lucero pacheco

A principios del febrero de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró que la evolución del brote del coronavirus dependería de la medida en que se hiciera llegar la información correcta a la gente que la necesita.

La llamada infodemia, es el término empleado por el director General de la OMS, Tedros Adhanom, para referirse a la propagación de desinformación sobre el coronavirus. Tedros hacía referencia a que el coronavirus se propagaba tan rápido como las noticias falsas y eso se convertía en un obstáculo para contener al Covid-19.

El término recién bautizado, se refiere pues a la información falsa o fake news que existe alrededor del coronavirus, y que se ha convertido en un problema mundial porque al difundirse de manera inmediata por las redes sociales o cadenas de WhatsApp crean especulación, duda e incertidumbre en la población.

De ahí el desencadenamiento de noticias falsas que van, en el terreno internacional, desde las teorías conspirativas, hasta lo más reciente en lo local, Zitácuaro, Estado de México y ahora la Ciudad de México con la convocatoria a una “Fiesta Covid”. Son algunos de los ejemplos inmediatos.

México es un caso excepcional y quizás único en el mundo. La comunidad internacional ha criticado las formas en que nuestro gobierno ha combatido la pandemia, desde lo científico hasta el actuar del presidente; y por si fuera poco la crítica a que, desde el púlpito de las mañaneras, se generan discursos confusos y se alienta la propagación de noticias falsas.

A principios de marzo, el presidente dijo que no había riesgo en el contacto físico por abrazos, a pesar de la emergencia del Covid-19 que comenzaba a llegar al país.

Luego, a mediados del mismo mes, el presidente continuaba, fiel a su tradición, besando y abrazando en actos públicos, pese a las recomendaciones médicas del subsecretario Hugo López- Gatell.

Incluso, unos días antes de que se decretara la fase 3 de alerta máxima en el país, insistió en el llamado a la ciudadanía a apoyar la economía local acudiendo a restaurantes y fondas, y aseguró que todavía no era el momento para dejar de salir de casa.

Hace una semana, fueron tres medios de comunicación internacionales los que duramente criticaron los datos oficiales de cifras de Covid-19 en el país. Claro, el presidente minimizó los señalamientos y luego una turba de cuentas en redes sociales alentadas por el discurso de odio y encono, se lanzó a criticar a los adversarios y defender al Gobierno Federal.

Esas desestimaciones del presidente han causado un daño público que afecta a todos, que parten de la desinformación, generan rumores y se convierten en fake news. En este momento, las noticias falsas son efectivamente un riesgo a la protección de la salud y la seguridad.

La exposición mediática que ejerce el presidente todos los días, influye en la toma de decisiones de los ciudadanos. Por eso, es necesario que el presidente redireccione sus discursos y aproveche esa popularidad -ya en franca caída, pero aún popularidad- que lo acompaña para hacer llegar información útil a todo el país.

Sobre todo, que esa información útil llegue a los ciudadanos que siguen creyendo que el Covid-19 no existe; a esa población que, habiendo hecho caso al presidente, sigue desestimando la magnitud de la pandemia. A esa población que, tal vez asintomática, sigue en las calles como una fuente transmisora de movilidad sin control.