Más o menos a mitades del siglo XX, las elites revolucionarias corporativistas auspiciaron el nacimiento del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, como una organización con una inmensa masa de sindicalizados, los cuales en lo esencial se podían y aún se pueden considerar afines a las pretensiones de los grupos de poder instalados en los poderes públicos, cualquiera que sea el cascarón partidario que cobije a esos grupos de poder.

El SNTE y sus grupos de poder, sin embargo, al paso de los años adquirieron una vida propia y un poder de incidencia no menor en el escenario político nacional y los locales.

El poder de amenaza implícita del SNTE, con sus consecuencias nocivas, aparejado al recelo de los grupos del poder público y en otra parte debido al hartazgo de ciertos sectores del propio SNTE, llevó a la creación de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE, con una vocación general vis a vis ante el Gobierno.

Sería una reducción absurda considerar al SNTE como oficialista y a la CNTE como adversa al gobierno, pues de hecho, a partir de que ambas entidades sindicales han “negociado” y “convenido” en interés propio (a veces muy propio) con los gobiernos federal y locales, ambas se podrían considerar como pragmáticas y con puntos de coincidencia con el gobierno y sus grupos.

De manera franca o soterrada, los grupos del gobierno a lo largo de los años han pretendido “controlar” el poder del SNTE y de la CNTE, con mayor o menor éxito (el procesamiento de la lideresa del SNTE, en gran medida puede explicarse por esta razón, más allá del castigo político)

Hoy que se acorrala a la CNTE, esa misma pretensión de control de su poder y de sus manifestaciones nocivas para la educación persiste; pero también se puede intuir que no son esas las únicas razones por las cuales se le persigue y a sus manifestaciones incorrectas; también se le atosiga, porque en un escenario político electoral de más de dos partidos y de cara a las elecciones ya no tan lejanas de 2018, la CNTE está jugando sus fichas y las está jugando no a favor de los grupos de poder instalados en los partidos mayoritarios, sino quizá a favor de partidos y agrupaciones políticas diversas.

¿Que la CNTE tiene expresiones generales y concretas incorrectas? Por supuesto y sin duda, como las tiene el SNTE -como muchas otras organizaciones gremiales que ni se tocan- por más que secunde la reforma educativa y su desarrollo legal.

Perseguir a la CNTE, al menos en una vertiente de análisis, no parece que sólo tenga su causa en un mal hacer educativo de la organización sindical, sino más bien y de forma subrayada en un actuar que se juzga por ciertos actores potencial y políticamente riesgoso, lo cual debe mover a pensar que a veces se puede perseguir algo incorrecto por razones incorrectas y con fines cuestionables. ¿Es esto justo? Y no solo eso, ¿cuáles serán las consecuencias para la vida política y democrática del país que se sancione a alguien por razones incorrectas y fines cuestionables?

Las líneas escritas, con toda seguridad no son compartidas por muchas personas, pero seguramente también hay quien las comparte.

Lo mejor es que lo que se dice de la vida y en especial de la vida política del país, no se trague a pie juntillas, sin masticar, sino que se someta al crisol de la crítica, como hace a quien dedico lo escrito (Zeija)
Comentarios: urielpr@gmail.com