Por: Fabiola Alanís Sámano

“Nadie puede desconocer la fuerza interna del pueblo, ni sus valores; todo el que lo desconozca fracasará”.
Minerva Mirabal

Patria, Minerva y Teresa Mirabal –las Mariposas– fueron asesinadas en la República Dominicana el 25 de noviembre de 1960; la instrucción la dio el dictador Rafael Leónidas Trujillo. Las hermanas Mirabal son la representación de la represión que caracterizó la vida cotidiana en la región latinoamericana y del Caribe desde mediados del siglo XX y, son, principalmente, el símbolo de la resistencia a las dictaduras militares que prevalecieron en gran parte de los países de esa región.

En 1981 se celebró en Colombia un encuentro feminista latinoamericano y se acordó que el 25 de noviembre se conmemorara el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, precisamente en memoria de las hermanas Mirabal.

Desde 1991 se realiza, además, una jornada de 16 días, del 25 de noviembre al 10 de diciembre –día en que se estableció la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948–.

Son 16 días de activismo mundial para sensibilizar a los gobernantes y a la sociedad en general sobre la importancia que tiene la eliminación de la violencia contra las mujeres; en ese marco se realizan jornadas de difusión sobre los derechos de las mujeres, los derechos humanos, se arman conferencias, congresos, pronunciamientos, talleres, capacitaciones, encuentros, intercambios, programas de debate, marchas, jornadas para la prevención del VIH, eventos para la sensibilización sobre los derechos de la comunidad LGBT, mesas de diálogo para la prevención de la trata de personas, de la prostitución infantil y del embarazo adolescente, y también pronunciamientos oficiales; todo eso es bueno, todo abona, todo construye, pero algo estamos haciendo mal, porque los actos de violencia contra las mujeres parecen no tener límites morales, éticos, existenciales.

Desde el 3 de septiembre de 1981, México quedó adherido a la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), uno de los más importantes instrumentos en materia de protección de derechos de las mujeres y al que se han adherido cerca de 180 naciones del mundo (es el único en esa condición); desde entonces se ha sumado prácticamente a todos los acuerdos, convenios, resolutivos, pronunciamientos, convenciones en favor de las mujeres y del impulso de políticas públicas con perspectiva de género, como el Programa y la Plataforma de Acción de Beijín y la adhesión a los 8 Objetivos del Desarrollo del Milenio y a los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible; todo abona, pero esos instrumentos parecen letra muerta frente a la pandemia de la violencia y de la violencia extrema que persiste contra las mujeres en nuestro país.

Las cosas no marchan bien, en menos de 25 años fueron asesinadas más de 50 mil mujeres; hay, lo quieran reconocer o no, un proceso creciendo de feminización de la violencia.

AC