CDMX (MiMorelia.com).- En su informe más reciente del año 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que murieron 17.7 millones de personas por enfermedades cardiovasculares, cifra que representa un 31 % del total de muertes registradas en el mundo. Por causa de la diabetes se contabilizaron 1.6 millones de decesos. 

México no escapa de estas cifras alarmantes. Entre enero y agosto del 2020, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) contabilizó un incremento de hasta el 40 % de las muertes por diabetes y enfermedades cardiovasculares. Este análisis preliminar de certificados de defunción, publicado a inicios del 2021 por el instituto, evidenció que en este periodo fallecieron un total de 184.917 personas.

El informe proyectó 100.624 fallecimientos por enfermedades del corazón, pero la realidad superó el pronóstico con un exceso de mortalidad del 38.6 %. Según el Inegi, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en México. 

La diabetes mellitus es la segunda causa de muerte en el país con 98.220 casos entre enero y agosto del 2020, un total de 25.782 más casos de lo proyectado. Estas cifras representan un incremento de la mortalidad por diabetes mellitus del 35.6 %. 

Estas cifras no resultaron tan sorpresivas. De acuerdo con el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ambas enfermedades tienen relación estrecha con la obesidad o sobrepeso que padece el 70 % de los mexicanos.

Dentro de este contexto, el Gobierno de México ha realizado diferentes campañas de salud con el objetivo de difundir hábitos saludables. Desde su plataforma oficial recomiendan el consumo diario de 6 a 8 vasos de agua, la ingesta de verduras y frutas, así como minimizar el consumo de grasas, carbohidratos procesados y sal. 

Los hábitos alimenticios cobran mayor importancia para los especialistas de la salud, pues se ha demostrado que pueden mejorar o empeorar un pronóstico médico, especialmente en casos de hipertensión y diabetes. Según un estudio presentado en la Conferencia de Medio Oriente del Colegio Estadounidense de Cardiología, el consumo de fibra minimiza el riesgo de hipertensión y diabetes tipo 2, mientras que el consumo de omega-3 reduce la presión sanguínea y el riesgo a desarrollar coágulos sanguíneos.

En efecto, los avances científicos han dado paso a la medicina funcional que, en vez de suprimir los síntomas de las enfermedades cardíacas, diabetes y otras tantas, se sustenta en análisis biológicos de los pacientes. La intención es equilibrar el sistema de cada individuo desde la alimentación. 

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