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Los ecuatorianos están obligados a usar mascarillas o cubrebocas y guantes al realizar sus actividades (Foto: cortesía)

Morelia, Michoacán (MiMorelia.com).- Desesperación, angustia, soledad y miedo, son sentimientos que se expresan en Ecuador ante la presencia de Covid-19, aunque también gestos de solidaridad y señales de esperanza, señala Susana Vera Martínez, una moreliana que en septiembre próximo cumplirá tres años en Quito, la capital de ese país sudamericano, que tiene prácticamente un mes con toque de queda.

Misionera de la fraternidad católica Verbum Dei, dedicada a la evangelización, subraya que cuando se conoció el primer contagio del nuevo coronavirus, el 29 de febrero último, lo tomaron con tranquilidad “y quizá por algunas personas con poca responsabilidad al no tomar en cuenta el aislamiento después de retornar al país”.

(Foto: cortesía)

Desde su experiencia, la situación se desbordó de la noche a la mañana, y entonces no tenían conciencia de ese gran problema. Incluso, expresa que algunos sectores siguen sin concientizarse, lo cual aceleró el número de enfermos y muertes, que ascienden, según el reporte oficial de las 08:00 horas de este 16 de abril, a ocho mil 225 casos y 403 fallecidos, pero 632 adicionales que posiblemente perecieron por ese padecimiento.

Porque se desconoce la cifra real de decesos, particularmente en Guayaquil, la ciudad más afectada y principal puerto ecuatoriano, donde los datos del gobierno colocan con cuatro mil 353 contagiados debido a esa enfermedad, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró como pandemia el pasado 11 de marzo. También encabeza el número de muertos, pues en la provincia de Guayas, a la cual pertenece, contabiliza 187, cerca de la mitad general.

Guayaquil, lugar del primer caso confirmado, el de una mujer de 71 años de edad que llegó procedente de Madrid, España el 14 de febrero anterior, sin presentar síntomas. Estuvo con familiares y en reuniones sociales, hasta que dos semanas después fue diagnosticada, y murió a los siguientes días.

Debido a ello se conoció como la zona cero de la infección, y las instituciones fueron rebasadas, desde hospitales, centros de toma de muestras, morgues, funerarias, supermercados, dice Susana Vera en entrevista.

“Por miedo al contagio muchas funerarias en Guayaquil no quisieron participar en el levantamiento de los cuerpos y el gobierno actuó un poco tarde, por eso el desbordamiento ha causado un caos. Aunque el gobierno intenta hacer frente, el número de personas confirmadas es incierto porque sólo se reportan los que salen confirmados positivos por las pruebas, los demás pueden estar contagiados y sin hacerse las pruebas”, agrega.

El caos se generó por el rápido contagio de Covid-19. El 21 de marzo se tenían, oficialmente, 251 casos en Guayaquil, que una semana después subieron a 942, y para el 5 de abril alcanzaron los mil 725, hasta los poco más de cuatro mil a este 16 de abril.

Enfermos en casas y calles ante la imposibilidad de ser atendidos en hospitales, varios de los cuales posteriormente murieron, y sumados a los fallecidos por otras causas, colapsaron el sistema de salud y el funerario, donde hasta recurrieron a féretros de cartón corrugado para enterrar a sus personas cercanas, tras esperar varios días ante trámites burocráticos que exigen pruebas médicas a los difuntos por ese nuevo virus. Aun ahora sigue la carencia de lugares para la sepultura y debieron construir nuevos espacios.

Frente a esa situación que pudiera presentarse en México, la misionera católica originaria de la capital de Michoacán, recomendó a sus paisanos tomen las medidas recomendadas por la OMS ahora que están a tiempo, como quedarse en sus viviendas si realmente pueden hacerlo, y sólo salir a cosas esenciales, con mascarillas o cubrebocas; no realizar viajes para no arriesgar la salud de sus familias, especialmente de los mayores.

“Que tomen medidas de higiene en sus casas, aunque suene exagerado, es la única medicina o vacuna que ahora tenemos: lavarse las manos continuamente, y si salen que al entrar de regreso a casa se cambien de zapatos y ropa, lavar y desinfectar todo lo que se introduce a casa: alimentos, productos, etcétera. Y alimentarse bien, consumir alimentos con vitamina C e hidratarse mucho”, apunta.

Uso obligatorio de mascarillas y guantes

Quito es el segundo cantón (similar a una ciudad en México) en territorio ecuatoriano con más contagios de ese coronavirus, identificado por primera vez en Wuhan, China, en diciembre de 2019. Al reporte matutino de este jueves sumaba 682 y 32 decesos -ocho registrados en los informes del 14 al 16 de este mes-. El 8 de marzo inició con ocho casos; al 21 de marzo alcanzó los 50. Diez días después llegó a los 204, y desde entonces a la fecha casi se cuadruplicaron, con 478 nuevos enfermos.

Entre las primeras medidas del gobierno ecuatoriano tras la confirmación del primer contagio, se cerraron las fronteras aéreas y terrestres, y se invitó a la población a permanecer en sus casas si no tenían actividades esenciales a realizar. “Sin embargo, la cosa iba como una avalancha, que tuvieron que declarar toque de queda”, sostiene la entrevistada.

Fue el pasado 16 de marzo cuando el presidente Lenín Moreno Garcés anunció el estado de excepción por calamidad pública, con la suspensión de clases escolares, no concentraciones masivas, restricción vehicular y del transporte público, trabajo desde casa, o con los cuidados y medidas de higiene, y sólo dejaron las actividades prioritarias, igual con protección.

Al día siguiente, 17 de marzo, inició el toque de queda en un horario de 19:00 a las 05:00 horas de la mañana siguiente, y una semana después se amplió de 14:00 a las 05:00 horas de la mañana del otro día, con multas a quienes lo infrinjan, por primera vez, de 100 dólares, moneda oficial en esa nación. Entre el 17 de marzo y el 14 de abril se sancionó a 10 mil 001 personas, así como a 389 por segunda falta, según anunció el Ministerio de Gobierno.

Asimismo, cinco mil 577 conductores de vehículos y dos mil 853 de motos fueron infraccionados en el mismo periodo, por incumplir el horario destinado a circular en las calles de esa nación. De hecho, el pasado fin de semana se prohibió la circulación vehicular de particulares, y sólo permitieron, hasta las siete de la noche, los transportes de alimentos y medicinas, así como de urgencias.

“La mayoría en Quito nos encontramos todo el tiempo en las casas; sin embargo, se puede salir a cosas esenciales, por ejemplo, a comprar alimentos, medicamentos u otros trámites urgentes; los pagos de los servicios se han suspendido por tres meses, después lo podremos realizar”, remarca Vera Martínez, quien tenía previsto viajar a México este mes y debió cancelarlo ante esta contingencia. 

Si requieren salir a la calle, es obligatorio usar la mascarilla y guantes, aunque en algunos lugares se observa todavía concentración de gente, sobre todo en mercados, cajeros automáticos y bancos, como ocurrió a finales del mes pasado, con el fin de hacer pagos de sus tarjetas o retirar dinero, señala.

Para ir a los mercados, dice, es necesario presentar la cédula de identidad, ya que únicamente pueden acudir un día a la semana, de acuerdo al último dígito de su documento oficial. Esa situación ha llevado a registrar problemas de orden público, como en el Mercado Mayorista -donde se venden productos a tenderos-, y otros que aún abren sus puertas, pues nada más permiten cierto número de personas a un mismo tiempo, “lo cual hace que mucha gente quede esperando afuera y no alcance a hacer sus compras antes del toque de queda, que es a partir de las 14:00 horas”.

Al retornar a sus hogares, hacen la higiene personal necesaria para evitar el contagio de Covid-19, y las actividades en la Fraternidad Católica Verbum Dei las realizan por medios digitales (canal de Youtube y cuentas de Facebook de sus integrantes), no de manera presencial. De esa manera continúan su labor de formación, acompañamiento y oración, para transmitir esperanza, confianza, “además de acompañar a cada familia a través de llamadas telefónicas; la creatividad de evangelizar ha crecido mucho para inyectar mucha esperanza”, refiere.

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Miedo y esperanza

Susana Vera admite que sí hay desesperación ante el Covid-19 en Quito y el territorio ecuatoriano, debido a que muchas personas viven al día, no tienen otros ingresos, y varios están sin trabajo, lo cual hace imposible, sobre todo para los más pobres, hacer el aislamiento recomendado.

Subraya: “No pueden, y aunque el gobierno ha implementado la medida de dar un bono de protección familiar de 60 dólares el mes de abril y el de mayo, y algunas instituciones privadas han ayudado, no se alcanza a solventar lo que una familia necesita para vivir”.

También percibe, al tratar a través de su labor evangélica a varias personas, sentimientos de angustia, soledad y abandono, como es el caso de adultos mayores, a quienes sus hijos y demás familiares no pueden visitar por el temor de contagiarlos, porque son de los grupos más vulnerables a esa enfermedad.

Igual se siente el miedo “porque la situación se agrava y el sistema de salud está sobrepasado; además esto va para largo, y por los problemas que conllevará al futuro”.

No obstante, para otros ecuatorianos es una oportunidad de encuentro con la familia, de poder conocerse y compartir más con sus seres cercanos, a la vez de presentarse gestos de solidaridad. Ejemplifica con una persona de su comunidad, quien arriesga su vida por ayudar y proteger a sus empleados -uno de ellos hospitalizado y dos aislados en sus casas-, a quienes visita, les lleva alimentos y auxilia a sus familias.

Iniciativas en Quito de recolectar alcohol, mascarillas y medicinas, con el objeto de llevarlas a hospitales y sirvan a médicos en su labor de atención a los enfermos del nuevo coronavirus, así como el de una familia entera dedicada a fabricar en su casa cubrebocas para el personal de salud y a quienes las necesiten.

Coronavirus en México y Ecuador

Por buen tiempo Ecuador fue el segundo país con más casos de este coronavirus en América del Sur. Hoy, con los datos actualizados a este momento, que ascienden a ocho mil 225, es el cuarto, abajo de Chile, que acumula ocho mil 807; de Perú, con 12 mil 491, y de Brasil, quien encabeza al registrar 30 mil 425. Sin embargo, es el primero en su tasa por pobladores, con 47.06 casos por cada 100 mil habitantes, y su tasa de letalidad es de 4.8 por ciento, sólo superada por la de seis por ciento en la nación carioca.

Con respecto a México, ambos iniciaron prácticamente al mismo tiempo con los contagios confirmados del coronavirus. En nuestro país el 28 de febrero anterior, de un varón de 35 años con antecedente de viaje a Italia, y un día después en el país sudamericano, de una mujer de 71 años, que tuvo un vuelo de Madrid, España hacia Guayaquil. Los reportes oficiales más recientes de ambos reflejan cerca de dos mil pacientes más en territorio ecuatoriano respecto a la República Mexicana, que acumula seis mil 297.

La salvedad es que la población de México es ocho veces más a la de Ecuador, por lo cual la tasa mexicana es de 4.62 por cada 100 mil habitantes, y la otra del citado 47.06.

En cuanto a los decesos confirmados, desde el 21 de marzo la república ecuatoriana superó a su similar. El 29 de marzo la cifra era de 58 allá, por 20 aquí. Hace una semana, el 9 de abril, los datos eran de 272 por 194, aunque ahora la línea varió. Con el reporte del 16 de abril, en México había 486 decesos, y en Ecuador 403, a la mañana de este jueves.

Sin embargo, el informe ecuatoriano refiere 632 muertes más por deficiencia respiratoria, probablemente debidas al Covid-19, lo cual revertiría la tendencia.

Por: Redacción/SJS