“La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares”. Ambrose Gwinett Bierce (1842 – 1914). Periodista y escritor estadounidense.

La crónica de un Fiscal Carnal anunciado llegó a su final el pasado domingo, cuando pese a los pataleos hipócritas de algunos integrantes de la bancada de Morena, con una holgada mayoría calificada, la septuagésima cuarta legislatura eligió al perredista Adrián López Solís, como Fiscal General de Michoacán para los próximos 9 años.

Está claro que al ejecutivo estatal, Silvano Aureoles Conejo, le resultó su estrategia, logró que uno de sus más cercanos colaboradores, que le ha acompañado en prácticamente toda su trayectoria política, sea el primer fiscal general de la entidad.

Las herramientas de persuasión de Aureoles Conejo le dieron resultado, pese a la guerra que prevalece con muchos morenos, donde se puede contar, sin lugar a dudas, al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

El pragmatismo, la opacidad y el doble discurso que prevalece en la clase política nacional y con peculiar énfasis en Michoacán, han permitido un innegable fiscal carnal local, como también hay un fiscal carnal nacional.

Cuando el poder se tiene por el mango, el político encumbrado lo usa y saca provecho. Desde los gobiernos federal y estatal, por supuesto que es mejor tener un fiscal amigo y ex empleado, que uno que sí vista una piel por lo menos más independiente y ciudadana.

Adrián López Solís podrá tener muchas cualidades para ponerlas al servicio de la nueva tarea que le han encomendado, pero no puede negar su cercanía con el gobernador de Michoacán, como tampoco Alejandro Gertz Manero pueda negarla respecto al Ejecutivo Federal. Dicho de otro modo, la clase política de este país opera muy parecido, para no decir que igual.

Para colmo de males, en la elección del fiscal michoacano reinó una opacidad con la que 11 diputados de Morena y 3 ex perredistas ahora independientes y pertenecientes a un tribu llamada ADN, insisten en decir que NO votaron por Adrián López Solís, con lo cual, no habría manera de explicar de dónde surgieron 29 votos a favor, si el Pleno legislativo lo conforman 40 diputados.

De tal manera que si no pueden demostrar su dicho, la lógica obliga a concluir que les gusta engañarse a sí mismos y 3 de esos 14 que patalean, debieron votar a favor.

Semejante situación la pudieron corregir a tiempo y exigir que una votación de semejante responsabilidad se desarrollara a través del voto nominal, es decir, que cada diputado manifestara públicamente su decisión. Pero no, hacerlo así inhibe la posibilidad de la negociación, de sacar provecho en lo estrictamente personal y evita que la traición quede totalmente expuesta.

Por lo pronto, los rumores en los pasillos del edificio ubicado en la avenida Madero Oriente 97 del centro histórico de Morelia, advierten que Morena negoció para ellos designar el próximo auditor del estado; casualmente el día previo a la elección, los diputados Cristina Portillo Ayala y Fermín Bernabé Bahena, se reunieron con el gobernador Silvano Aureoles Conejo. Sólo ellos saben lo que realmente pasó. Recuerde usted que una cosa es lo que se dice en público y suele ser una muy distinta a la que se dice en privado.

También suena que bastantes legisladores que otorgaron su voto secreto a favor de López Solís habrían recibido senda recompensa económica, situación que apostaría a que sí sucedió, pero que lamentablemente es muy difícil de comprobar.

En fin, veremos si con el paso de los días los legisladores morenos son capaces de demostrar que les “embarazaron la urna” frente a sus narices, o que alguno de ellos se sienta defraudado y entonces se atreva a confirmar los nombres de los negociadores o los traidores.

Por lo pronto, debería darles vergüenza a los 40 diputados locales, por semejante circo para tomar una decisión tan importante para Michoacán.

¿Y usted, estimado lector, qué opina?

Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.
cmongem@hotmail.com