Por Víctor Armando López.*

 La lucha social siempre será válida en cualquier lugar del mundo, ya que a través de ella se brindan ciertos equilibrios ante el ejercicio excesivo del poder. Sin embargo, están los movimientos pensantes y los más denigrantes: los manipulados.

Tal es el caso de Michoacán, en donde se respeta la libre manifestación y la libre reunión, pero en donde las principales movilizaciones las encabezan profesores de la CNTE y estudiantes normalistas, todas manipulados por terceras personas, con intereses oscuros, incluso utilizando las mismas tácticas que el mismo crimen organizado. 

Y es que bajo el pretexto de manifestar sus inconformidades, unas de carácter estatal y la mayoría de responsabilidad federal, ambos grupos cometen diversos delitos que van desde el secuestro, robo, daño a las cosas, al mobiliario urbano e histórico, entre otros. Ahí es donde precisamente trasgreden los límites de sus derechos, pues violentan los de terceros, por tanto es cuando al Estado le corresponde intervenir, para hacer guardar el orden social.

Ante estas prácticas que realizan los normalistas y los profesores democráticos, queda claro que ya son parte de la “narcocultura”, y no es una apreciación del autor, sino de un gran segmento de la población y ellos mismos lo respaldan con su actuar.

Peor aún es que a ellos ya se suman los movimientos estudiantiles de la Universidad Michoacana, y aunque son varios, el más vergonzoso es el de Aspirantes Rechazados, pues lo encabezan pseudoestudiantes que no son de la entidad y peor aún, que ni siquiera son parte inscrita de esta casa de estudios.

 Uno para llevar

A través de los años en todas las familias se hace un gran esfuerzo para que los hijos tengan la oportunidad de estudiar. En muchas con la idea de que se superen y que puedan lograr lo que los propios padres por diversos motivos no lograron: tener una licenciatura.

Bajo esa premisa se hace el sacrificio para que los aspirantes a profesionistas queden inscritos en alguna de las universidades públicas o normales. De ahí que los padres hacen milagros para poder mandarlos a la capital michoacana o a alguna otra ciudad en donde puedan realizar sus estudios. Se venden terrenos, coches, se duplican las horas de trabajo y más.

Y todo para que muchos caigan en las manos de liderazgos que los manipulan a más no poder, al tiempo que pierden cierta comunicación con sus progenitores.

Por favor, padres de familia, si bien se sacrifican por sus retoños, no pierdan contacto con ellos, hagan valer su calidad y oriéntelos, antes de que se vuelvan fósiles estudiantiles o de que caigan en las influencias del crimen organizado.

O si ya saben de sus pasos, tengan dignidad y no sigan fomentando el desarrollo de la criminalidad, exigiendo que saquen a sus hijos de los penales.

 Dos con salsa

 El que los normalistas recientemente detenidos hayan salido libres, a simple vista habla de una total impunidad. Pero más allá de ello hay una responsabilidad en la mala integración de las carpetas de investigación. Y ahí sí existe una mayor deficiencia, tanto de quienes las conforman como de quién es su jefe superior, pues no está al tanto de la preparación de sus subalternos.

 Y uno para aquí

No sólo se debe responsabilizar y culpar al gobierno por los desmanes de los normalistas, aquí la responsabilidad básica se tiene en el seno materno. La duda es: ¿A caso se tuvieron hijos para sumarlos a temprana edad a la delincuencia? ¿Actualmente se enseña en las familias michoacanas a que los hijos roben, secuestren o dañen el patrimonio ajeno? ¿En qué momento tu responsabilidad como padre se la cediste a las normales?

Abrazo fraternal.