“Algo importante sucedió hace 25 años con la declaratoria de Morelia como Patrimonio de la Humanidad”, señala el investigador histórico Gerardo Sánchez Díaz (Foto ilustrativa: ACG)

Por: Héctor Jiménez @Hectorjjmm

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Hace 25 años seguía su curso el proceso de degradación del Centro de Morelia. El desorden se expresaba en calles, portales y plazas públicas, como la Valladolid, donde reinaba el descuido, la suciedad y los vendedores ambulantes.

Tanto la cerrada de San Agustín como los portales del primer cuadro de la ciudad estaban ocupados por vendedores ambulantes que ofrecían comida, artículos de uso personal, juguetes y adornos prácticamente desechables. La plaza Valladolid, también conocida como “San Francisco”, era un mercado que hacía difícil transitar debido a que hasta las banquetas estaban ocupadas por los puestos de vendedores ambulantes. La gente podía acudir a la plaza, pero no como ahora, que se encuentran con un espacio abierto, donde se puede caminar y observar lo que hay alrededor.

Hoy el tránsito por los portales Hidalgo y Galeana todavía es difícil, no a causa de vendedores ambulantes, sino porque las mesas de cafés y restaurantes dejan un pasillo menor a un metro de ancho para permitir el paso. Sentados a esas mesas hay turistas, funcionarios, periodistas y personas mayores; bebiendo café, fumando cigarrillos, comiendo platillos típicos. Quedan, todavía, los boleros a los pies de sus clientes y los puestos de periódicos, que ahora también ofrecen revistas, libros, cómics y dulces. Avanzar es toparse con meseros y ver los locales de hamburguesas estadounidenses, de restaurantes de empresarios locales y de la tienda de línea del hombre más adinerado de México.

Algunos historiadores han señalado que en las plazas principales de grandes ciudades, como el Zócalo de México, se encuentran representados tres poderes: el político, el económico y el religioso… a veces se agrega un cuarto poder: el académico. En cuanto a Morelia, no es el caso. En su primer cuadro se encuentra el poder religioso representado en la catedral metropolitana, el político con el Palacio de Gobierno y el económico con las sedes de bancos y cadenas comerciales internacionales.

La calle Morelos, en su sección con vista a la catedral, alberga dos tipos de establecimientos dispares: boutiques de ropa de diseñador y farmacias, además de los hoteles, pero que prácticamente se encuentran repartidos por todo el primer cuadro. En el lado oeste, el portal Matamoros es otro pasillo cubierto, pero en menor medida, por las sillas de restaurantes y cafés. En su centro el paso se encuentra interrumpido por la reconstrucción —infructuosa durante más de seis años— de lo que antes era el “Cine Colonial”.

Veinticinco años atrás los cines antiguos de la ciudad, como el “Colonial” y el “Del Río”, ya habían cerrado o se encontraban en su última y peor etapa. Los cafés tampoco abundaban, estaban los de los portales y los de los hoteles, no como ahora que hay uno en cada cuadra. Los máximos eventos culturales de la ciudad eran el Festival de Música y el Festival de Órgano, que también marcaban los encuentros sociales más importantes… aún faltaban varios años para que arrancara el festival de cine en la ciudad.

“Algo importante sucedió hace 25 años con la declaratoria de Morelia como Patrimonio de la Humanidad”, señala el investigador histórico Gerardo Sánchez Díaz, “permitió a los diversos niveles de gobierno y a los propios habitantes de la ciudad tomar medidas para reordenar la ciudad… el reordenamiento tardó años en darse, no fue de un momento para otro. Hubo que dar limpieza a las calles y a las banquetas por el descuido que se había venido recibiendo”.