areli navarrete mimorelia

La aplicación WhatsApp sigue dando de qué hablar, lo que ha mantenido el tema semanas consecutivas en redes y medios informativos; algo excepcional en estos tiempos en los que las noticias son fugaces. Lo cierto es que el revuelo tiene su origen justificado: la aplicación se ha convertido en la forma de comunicarnos, incluso de vernos, festejarnos y trabajar. Muchos ya migraron a otras plataformas; sin embargo, otros consideran imposible sustituir las redes que ya tienen integradas en WhatsApp, y es a ellos a quienes dirijo esta columna.

En la columna pasada se habló de que las aplicaciones solicitan datos personales, pero que sólo de nosotros depende el consentimiento de otorgarlos y para ello es necesario estar informados de qué datos serán recabados y cómo serán tratados.

La aplicación de WhatsApp cuenta con más de 2 mil millones de personas en más de 180 países, según dice su página oficial en línea; sus puntos fuertes consisten en la facilidad de envío y recepción de una gran diversidad de archivos multimedia, y el cifrado de extremo a extremo en la aplicación; esto último garantiza que, tanto los mensajes de texto y voz, fotos, videos, llamadas y documentos, sólo puedan ser escuchados y/o vistos por las personas que se comunican. Lo anterior garantiza seguridad y también evita que la información privada se use de manera ilegal; incluso, en los documentos de seguridad de la empresa se señala que ni WhatsApp puede ver todo este material que se intercambia entre usuarios.

¿Entonces por qué tanto escándalo? No es la primera vez que la aplicación se envuelve en un meollo, la cual ya acumula más de 100 millones de euros en multas por proporcionar información engañosa a la Comisión Europea durante una investigación, y también –en otro caso– por transferir datos personales de los usuarios a Facebook, y de lo cual la Agencia Española de Protección de Datos ya ha dicho que es indispensable el consentimiento para dicha acción.

Lo cierto es que, pese a las bondades ya explicadas de la aplicación, quedan muchas dudas en relación con los nuevos datos personales que recabará –en su caso– y cuál será su tratamiento, incluso se habló de compartir la información con terceras empresas con la finalidad de tener los perfiles de los usuarios completos, lo que permitirá ofrecer servicios a la medida.

Sin embargo, WhatsApp pospone los cambios en sus condiciones de uso hasta en tanto lo señalado quede despejado, y por ello es que recomiendo que antes de tomar una decisión sobre desinstalar o no la aplicación, se analice el nuevo documento que prometió la empresa dar a conocer previa cualquier actualización, que contiene las condiciones de servicio y las políticas de privacidad, con el propósito de que aquella decisión esté informada.

No se deben tomar decisiones apresuradas cuando se trata de la protección de datos personales; ya miles de usuarios descargaron otras aplicaciones ante el temor de poner sus datos personales en riesgo; sin embargo, la mayoría nuevamente proporcionó información sin conocer cómo será tratada.