El presidente de la República desde un inicio resolvió dejar en manos de los “técnicos” la gestión de la epidemia nacional (en su dimensión mundial, pandemia) ocasionada por el SARS-Cov-2, lo cual, en términos llanos significó que el liderazgo administrativo y público de la gestión se asumiera por el médico Hugo López-Gatell Ramírez (en adelante LG).

Aunque el 4 de febrero ya lo había hecho de modo suave, el 11 de febrero durante la conferencia mañanera presidencial, LG fue enfático y afirmó textualmente sobre la Covid-19 “…se comporta como una enfermedad respiratoria de moderada a baja gravedad, es más leve que la influenza estacional…y el coronavirus nuevo ha cobrado mucha notoriedad porque es una enfermedad emergente, pero la proporción de graves, …la proporción de muertes son semejantes o incluso menores a la influenza…”.

Entre el 12 y 13 de marzo, LG dijo que no era conveniente cerrar escuelas, ni comercios, incluso, no desautorizó el evento Vive Latino (https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2020/03/13/lopez-gatell-no-es-conveniente-tener-escuelas-y-comercios-cerrados-3445.html)

Sin embargo, la SEP resolvió suspender clases a partir del 20 de marzo en el sistema educativo nacional y adelantar el período vacacional de Semana Santa.

Dos semanas después de considerar que no era conveniente suspender actividades académicas y comerciales, y luego de que varios gobernadores e instituciones públicas adelantaran las medidas de suspensión de actividades no esenciales, LG cambió la postura inicial y dijo “…hacemos un llamado enérgico, enfático, inconfundible, a quedarnos en casa…”.

A mitad de abril, LG fue más allá y explicó que si las empresas de actividades no esenciales (en ese momento la industria de la construcción se consideraba como no esencial) continuaban con sus actividades podrían ser clausuradas e, incluso, denunciadas ante el ministerio público porque se pondría poner en riesgo la salud de las personas (los trabajadores de esas empresas).

En los días siguientes, la campaña de quédate en casa siguió, como sigue hasta ahora, y ya entre el 5 y 6 de mayo, ante el presidente de la República, LG dijo con base en sus datos y gráficas “…hemos aplanado la curva…hemos reducido cerca del 60 al 75% de la cantidad de contagios gracias a estas intervenciones…” de la sana distancia, lavado de manos…

Cabe señalar que el 5 de mayo México tenía un acumulado de 26,025 casos detectados de Covid-19; 2,507 decesos por la misma enfermedad y una tasa de letalidad de 9.63%

El mismo LG, el 5 de mayo por la tarde/noche, informó que él había dicho que el pico de contagios sería el 6 de mayo; pero que al actualizar datos, no iba a ser así, que el nuevo pronóstico del pico de contagios era el 8 de mayo.

Luego, el 8 de mayo el presidente de la República, dijo que el pico de contagios se alargaría para el 20 de mayo y que ya faltaba poco, que ya se veía la luz al final del túnel, en el caso de la ciudad de México

El propio presidente de la República, por esos días, comentó que el inicio de la nueva normalidad en México comenzaría el 18 de mayo, y que las industrias de la construcción, automotriz y minería, serían agregadas a las actividades esenciales, para que el 18 de mayo comenzaran su regreso al trabajo (hay que recordar que en Estados Unidos de América también se propuso que la industria automotriz -vinculada a la mexicana- regresara a las actividades el 18 de mayo -más hay que rememorar que en ese país la epidemia empezó un mes antes- y también hay que hacer memoria que en la industria minera mexicana los canadienses tienen fuertes inversiones, así como que en el sector de la construcción, las empresas mexicanas se quejaron de pérdidas y que la suspensión en la construcción, incluso afectaba a quizá la más grande obra del sexenio: el tren maya.

Es así como el inicio de la recuperación de la normalidad de la vida social en México comenzó el 18 de mayo y hoy 16 de junio sigue, en medio de un acumulado de 150,264 casos positivos detectados, 17,580 decesos y una tasa de letalidad de 11.69%. La epidemia parece ahora sí estar en su pico, en este brote; pero, incoherentemente, llevamos casi un mes de haber iniciado el camino de retorno a la normalidad.

A lo anterior, hay que agregar al menos como hechos vagos la modificación gubernamental constante de fechas de conclusión del distanciamiento social o cuarentena, la ambigüedad de hasta dónde llega el poder de los estados y hasta dónde de la Federación en el despacho de medidas, el que ciertas tiendas de electrodomésticos han permanecido abiertas sin ser actividades esenciales, el que el dueño de esas mismas tiendas y de una televisora aconseje el desapendejamiento, o que LG desautoriza el uso de cubrebocas, mientras que Mario Molina, premio nobel de química, lo ha aconsejado.

Todo eso lo que muestra es que la gestión de la epidemia, por decirlo muy suave, ha sido errática y que la gestión de la epidemia no ha sido técnica -quizá hay un aparente técnico como voz e imagen- pues una gestión técnica no tendría ese andar trémulo, a menos que se acuse ignorancia. No hay sofocracia (gobierno de los expertos) en el gobierno de la epidemia.

Lo que parece existir es que el técnico y los técnicos han sido capturados por el poder político y los intereses económicos y empresariales, con lo cual la gestión de la epidemia al final es de carácter político-económica.

Y una crítica a lo dicho no es por purismo, ni riñe con la necesidad social de volver a la normalidad; pero hay maneras de llegar a ese punto y formas distintas de hacerlo.

Para solaz de muchos, esto mismo ha pasado y pasa en buena parte de los países del mundo, salvo algunos casos de éxito diferentes. Mal de muchos…

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