La vida cristiana es una alianza de la persona con Dios. Dios es fiel y llena de regalos, el hombre es infiel, ingrato.

En tu vida. Juan está desanimado porque los fieles no colaboran en la comunidad, son muy flojos e irresponsables.

No quieren hacer nada, no se comprometen, son muy apáticos. Les falta fe.

Dios habla. Dios crea el universo y la comunidad.

La comunidad es como una huerta que el Señor rodeado de cuidados.

Tiene el sueño más hermoso para su heredad. Así lo canta el profeta Isaías.

La comunidad es ingrata, ladrona, chapucera. No entrega al Señor su parte de frutos.

El Señor le envía mensajeros pidiendo su parte de frutos, la comunidad los agravia y asesina.

Uno de ellos es Pablo que los exhorta: “aprecien todo lo que es verdadero y noble… Justo y puro”

Al final les envía a su hijo pensando que a él lo respetarán y le harán caso. Pero los trabajadores malvados lo sacan de la Huerta y lo matan.

El Señor muy enojado les quitan la propiedad y arrasa su colonia.

La parábola pinta al pueblo de Israel, una historia llena de maldad y de violencia. Los profetas, enviados de Dios son asesinados.

El hijo es Jesucristo, los malvados lo sacan de la ciudad y lo matan clavándolo en una cruz.

La parábola pinta también a la Iglesia y a sus comunidades: cuánta necedad, rebeldía, cuántos crímenes.

La parábola pinta el alma del creyente. Debe examinarse bien y reconocer la infidelidad, la traición, la rebeldía y la necedad. Qué cabezón es el ser humano y qué ciego, qué malvado y mal agradecido, que duro para convertirse, ciego, clavado en las cosas mundanas.

Vive intensamente. Examina tu vida de fe y descubre su ingratitud para con Dios. Conviértete.

Cristo con nosotros. Cristo nos pide nuestra parte de frutos, tiene regalos celestes, su cuerpo y su sangre en alimento.