Si, y muchísimos… pero ya que estamos en la Semana Santa, vale la pena recordar al traidor quizá más conocido de la historia: Judas Iscariote, el cual delató a Cristo ante los romanos, señalándolo con “el beso de Judas”, a cambio de las 30 monedas de plata.
Y, de acuerdo con la historia, Judas, al dimensionar lo que había hecho y a quién había entregado, quiso devolver las monedas, sin tener éxito en querer lavar sus culpas, en su “arrepentimiento”; así que decidió colgarse con una cuerda para quitarse la vida, horrorizado ante sus actos, utilizando así la última decisión con algo de honor –o temor– que había en su ser.

¿Le ponemos nombres?

Usted póngale nombres a quienes considere traidores, pero de personajes de la política michoacana que han sido traicionados, muchos se me vienen a la memoria. Víctor Tinoco Rubí fue traicionado; lo mismo que Jesús Reyna García, Leonel Godoy Rangel, el propio Silvano Aureoles Conejo, (sobre todo en épocas electorales); Jaime Darío Oseguera fue traicionado; Luisa María Calderón, Cuauhtémoc Cárdenas, de igual forma; en su momento, el brillante Juan Benito Coquet, entre una larga lista de personajes que sufrieron traición por parte de allegados o de sus equipos cercanos, y en algunos casos, no sólo fueron traicionados, sino hasta sacrificados electoralmente hablando.

Maquiavelo decía…

De acuerdo con Maquiavelo, la traición es el único acto de los hombres que no se justifica; “los celos, la avidez, la crueldad, la envidia y ser déspota, son explicables”, consignaba en sus escritos; “sin embargo, los traidores son los únicos seres que merecen para siempre las torturas del infierno político, sin excusa alguna”.
Otra más del escritor y filósofo italiano: “La política no tiene relación con la moral”. O ésta del ex general revolucionario Gonzalo N. Santos cuando alguien le reclamaba la falta de ética en sus actos: “La moral es un árbol que da moras”.
Ambas líneas, en diferentes etapas de la humanidad y en diferentes países, retratan de pies a cabeza, en general, a la clase política, actividad a la cual le falta ser ejercida con valores, con ética, con moral y con honestidad. El honor en la actualidad parecería estar en vías de extinción.

A toda acción…

Y a la distancia, el síndrome de Judas nos persigue, al parecer, por los siglos de los siglos, ya que siempre ha habido traidores, envidias, celos entre los hombres en general, pero en particular en la clase política. Sin embargo, la traición, que es ruin, despreciable y vergonzosa, se aplica de manera cotidiana, como si no supiéramos que todas las acciones tienen sus consecuencias. De acuerdo con la tercera Ley de Newton, si un cuerpo actúa sobre otro con una fuerza (acción), éste reacciona contra aquél con otra fuerza de igual valor y dirección, pero de sentido contrario (reacción). Llámelo así, dígale karma, pero “el que la hace la paga”, diríamos con base en los sabios refranes mexicanos. Judas lo pagó con su muerte, y otros personajes han muerto políticamente, otros en el total desprestigio, otros son reconocidos mitómanos y así podríamos ir mencionado como los que actúan mal, terminan en la podredumbre de la Historia o de sus propias miserias.

Nadie por encima de la ley

Hay que explicar muy claramente que mientras más responsabilidad se tiene, y mientras a mayor población afectemos con nuestros actos, es mayor el grado de traición y así debería ser la sanción. No se puede soslayar a alguien que traicione al pueblo o a la patria, sea de derecha, centro o de izquierda, neoliberal o de la 4-T. Nadie, absolutamente nadie, por encima de la ley.

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