El gobierno debe ser incluyente y buscar el poderoso apoyo de la Iglesia Católica, depósito de la sabiduría de Dios.

El Ejecutivo federal aseguró que la economía va bien, con una inflación relativamente baja, aumento en la recaudación de impuestos debido a que la gente confía más en el gobierno y, sobre todo, el tipo de cambio del peso mexicano se ha fortalecido. (Excélsior, abril 27).

Los analistas comprueban frecuentemente que los datos no tienen sustento. Sólo existen en la retórica y en la imaginación de Manuel Andrés. La realidad, analizada por los científicos muestra lo contrario, así la recaudación de impuestos y el costo de la vida que sube.

El presidente de todos los mexicanos polariza la sociedad: les echa todas las culpas de sus fracasos a los funcionarios que gobernaron antes que él, , sataniza a cuantos no sea alinean acríticamente a él, descalifica a quienes no piensan, hablan, actúan como él. Así se expresa de la prensa Fifi, de los neoliberales, de los conservadores. Su lenguaje es maniqueo, en una parte todo es negativo, en la otra todo es positivo hasta Hugo Chávez y Nicolás maduro y la revolución bolivariana.

Es un delito de alta traición dividir a los mexicanos. El divino Maestro Jesús entregó su vida para destruir el muro que dividía dos pueblos. Es una tarea urgente en un mundo dividido por mil razones, la condición social, los intereses monetarios….

Otra característica de su gobierno es la exclusión, su gobierno no es incluyente. Los favorecidos son los ciudadanos de su Movimiento, las personas afines, los incondicionales, las multitudes de humildes a quienes compran por la promesa del de mucho dinero repartido sin trabajar, sin devengarlo.

Su política es contraria al spot de MO,,NA donde se afirma con voz seductora y engañosa que gobernará para todos, para todos los suyos. Si lo creen y lo pregonan, ¿por qué no lo ponen en práctica? Es evidente que gobierna para los privilegiados, y los ciudadanos humildes lo perciben al ver los privilegios de quienes se pasaron a Mo,,NA por las ventajas económicas y políticas, no por ideología o amor la patria por servirla y engrandecerla. Hay desencanto en muchos ciudadanos porque empiezan a darse cuenta de la realidad más allá de las afirmaciones populistas y demagógicas.

El gobierno es autocrático y autoritario. Gobierna sólo el presidente. Sus colaboradores no tienen una personalidad fuerte, decidida, digna para imponer puntos de vista propios, aunque las pifias son tan escandalosas que han tenido algunos funcionarios que corregirle la página.

Su gobierno crea la anarquía porque no gobierna con la ley sino con su autoritarismo. Pone en tela de juicio la ley cuando le conviene, amparándose en la justicia. Quien no cumple la ley ¿cómo puede defender la justicia? Gobernar con referenda, sin obedecer la ley, sin importar la justicia sino la idea cambiante del presidente cancela el estado de derecho y abre las puertas a la anarquía, al caos, la descomposición social, la perdida del Estado de derecho, al autoritarismo y la tiranía. Como en Venezuela.

En un gobierno autocrático, el presidente gobierna sólo, no incluye ni a los suyos, quienes están ahí para ser comparsas en el mejor de los casos, no para influir con su sabiduría y su genio.

Desbarata los organismos que pueden salirse del huacal, los transforma, los hace a modo.

No incluye a grandes organizaciones, que poseen ricos y variados valores, que tienen el caudal de ciencia, experiencia y sabiduría para construir un México grande, sólido, armonioso. Sólo juntos podemos crear la grandeza y el progreso de México en la verdad.
La primera institución, sociedad rica y variada es la Iglesia Católica, que ha contribuido a crear la cultura espiritual de México y se ha encargado de la obra de civilización. El sustrato católico es una riqueza incalculable, hay tanta experiencia civilizadora. Es una galaxia de santos, sabios y héroes que brillan en nuestro cielo: Vasco de Quiroga fray Alonso de la Veracruz, los 12 franciscanos, Pedro de Gante, Quino, Salvatierra, etc., etc.

El gobierno la ha ignorado. Es un error trascendental, que no tiene nombre. ¿Dará Andrés Manuel su lugar a la Iglesia en una actitud humilde de escucha, para dejarse guiar y ayudar? Sólo si vive la conversión propuesta por Cristo.