Morelia, Michoacán (MiMorelia.com/Redacción).- Este jueves, la ciudad de Morelia, destacada por su belleza arquitectónica, su amplia gastronomía y su gente “cálida” cumple 476 años de su fundación, siglos en los que ha sido parte de la gran historia de México y en los que ha cambiado mucho, sin perder su corazón de cantera rosa.

El 18 de mayo de 1541, la ciudad de Morelia fue fundada en el Valle de Guayangareo (que significa “Loma larga y achatada”), por disposición del Virrey Don Antonio de Mendoza y a instancia de varios españoles avecindados en Michoacán, con el propósito de contar con una ciudad capital donde residieran las autoridades civiles y eclesiásticas que hicieran posible la administración y el orden colonial, la cual denominarían Nueva Ciudad de Mechuacan.

En 1545 el nombre de la ciudad fue cambiado a “Valladolid” año en que el rey Carlos I de España concedió las armas a la ciudad.

Posteriormente, el 23 de agosto de 1828 se presentó al Segundo Congreso del Estado de Michoacán la propuesta de cambiar el nombre de la ciudad de Valladolid por otro alusivo a la memoria del benemérito hijo de la patria Don José María Morelos y Pavón, quien naciera en esta ciudad 30 de septiembre de 1765.

De esta forma, durante el mes de mayo, el primer cuadro de la ciudad permanecerá decorado con banderines rojiamarillos, colores emblemáticos de la capital, luego de que en el año de 1625 se adoptara la bandera, que emulaba los colores del reino de España y en el centro de la misma, el escudo de armas.

Morelia, considerada una de las ciudades más bellas de México y del mundo entero, es visitada por miles de turistas nacionales y extranjeros durante diferentes fechas y periodos vacacionales para disfrutar de todo lo que se puede encontrar uno, dentro de la ciudad de la Cantera Rosa.

Degustar un tradicional gaspacho mientras disfrutas y recorres de plazas, monumentos, la majestuosa Catedral. Saborear los ates de fruta o la gran variedad de golosinas tradicionales en el Mercado de Dulces.

Por la tarde, un vasolote con queso y crema o unos “churros con verdura” mientras se aprecia el show de los payasos, la Danza de los Viejitos o el Encendido de Catedral.

Más noche, los antojitos de San Agustín y por qué no, una cerveza artesanal bien fría en los diferentes establecimientos con vista al corazón de la urbe.