La irrupción del virus SARS-CoV-2 en el escenario terrestre, y particularmente en México, ha provocado la adopción de medidas de distanciamiento social correctas que han redituado, a su vez, en la suspensión y/o modulación de actividades en las más diversas áreas de la vida, a las que han seguido consecuencias variopintas.

Las instituciones de educación, públicas y privadas, bajo los lineamientos que las secretarías de educación pública federal y locales como protagonistas gerentes han dictado, han impulsado la continuidad de la educación en todos los niveles, con apoyo en las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información y con la participación activa de los alumnos y sus familias.

La continuidad de los ciclos escolares, ya un poco más planeados en el presente curso, a diferencia del previo que se interrumpió en marzo por el sorpresivo, aunque necesario distanciamiento social y en el cual se sufrió una marcada y entendible desorganización, salvo casos excepcionales, tiene consecuencias positivas, entre las cuales cabe destacar:

1. El seguimiento del proceso educativo, pues los cursos han continuado, con sus más y sus menos.

2. Brinda a los alumnos de todos los niveles una actividad ocupacional, la cual les permite mantener su camino formativo y ayuda en su estabilidad psico-emocional en tiempos de aislamiento.

3. Permitirá que, eventualmente, los ciclos formativos se encadenen con los ciclos económicos en general, pues, por ejemplo la necesidad que tiene la economía de recursos humanos formados con ciertos valores y habilidades, no se verá truncada y los futuros profesionistas y técnicos, podrán ocuparse (al menos en teoría).

4. Ha facilitado la continuidad de las relaciones laborales en el sector educativo privado, al menos en parte (la continuidad de las relaciones laborales en el sector privado, se ha visto truncada en el caso de profesores y personal administrativo auxiliar o secundario).

5. Ha posibilitado que la industria económica que surge en torno a la educación, no sea tan castigada como habría ocurrido de haberse suspendido de forma total el curso educativo (la industria papelera y de útiles escolares, por ejemplo, a pesar de que redujeron sus beneficios, no han llegado al colapso) aunque es claro que hay industrias que han sufrido más esta nueva modalidad educativa, como lo es la de uniformes y calzado escolar.

Al lado de esas consecuencias positivas, sin embargo, hay otras sobre las cuales se puede y debe trabajar:

1. La planeación de la educación en línea, sea que el servicio lo presten las instituciones de educación pública o privada, ha resultado insuficiente, al menos en los aspectos siguientes: A. La capacitación y actualización de los docentes, por lo que hace al diseño e implementación de sus programas de educación concretos frente a grupo, con base en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación; B. La capacitación de alumnos y familias, para el manejo correcto, eficaz y eficiente de las herramientas, aplicaciones y de todo el material educativo en un entorno digital; C. El seguimiento y evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje con los alumnos; D. La provisión y manejo de materiales educativos que no se pueden reducir a los libros físicos o digitales; E. La preparación para el retorno a las clases presenciales (tiempos, espacios, modos, readaptación…) E. La evaluación final de todo el proceso. F. La necesidad y utilidad de la educación en línea en ciertos casos, más allá de la pandemia.

2. La relación de enseñanza-aprendizaje entre docentes-alumnos, se ha ensanchado de ambos lados, a familiares, amigos y conocidos, los cuales participan en mayor o menor grado, dotándola de un tono colectivo con aspectos positivos -el auxilio solidario para el manejo de herramientas neotecnológicas, por ejemplo- como negativos -la sustitución parcial del docente o alumno en sus responsabilidades o la «manipulación perniciosa de las herramientas y aplicaciones» de nuevas tecnologías, también por ejemplo-

3. Otro aspecto en el cual se debe trabajar es en el tamiz autoritario que imprimen los docentes y, por contrapartida, en el problema de información y formación neotecnológica asimétrica favorable a los alumnos adolescentes o adultos jóvenes, en la relación de enseñanza-aprendizaje.

Con ello se hace referencia a que más de un docente, por la causa que sea, administra el programa de educación en línea a su antojo y más allá de su «libertad de cátedra» como cuando: A. Impone a los alumnos -en especial de los niveles de licenciatura hacia abajo- la carga de aprender por sí solos, o «como dios les de entender» los contenidos educativos, sin que facilite una explicación suficiente del tema; B. Solicita tareas o trabajos en horarios y con plazos irrazonables; C. Emplea materiales «educativos» inadecuados, insuficientes o por completo erróneos -por ejemplo, el empleo de videos «colgados» en redes sociales que han sido elaborados por terceros que poco o nada tienen que ver con los contenidos del programa educativo concreto-

Del lado de los alumnos, y dada su familiaridad con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ellos casi siempre están en mejores condiciones que los docentes para participar en el proceso educativo en línea y de incidir desde ese ángulo en él; pero en algunos casos emplean esos conocimientos de manera perniciosa, como cuando: A. Utilizan las mismas herramientas, aplicaciones, extensiones (aplicaciones ligadas a buscadores como el Chrome de Google) u otros elementos neotecnológicos para ausentarse de clase, introducir ruido en la comunicación, suspender las sesiones, etc. B. Solicitan y obtienen auxilio de terceros durante ejercicios de evaluación.

La solución a esos problemas de docentes y alumnos, por supuesto que pasa por aspectos de planeación, actualización y capacitación; pero también muestra la necesidad de que tanto docentes como alumnos interioricen bienes y valores en la relación educativa.

4. Otra materia que debe revisarse, en especial en cuanto hace a la educación que prestan las instituciones privadas, es que la educación en línea, más que representarles un costo o un demérito económico (auspiciado por la baja de matrículas), se ha convertido en una oportunidad para varias de ellas de rebajar costos y mantener o aumentar beneficios, sin que se varíen las tasas mensuales de colegiatura.

Así, las colegiaturas no han variado, pese a que sí han disminuido los costos que las instituciones privadas de educación les indexan: A. Los costos del desgaste de la infraestructura física, de mobiliario y neotecnologías ha disminuido, pues ni docentes, ni alumnos asisten a clase y no se usan o no se usan al mismo grado que antes de la pandemia; B. Los servicios de luz, agua, cafetería y de comunicaciones (teléfono e internet) han disminuido, pues el consumo es evidentemente menor para las instituciones, ya que ni docentes, ni alumnos asisten a clase; C. Han adelgazado su base laboral, pues en varios casos no han renovado los contratos de trabajo a profesores auxiliares y a cierto personal administrativo.

Además, hay que considerar que ahora la gran mayoría de las instituciones educativas, trasladan muchos de los costos que antes asumían, a las familias y a sus propios trabajadores (por ejemplo, el costo del servicio de energía eléctrica e internet, pues los docentes y alumnos consumen la energía eléctrica e internet de sus propios hogares) o bien, muchas de esas instituciones privadas, aprovechan servicios digitales gratuitos para brindar sus servicios educativos (las aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp, de sesiones en grupo -como zoom o google meet- sin que tenga un sobre costo)

Es claro que muchos de los alumnos en régimen de educación privada podrían pasar al régimen de educación pública; pero a veces esta circunstancia no es fácil realizarla, tanto por el propio desarrollo de la relación de enseñanza-aprendizaje previa, como por los consiguientes trámites administrativos, las variaciones de contenidos, las relaciones entre alumnos y docentes que ya se conocen y un largo etcétera.

Por esa razón, convendría que ese punto se examinara de manera adecuada y con una perspectiva de justicia para las partes de la relación.

5. También es importante abordar el tema del acceso a las nuevas tecnologías, pues la actual educación en línea, en parte ha expuesto barreras de acceso, tanto por lo que hace a los instrumentos (no todos pueden comprar un dispositivo electrónico inteligente -pc, laptop, tableta u otro- o impresoras y sus caros «consumibles») como por lo que toca a los servicios (la internet no siempre está disponible en todo lugar) y sin embargo, la instituciones de educación y los docentes regularmente «exigen» contar con esas herramientas y servicios.

De hecho, es ya público, que todas las tiendas departamentales y especializadas, tienen agotados -o reservados- los dispositivos inteligentes -en especial laptops- y solo quedan aquellos de los precios más elevados, por el alza en la demanda de los mismos que ha implicado un aumento, al parecer, de al menos el 30% del valor de los productos.

Y sobre este punto, también se ha hecho poco o nada al respecto, para brindar alternativas de acceso.

Todo lo dicho, lo único que hace es sugerir puntos de reflexión para todos, en camino a una mejor educación y formación de los niños y jóvenes del país en este momento.