Queridos amigos de MiMorelia.com, los saludo y comparto con ustedes un tema que se ha vuelto apremiante en la actualidad, que ha tomado especial relevancia en Michoacán por los recientes acontecimientos en materia ambiental; se trata de la estrecha relación entre el sistema económico y el funcionamiento de los ecosistemas.

A lo largo de la historia, la naturaleza ha servido de proveedora de insumos para el funcionamiento de las sociedades, brindándonos todo lo necesario para sobrevivir y, además, permitiendo la transformación de sus recursos en beneficio de la humanidad, a tal grado que se llegó a creer que éstos eran infinitos y su explotación no traería consecuencias, apostando en todo momento a que la revolución tecnológica nos salvaría de la catástrofe.

Sin embargo, ante el atípico comportamiento del clima, reflejado en periodos de extrema sequía, seguidos de un lapso de lluvias torrenciales y frío intenso, acentuados ciclos de tornados, etcétera, queda claro que, de continuar la tendencia, los impactos para la economía serán devastadores.

En las últimas semanas hemos escuchado de innumerables incendios no sólo en Michoacán, sino en el país y el mundo, cuyas repercusiones van más allá de la pérdida de biodiversidad. El tema de la valoración económica de los recursos naturales es relativamente reciente y se trata de una rama en construcción, ya que a pesar de la existencia de diversos métodos que tratan de cuantificar el costo del desgaste ambiental en términos monetarios, es sumamente complicado poder contemplar todas las variables y consecuencias de las interacciones de las sociedades con la naturaleza.

En México, de manera oficial, se desarrollan algunos indicadores que, si bien no muestran en su totalidad las secuelas de la degradación y el agotamiento, sí brindan parámetros que nos dan una idea. El indicador principal se denomina Producto Interno Neto Ecológico y se refiere al Producto Interno Neto (PIN) ajustado por los costos derivados del agotamiento de los recursos naturales (CAG) y de la degradación del ambiente (CDG).

Entendemos por costos por agotamiento de los recursos naturales y por degradación ambiental aquellos derivados de actividades económicas y en los hogares, en que tendría que incurrir la sociedad en su conjunto, para remediar, restituir o prevenir el agotamiento y degradación, como resultado de los procesos de producción, distribución y de consumo humano, así como el resultado de los impactos ambientales de los hogares.

En este sentido, en México podemos observar un comportamiento poco favorecedor, ya que tan sólo para el año 2017 tales costos representaron el 4.3% del Producto Interno Bruto nacional, lo que asciende a más de 964 mil millones de pesos, de los cuales 128 mil corresponden a costos por agotamiento de recursos naturales, mientras que 836 mil millones son por concepto de degradación ambiental.

Pero, en términos históricos, ¿qué significan dichas cantidades? Al hacer un recuento podemos observar que entre 2010 y 2017 se incrementaron los costos mencionados en un 30%.

Esto es una alerta sobre el futuro, ya que no existe una sola actividad económica que no tenga su base de producción en la naturaleza, y un ejemplo del insumo básico es el agua.

¿De qué manera afecta, por ejemplo, a la provisión de agua de cualquier empresa el hecho de la quema indiscriminada? La respuesta es simple: sin árboles no existe recarga de mantos acuíferos, y en el mediano plazo implica, indirectamente, la indisposición del recurso hídrico para cualquier actividad, y lo mismo sucede con el desgaste de los suelos, la contaminación, etcétera. Todo trae consigo un efecto boomerang.

El precio de las afectaciones al ambiente lo pagamos todos. La contaminación del aire, un asunto en boga en los últimos días, conlleva gastos tanto públicos como privados, al ser causa de una larga lista de enfermedades, cuyo tratamiento repercute directamente en los bolsillos de la población, y en mayor medida, representa un desembolso enorme de gasto público en el sector salud. Y así podríamos seguir hablando de un sinfín de fenómenos que se presentan.

Es el momento de ver más allá, pensar en las futuras generaciones y visualizar a la economía y el ambiente como dos caras de una misma moneda, necesarias de compaginar.

El cuidado del ambiente no significa precisamente un ahorcamiento de la economía; por el contrario, abre una gama de oportunidades para que las empresas transiten hacia una nueva era.

La demanda de productos amigables con los ecosistemas, así como aquellos cuya materia prima principal son los desechos (plástico, sargazo, etcétera), son en la actualidad un interesante nicho de mercado. En la Secretaría de Desarrollo Económico estamos comprometidos con los proyectos que impliquen innovación y, por ende, beneficios para la región, así que, para mayor información y asesoría, no dudes en acudir a nuestros expertos.

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