La vida humana es pobre y débil, necesita la ayuda de Dios, El acude siempre cuando lo llamas.

En tu vida. Siempre tenemos momentos críticos de prueba y necesitamos que nos ayuden, necesitamos a alguien más grande. Son momentos en que sentimos todo el peso de nuestra nada y sentimos morir.

Dios Habla. El hombre es un ser tan débil, tan pobre, es la salvación es la historia de un Dios que crea y mantiene en la existencia y ayuda a sus hijos. El hombre es una criatura limitada que depende de Dios en la existencia y en tantas pruebas de la vida.

Dios no es arrogante ni prepotente, es un amigo sencillo, se deja suplicar se deja suplicar como en el caso de Abraham, en el caso de Moisés, de tantos, otros amigos.

El libro del Génesis nos muestra un ejemplo hermoso y elocuente. Dios ha decidido acabar con los habitantes de la ciudad de Sodoma. Abraham intercede por los justos de la ciudad con gran confianza y con insistencia.

Cristo enseña a orar a sus discípulos, les enseña la oración más sabia, rica para hablar a Dios como papá, Abbá, les enseña la Oración del Señor. Es muy bella, sintetiza el mensaje de Cristo y los grandes temas de la salvación.

El Padre Nuestro es una obra maestra que encierra las riquezas de Dios y las necesidades fundamentales del hombre. Es un himno, un credo y nos enseña a pedir los dones de la vida nueva, de lo alto. hay que regresarlo con todo recogimiento.

Cristo enseña también la manera de orar: dirigirse con toda la fe, no flaquear en la súplica.

Como el suplicante de la parábola, hay que orar con una confianza total en que Dios quiere y puede ayudarnos. nos enseña una actitud que raya en la imprudencia, hasta cansar a Dios. Hay que pedir como con derecho, con exigencia.

Jesucristo revela una gran cercanía con Dios quien al final concede lo que sus hijos le piden.

Debemos ser sabios para pedir el verdadero tesoro y lo que verdaderamente nos conviene: al Espíritu Santo con todos los regalos de la vida nueva, la felicidad soñada, la inmortalidad…

Dios escucha a sus hijos renacidos a su vida en el bautismo, nos ha regenerado. Cristo con su muerte pagó la deuda infinita de nuestros pecados.

Ustedes estaban muertos por sus pecados y no pertenecían a la familia de Dios. Pero les dio una vida nueva con Cristo perdonándole sus pecados”.

Somos hijos de Dios, ¡qué quieres dicha inaudita! Necesitamos vivir como hijos de Dios. experiencia muy grata, él es bueno más que todos los hombres, no abusa de los humildes como muchos hombres del poder. “Si ustedes que son malos,… Cuanto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”.

Ser hijo de Dios es hablar mucho con el Papá del cielo, como Abraham, es interceder por la sociedad pecadora, es orar, pedir con insistencia hasta ser escuchados y recibir los favores.

Los pobres, los marginados, los sin voz son recibidos por Dios. Es motivo para admitir alegres.

Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor: siempre que te invocamos nos oíste… Se complace del señor en los humildes y rechaza al engreído”.

¡Qué recurso divino es la oración!

Vive intensamente. Necesitamos los católicos crecer en nuestra fe, acercarnos a Dios y suplicarle.

Cristo está aquí. Nos da confianza y amor, como prueba, nos alimenta con su Palabra, su cuerpo y su sangre.