La pandemia no es la peor realidad terrible. Es el factor que destapa la cloaca, una realidad de descomposición fétida y letal.

La pandemia nos parece un flagelo terrible y desolador, sin embargo, no es el mal más grande. Es el detonante que abre la cloaca de tanta podredumbre y corrupción, de males tan graves que vivimos los mexicanos, muy graves y numerosos.

Necesitamos La mirada atenta Y penetrante Para detectar la podredumbre, La maldad y la injusticia, la violencia y miseria material Y moral. Una situación Insoportable de descomposición social, como un cuerpo nauseabundo, que se desintegra.

Algo muy triste Y lamentable es la maldad, la bajeza Del comportamiento de los individuos. Las bajas pasiones y las conductas más viles aparecen .

Desde los primeros días de la aparición del letal nuevo virus Se hizo notable la ligereza, Irresponsabilidad y vanidad de los responsables de velar por las vidas humanas y su integridad en México.

Cuando se había hecho presente el contagio, no tuvieron  la dignidad para suspender un espectáculo en el Foro Sol, con los contagios que son conocidos.

El gobierno estaba más procupado por sus ventajas políticas enajenado en sus pretensiones de ser el único gobierno bueno de la historia.

Ha sido notoria la frivolidad y la falta de seriedad, el discurso hueco y sobrado, la pretensión de ser los únicos buenos frente a todos los malos que no son del número de sus fanáticos. Se ha perdido tanto tiempo y se ha visto tanta torpeza y se ha desamparado a las clases pobres y muchos han muerto por una gestión desacertada de la pandemia.

Es escandalosa e indignante la falta de calidad humana, son las bajas pasiones y las ventajas mezquinas las que mueven la conducta humana. La conducta de las personas, concretamente las importantes y con responsabilidad social es perversa y absurda.

No hay una jerarquía de valores y las políticas van dando bandazos, no le atinan ni a los bienes. No tienen un centro ni una meta clara que perseguir en línea recta.

La persona humana, centro de los valores y fundamento de los principios no norma la conducta social ni gubernamental.

No hay un progreso y un mercado con rostro humano, la persona es utilizada y sólo vale como unidad de producción y de consumo. Se le manipula para escalar puestos políticos y para mejorar la producción y aumentar las ganancias en dinero.

Venden a los hermanos por objetos de producción y de comercio. Los sacrifican, los aguacateros que hacen fumigar sin precauciones a sus peones los exponen enfermedades como el cáncer que se vuelve pandemia en los pueblos aguacateros.

Pone los pelos de punta el corazón inhumano y despiadado de los patrones. Espanta la sangre fría con que l aplastan y hunden en una vida lánguida y dolorosa, mientras ellos se dan al dispendio y los excesos aberrantes de las pasiones instintivas.

Venden al pobre por un salario mínimo y cancelan sus oportunidades de una vida mejor, en una vida marchita oscura, sin las posibilidades de realizar sus sueños más queridos y de alcanzar una vida digna, mejor.

Por la ausencia de valores, de principios se pierde una convivencia digna, una vida feliz para todos, empezando por los humildes. Es el eterno retorno de las crisis que golpean en lo material a la gente humilde. Esta crisis corrompen todas las dimensiones de la vida humana. Es triste y vergonzoso, en todos los sectores de la vida de nuestro México andamos en la cola: seguridad, educación, respeto a la persona.

Un país tan rico por su gente y sus recursos materiales y geográficos va a la cola detrás de países tan pobres y castigados como Haití, Nicaragua…

No podemos caer en el fatalismo ni vivir agachados, rumiando la derrota. Tenemos la grandeza de alma y de facultades, así como de riqueza externa para enfrentar la postración y humillación que han impuesto algunas élites.

La fe de Cristo es una fuente muy pura y tonificante para levantarnos y recuperar nuestra dignidad personal y nuestro proyecto de grandeza. El mexicano es grande, imparable, capaz de las más grandes realizaciones como nuestros premios Nobel, nuestros genios artistas y deportistas, nuestros realizadores de cine.

La fe es una palanca de fuerza atómica para levantar lo que estaba caído y despertar el dinamismo y los proyectos geniales de los mexicanos. En latino tiene una inteligencia ágil y creadora como los muralistas.

El mexicano tiene una grandeza y un poderío para ponerse de pie y vencer el apocalipsis de la pandemia, del gobierno corrupto, de la “mala leche” de los poderosos y acaudalados.

La Iglesia, familia de Cristo que peregrina en México está del lado de los pobres. Tiene una luz poderosa para recuperar los valores de la persona humana, “anunciando con fuerza el valor inestimable de la persona, denunciando todo lo que se opone a su plena realización…”(CEM, proyecto global de pastoral n. 24).

Es hora de despertar para liberar nuestro ímpetu de grandeza y enfrentar la corrupción y a los corruptos y levantarse del desaliento y la postración. Tenemos todo el poder para vencer la pandemia, la corrupción y la maldad de quienes someten y asesinan.