No por el solo hecho de que una persona sea adversa a la idea de la 4ª transformación, hostil a las personas que encarnan el gobierno de extracción morenista o a sus prácticas (las ilegítimas en especial) es o debe ser valorada de una forma extrema, esto es, los críticos del nuevo gobierno morenista, por el solo hecho de que cuestionan al gobierno, no pueden ser tachados de manera negativa o positiva.

Tampoco, por el solo hecho de que una persona forme parte o apoye la idea de la 4ª transformación, respalde a las personas que encarnan el gobierno de origen morenista o a sus prácticas (en especial, las legítimas) debe ser catalogada, bien como correcta o como mala, esto es, los nuevos funcionarios y los simpatizantes del gobierno morenista, por el solo hecho de ser funcionarios del nuevo gobierno o por apoyar al gobierno en funciones, no pueden ser bien o mal calificados.

Esto se menciona, porque todos los días hablamos o escuchamos hablar, por sistema, que los adversos al nuevo gobierno, califican prácticamente todo lo que venga de este nuevo gobierno como malo, por decir lo menos y aducen supuestas razones carentes por lo general de todo sustento para descalificar (es que yo vi, es que un “conocedor” dijo que…es que un amigo bien enterado me dijo que…y así por el estilo); pero también encontramos la postura en sentido contrario, esto es, que los nuevos funcionarios y los simpatizantes del nuevo gobierno, son buenos y califican de bueno todo lo que sea y/o provenga del nuevo gobierno por ser de ese origen (dicen algunos que los nuevos funcionarios morenistas son buenos, por ese solo hecho).

En el fondo, ambas posturas son incorrectas, porque dejan de lado el tema central de la cuestión, esto es, los hechos o actos del nuevo gobierno (y de todo gobierno) y las razones que pueden o no legitimar esos actos o hechos.

Por eso mismo, ese choque de opiniones solo lleva a un discurso estéril frente a los ciudadanos, porque es sobre personas, no sobre sus actos y hechos actuales o actos o hechos pretéritos que tienen inmediata y directa relación con lo que hacen hoy.

No es válido, por ejemplo, que el Presidente de la República pretenda defender a un servidor público, con el solo argumento de que los funcionarios de antes eran malos y la prensa no los cuestionó; y tampoco es válido que se diga que una persona que hoy es funcionaria en el nuevo gobierno y que proviene del pasado, por ese solo hecho es una mala funcionaria.

Ciertamente, si una persona que hoy es funcionaria y además participó en administraciones públicas anteriores, en cualquier ramo gubernativo, y tiene antecedentes oscuros de ejercicio público, eso mina la confianza que sobre ella se tenga, si la ley no le atribuye una sanción a su “oscuridad”, caso en el cual debería ser sancionada; pero por un pasado solo falto de claridad no puede ser catalogada como mala o corrupta, ya que a lo único razonable que eso puede conducir es a que el examen público que se haga de su proceder, sea más acucioso, más intenso y luego llegar a una conclusión razonable sobre su proceder actual.

El nodo de la cuestión es que seamos conscientes, como ciudadanos, que más que examinar a las personas, debemos enjuiciar los actos y hechos de los nuevos funcionarios (de todo el que esté en funciones) y cualquiera que sea su origen partidista, para examinar lo más razonablemente que se pueda, si el hacer de la persona en cuestión es correcto, para entonces si poder emitir un juicio que construya opinión pública y por ende coadyuve al control del ejercicio del poder de quien lo ostenta, sea quien sea.

El voto mayoritario depositado en las elecciones nacionales del año próximo anterior, si se valora en su raíz, fue más por una opción que se ha creído democrática, honesta y legítima; y por el rechazo a un pasado inmediato autoritario, deshonesto e ilegítimo, esto es, se votó por una aspiración a un estado de cosas, a través de un persona en general, y se rechazó un estado de cosas previo, también ligado a personas; pero la sustancia está en los actos y los hechos. De otra manera, sería desconocer que Doroteo Arango (Francisco Villa) hoy reconocido líder histórico de la Revolución Mexicana de 1910, en su tiempo fue mal adjetivado por sus opositores solo como un cuatrero roba vacas y delincuente desalmado.

El “argumento” que tiene como eje a las personas, sea a favor o en contra, es errado; por el contrario, todo mundo debe de estar interesado, en que se debe hacer un ejercicio crítico razonable (no solo descalificar porque si o por conveniencia) sobre el proceder del nuevo gobierno, ya para reconocer, ya para reprochar y corregir, pero con razones y sobre actos y hechos, para en su caso también adscribir la responsabilidad que corresponda oportunamente y en cada caso, a cada persona.

El gran problema es que hasta este momento, de una y otra parte, más que datos, aún presentados como tales, lo que se ha deslizado a la opinión pública son versiones sobre esos datos y sobre la información que se construye con los propios datos, lo cual por desgracia sitúa a la mayoría de la población en medio de una discusión de imágenes diversas sobre una misma realidad, sin saber a ciencia cierta, que está sucediendo y qué camino seguir.

Esto se ahonda, porque muchos de los académicos, líderes de opinión y hablantes en los medios de comunicación que antes criticaban la injusta realidad de los años y sexenios previos, hoy son simpatizantes, cuando no servidores públicos participes del nuevo gobierno; mientras que muchos de los opositores al nuevo gobierno fueron participes directos o beneficiarios de los gobiernos inefables del ayer.

A querer y no, eso impone la responsabilidad a los ciudadanos, a la gran masa que estamos en medio, de mostrar una actitud más activa, para buscar datos, información, procesarla y formarnos una imagen de la realidad más razonable y cercana a la verdad, para actuar en consecuencia.

Ni el odio, ni el amor a alguien o sobre algo, deben privarnos de la aspiración al conocimiento de la verdad, pues la verdad es la que nos hará libres.

ZM

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