Es hora de despertar. podemos revertir la oleada de crímenes y sangre derramada, de tanta corrupción, dolor y muerte.

Lo mataron cuando aún había mucha gente, no era tarde. Los criminales se fueron tan campantes, charlando con algunos jóvenes que estaban en una esquina.

Con estas líneas, quiero contribuir al bien común, a una convivencia armoniosa, al estado de derecho, a la salvaguarda de la dignidad de la persona humana

La violencia arrasa. Un hermano de Apatzingán, angustiado pide que recemos por ellos .

Los criminales no se esconden de la gente ni de la policía para asesinar, no actúan a deshoras de la noche.

Vemos la deformación de la persona, la pérdida de los más altos valores, del valor de la vida. Los criminales matan con aquella sangre fría, como lo más natural.

La crueldad es refinada: tortura, cuerpos descuartizados, decapitados.

No se explica tanta saña y brutalidad sino porque el hombre se ha degradado, ha perdido su dignidad, sus sentimientos humanos.

Es el resultado de la pérdida de los valores universales e inmutables inherentes a la persona humana.

La misma sociedad humana hecha a la basura los valores que norman a un ser inteligente y libre .

En hombre de la modernidad, del laicismo se expulsa la conciencia moral, el código de valores, adoptamos el relativismo moral, la falta de conciencia en la convivencia social. No rigen los grandes valores sino valores del momento, la persona actúa no por grandes principios sino por la conveniencia, el capricho, el placer pasajero, los bienes que sacian las bajas pasiones, irracionales.

El mismo libertinaje domina las modas, demoledoras de valores que, con sus reformas, se llevan entre las patas valores sagrados del ser humano.

Por ejemplo, las campañas del aborto, asesinato de un ser humano no nacido, indefenso, hijo de las entrañas hacen que el individuo se brinque las trancas y pierda el sentido de la vida. Ya nada puede detenerlo y vienen todas las aberraciones y crueldades sangrientas que vemos cada día.

También juega un gran papel el dinero fácil, con todas las ventajas, lujos y poder que se pueden comprar. Ya no hay valores absolutos y por unos pocos pesos se asesina a un ser humano, imagen viviente de Dios.

 

Debemos detener la hecatombe, el baño de sangre tantas violaciones gravísimas de la persona humana, del primer derecho a la vida para detener tantas muertes de hermanos inocentes.

Tal vez nos sentimos como hormigas ante un tsunami de sangre y vientos de odio. Sin embargo podemos cambiar la situación, vencer el crimen y la inmoralidad.

Hay que rescatar al hombre, liberarlo de sus pasiones diabólicas. El secreto está en vencer el mal y obrar con justicia y rectitud.

Hay que rescatar los grandes valores y principios que dormitan y esperan en el ser humano. Podemos crear el mundo nuevo de lo alto, de la sabiduría y el amor .

En la sociedad, debemos dejar de polarizarnos, de condenarnos y descalificarnos y unir nuestras fuerzas para el verdadero bien de los mexicanos.

El gobierno tiene el poder, recursos para salvar verdaderamente a los pobres y a todos.

La Iglesia Católica es un depósito hondo y valiosísimo de la sabiduría, de las virtudes, de las leyes que nos traen la paz.

Todos debemos la mano, el enemigo, la corrupción y el crimen están frente a nosotros. No podemos seguir en actitudes fantasiosas, mezquinas, egoístas, para satisfacer las pulsiones de muerte.

Debemos liberarnos de los instintos criminales y ambiciosos para buscar una convivencia de justicia, armonía. ¡Podemos construir la paz!

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