Es opinión de quien escribe que, desde un punto de vista estratégico, el gobierno mexicano ha cometido error tras error en las relaciones con el otrora candidato y hoy presidente y jefe de estado en ejercicio de los Estados Unidos de América (su nombre lo omitiré de ahora en adelante en todo comentario y columna y sólo se le referirá por vocativos generales que le identifiquen, pero no por su nombre); pero, en la última semana, esto parece más visible desde un punto de vista que quiero presentar como técnico. Me procuraré explicar:

La relación de México con los Estados Unidos de América es una relación compleja que comprende muchas aristas materiales (comercio, cultura, relaciones sociales, energía, agua…) espacios físicos –como la frontera– como virtuales, y tiempo (la relación a lo largo de la historia)

Asimismo, es una relación que es dinámica, esto es, implica una interacción que se reitera, es permanente.

Pensar, por tanto, que las relaciones México-Estados Unidos de América se reducen a dos o tres temas (el muro, la migración y el comercio trilateral con Canadá incluida) o que es una cuestión entre el actual presidente de la República Mexicana y el de la Americana, sería un error.

Pero si eso es cierto, también es válido tomar segmentos de esa relación para apreciarlos en un contexto más amplio y ponderar lo que se consideran errores del gobierno de la República.

Vamos, son dos los actores concretos: los presidentes de cada país; son tres los temas específicos (el muro y su costo, el fenómeno migratorio y el tratado trilateral de libre comercio de América del Norte) y dos eran las opciones básicas para cada presidente: Para el presidente mexicano ir a los Estados Unidos de América o no ir; para el presidente de los Estados Unidos de América, invitar o no invitar al presidente de México a un encuentro en el cual previsiblemente se tocarían los temas indicados.

Ahora bien, el presidente de los Estados Unidos de América movió su ficha e invitó al presidente mexicano, el presidente de México aceptó (tanto así que envío a una comitiva negociadora al vecino país del Norte, aquí incluso pareciera que fue el gobierno mexicano quien busco la reunión) y luego el presidente de los Estados Unidos de América anunció la construcción del muro fronterizo entre México y Estados Unidos de América, ratificando que México pagará por el muro de una u otra manera.

Esto desencadenó una andanada de posiciones diversas en la clase política y los intelectuales en México (para unos, el presidente de México tendría que acudir, para otros  lo ideal era no visitar al presidente americano)

Y es aquí en donde salta a la vista lo que considero un error del gobierno mexicano, pues  entró al juego de la visita sin haber siquiera conocido la posición del presidente americano y con ello la posición del gobierno de México (y la de los mexicanos) se vio comprometida, esto quiere decir que si yo voy a “negociar” en una situación conflictiva, lo menos que puedo hacer es enterarme de todo lo concerniente al conflicto y observar cuál es la postura real de mi contrario, para saber que puede y puedo hacer, pues de no ser así, nos tomarán por sorpresa y nos darán un primer golpe que puede venir seguido de otro golpe.

Y eso es lo que pasó, pues el presidente de la República Mexicana (y los mexicanos) recibimos un primer golpe y ¿qué pasó después? pues nos han dado un segundo golpe, porque el presidente americano, tan proclive al tuiter, palabras más palabras menos tuiteó ante la indecisión del presidente mexicano y la reacción de la opinión pública mexicana, que si el presidente no iba con la postura de pagar por el muro fronterizo, no tenía caso la reunión. Ha dado un segundo golpe.

Lo cuestionable para un ciudadano común como quien escribe, es que el presidente de México tardara horas en “comunicar” que cancelaría la reunión con Trump, algo que era de sentido común “inmediato”, pero me parece que al final todo se debió a un inadecuado ejercicio de estrategia por parte del Gobierno de México (aprovechado por el americano); recibimos dos golpes, esquivamos uno y en gran medida lo esquivamos gracias al temperamento de pandillero callejero del presidente del vecino país del norte, que cerró su juego por anticipado: él le dijo a México o vienes a pagar o no vengas, la respuesta era obvia, natural, y debió ser inmediata.

Me parece que el presidente de México debió decir de forma inmediata “no tiene caso ir a los Estados Unidos de América, si el presidente de los Estados Unidos de América quiere obligar al invitado a pagar por un muro de su casa, un muro que además indigna”

La decisión, obligada de no ir a los Estados Unidos de América, creo que deja el marcador  pugilista de golpes de manera desfavorable para México.

Pero, de ahora en adelante, ¿qué sucederá? Bueno, hay que considerar primero que los Estados Unidos de América tienen una posición de fuerza dominante frente a México, más allá de los diversos indicadores (en especial los económicos) que implican la relación; pero esa posición si bien es dominante, no es de dominancia “absoluta”.

Los espacios son la política, entendida en un sentido ético, de bienes y valores, de estrategia a corto, mediano y largo plazo, conforme a las necesidades del caso; asimismo, la razón, como un valor de congruencia, legitimidad y coherencia; y finalmente, el derecho, como elemento razonabilizador, especialmente en su esfera de derecho internacional, tanto de naturaleza pública, como privada.

Que una  persona común se enfrente “al tú por tú” con un boxeador profesional y con fuerza bruta, no tiene sentido, hay que tener estrategia, esgrima, inteligencia, oponer las reglas, etc.

A guisa de ejemplo, la gran comunidad Latinoamericana, debe entender que un ataque del presidente americano a México es un ataque a la comunidad (incluso, universal) por ejemplo, en las medidas panfleteras de migración americanas ya anunciadas y entonces reaccionar con hechos y actos de carácter bilateral, plurilateral e internacional, creando nuevas alianzas de naturaleza diversa; en el sentido económico, crear, ahora sí, nuestro mercado interno como regional, y por ejemplo, enjuiciar el tipo de moneda que debe de usarse como divisa común en las relaciones comerciales internacionales (¿seguir usando el dólar en los mismos términos que se usa hoy?) y promover procedimientos arbitrales, demandas, etc., ante las instancias internacionales. Hoy, incluso nuestra debilidad y nuestras carencias son una fortaleza, usémoslas. El presidente americano, algún día se irá.

Me parece que si México es muchos Méxicos al interior, al exterior, debe ser uno, un sólo México, y como dije en mi columna previa, lo mantengo: México, creo en ti.