Cristo tiene para sus discípulos exigencias radicales, increíbles, que se explican porque él es Dios y da la vida plena e inmortal.

En tu vida. Juan estaba encantado con sus negocios, vida social, fiestas, se creía en el Paraíso.

Vinieron los fracasos y las enfermedades, la muerte lo rondaba y Juan sintió que había perdido todo.

Dios habla. Dios creó al hombre, le dio un destino definitivo que la criatura debe alcanzar para ser integralmente feliz.

Lo puso en una existencia difícil, en un mundo lleno de trampas y seducciones, de falsas promesas, complicado donde el Enemigo desea engañarlo y perderlo.

El hombre pierde el sentido de su dignidad divina, peca y llena al mundo de confusión, se pierde entre sombras, sólo lo busca bienes perecederos, paraísos falsos y efímeros y se labra su desgracia definitiva.

El hombre se vuelve soberbio y ciego, quiere ser su propio Dios y conquistar su felicidad.

Necesita volver al proyecto y voluntad de Dios. “¿Quién conocerá tus designios si tú no le das la sabiduría, enviando tu Santo espíritu desde lo alto? Sólo con esa sabiduría lograron los hombres enderezar su camino… Se salvaron, Señor…

“Enséñanos señor a ver lo que es la vida y seremos sensatos”, reza el salmista. Éste ha entendido que “nuestra vida es tan breve como un sueño, semejante a la hierba… Que se marchita y se seca.”

El Padre Dios ha ido educando y formando a su pueblo para volverlo a la salvación. Para la realización plena de su plan envía a su Hijo a la vida de los hombres, él tiene la sabiduría plena, es el Maestro más seguro.

También él da los premios más valiosos, verdaderos, definitivos. A la luz de bienes tan grandes y auténticos podemos entender la exigencia de Jesús. Para alcanzar el cumplimiento de sus promesas hay que renunciar a bienes y ventajas mundanas. Es necesario dejar los apoyos temporales por Jesús.

Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y sus hijos, a sus hermanas y hermanos, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo”. El hombre debe renunciar a sus caprichos y pecados para dejarse guiar por Dios, que lo lleva a su bien verdadero.

En este mundo de lucha y de paso, hacia los bienes verdaderos y definitivos, hemos de aceptar las exigencias del Maestro. “Y el que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

La vida, el éxito la riqueza, todo bien nos viene de lo alto. Suplicamos: “Señor Dios de quien nos viene la redención y a quien debemos la filiación adoptiva…. Que todos los que creemos en Cristo obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.”

Necesitamos vivir la experiencia de un encuentro personal con Cristo. Ahí frente a él debemos decidir si somos capaces de seguirlo hasta el final, como el rey que es atacado por otro rey, como el empresario que va a construir una torre.

Necesitamos hacer un alto en nuestra vida y ver si estamos en la buena dirección o andamos perdidos. No podemos vivir como irracionales y dejarnos arrastrar. Necesitamos dejarnos guiar por Cristo. Así encontraremos el Bien supremo que andamos buscando.

Vive intensamente. Necesitas la conversión: encontrar a Cristo para conocer su Palabra santa y sus exigencias y dejarte guiar por él.

Cristo está aquí. Cristo te espera y te invita a ser su discípulo. Encuéntralo gozosamente en la comunión de su cuerpo y de su sangre.

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