El suceso de la muerte no es un accidente, al menos no lo es como resultado indisponible del existir; quizá sea un accidente solo en el sentido de los modos y de los tiempos, porque no se sabe, salvo en algunos casos, cómo, ni cuándo ocurrirá; pero por lo demás, la muerte es el resultado más sabido del devenir de las personas, aunque poco o nada hablemos de ella.

Has de venir, como viene la noche,
Con gotas claras, en el negro capote
Todas las personas tendríamos que hablar de la muerte, no como una aspiración, porque no es algo a lo que se deba aspirar; tendríamos que hablar de la muerte para comprender prudentemente el suceso, sus causas, el dolor, su desarrollo y sus consecuencias, así como para tratarla, aprender a sobrellevar la muerte de los seres queridos y vivir de una mejor manera.

Te acomodas a mi lado y te reprocho,
Sabía que llegarías, hablemos de todo.
Un punto es que deberíamos tener una actitud más razonable frente a la muerte, en especial, si se trata de la muerte de alguien más y asumir que la dignidad de la persona no concluye con su muerte.

Los huesos no son huesos, son atestes,
Pluma de la vida que se fue en vaivenes.
Es lamentabilísimo que el cuerpo de las personas que han muerto sea tratado como ganado, sin decoro y que se les cosifique, pasando por alto que ese cuerpo es el testimonio de la vida misma y de su muerte; asimismo, es reprochable que se mancille su memoria.
Acaricio tu frente fría y sigues en ella,
Ya nada puedo reflexionar de tus ideas.
Otro cuestionamiento capital, debe enderezarse ante el egoísmo patrimonial por la muerte de la persona que se ocupó de nuestro bienestar en vida, porque mancilla no solo al que muere, sino al que sobrevive.

La muerte deja bienes a su paso,
Y los bienes, males para el ingrato.
Tenemos mucho que aprender de la muerte, es una gran maestra del ser y de cómo debemos ser.
Vienes y vas, vas y vienes, mostrando,
La ruta del ser que somos, de humanos.
Algo aprendemos de la muerte, pero no hemos aprendido que no es insignificante, que no es intrascendente, que no es útil, que no es una violencia justificable y que no es, ni al principio ni al final, un argumento loable de la política.

Es doloroso pasar por las calles y saber que en cada una, que en cada esquina, la muerte arrebató la existencia de una persona, con el metal de las armas, la ineficiencia de los gobiernos y la ausencia del derecho. Hoy son cientos de miles quienes han muerto.
Las calles se han convertido en criptas,
De varones, doncellas, chiquillos y niñas.
Pero, a pesar de todo, creo que se debe conservar la máxima de que las cosas no se crean, ni se destruyen, que solo se transforman y que en ello, siempre existe esperanza.

Tiempo hace que te fuiste con solo el cuerpo
Y donde yacen tus restos, nacieron girasoles.