les ayudarán a capotear la crisis, pero tan sólo esta semana.