Soñamos con el fin de la corrupción. algunos esperaban que Andrés Manuel… La esperanza se derrumbó, la clase política es lo mismo.

Una vista panorámica

Estamos como siempre, como en los peores tiempos del PRI, de la dictadura de partido, de la corrupción y la miseria.

Levanta muchas sospechas la liberación del general Cienfuegos. Es una jugada burda que piensan que vamos a creer cándidamente como niños que se chupan el dedo. Si mienten van a enredarse en sus propias mentiras. O tienen un lenguaje dogmático, creen que con su mísera palabra de hombre pueden hacer que las cosas existan.

Se trata de un personaje cercano a Peña Nieto, a quien no han tocado a pesar de que hizo un daño incalculable a la nación, como la deuda externa que hizo crecer exponencialmente. Si fuera un secretario del tiempo de Felipe Calderón, ¿sería lo mismo?

La corrupción se asentó y se enraizó en México y sigue ahí, no nos hemos movido buscando la salida, aires más puros. Es la misma clase política infectada del virus de la corrupción. Es la misma escuela política, las mismas mañas.

El gobierno afirma que el general Cienfuegos es inocente, que nunca ha hecho nada malo. Como afirmación es lógica pero debe confrontarse con la realidad, los hechos deben confirmarlo.

Se puede tratar de una afirmación dogmática: que los hechos deben conformarse a la afirmación de la autoridad suprema, del presidente. Si la afirmación es falsa se va a saber y no va haber manera de enmendar lo sucedido. Los actores políticos van a quedar en vergüenza aunque también saben reaccionar con cinismo.

Según la filosofía, debe haber una razón suficiente del proceso que llevó la DEA. Debe haber una razón por la que hizo la investigación, la aprensión y todo lo demás, una razón proporcional.

Estamos con México, a favor de México, pero estamos por la verdad que está sobre todo como plataforma indispensable de la justicia y del orden civil. Estamos por el recto orden moral, la convivencia pacífica y el estado de derecho.

Estamos por los valores universales e inmutables del recto orden moral, según las leyes del universo y del ser humano inscritas por la sabiduría y el poder del Creador, por el recto orden moral. Sin estos valores, vamos a la deriva en un caos de muerte y sin retorno.

La sabiduría de lo alto

El mexicano sensato, con sentido común percibe bien las cosas. Creo que en muchos hay un desencanto hondo y terrible.

Los ciudadanos sensatos, que no están enajenados ni han perdido el sentido común deben despertar y contemplar la situación de México en la cruda realidad, no en el lenguaje falaz de los spots y de las promesas de campaña, eternas mentiras que todavía nos tragamos.

Es necesario despertar, abrir bien los ojos y aceptar la realidad, no estar enajenados como los jefes que nos gobiernan. Son muy burdos los errores que cometen y estamos tan atontados que muchas veces no los detectamos. Es el pueblo bueno que se deja burlar por los líderes.

No es cierto que es bueno todo lo que hace el “pueblo bueno”. Como tampoco es cierto que todo lo que hace el presidente está bien hecho.

El Papa Francisco en Fratelli Tuti, su encíclica, señala los “POPULISMOS Y LIBERALISMOS”, como el de México. Denuncia “el desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos” (N. 155).

El Papa analiza con una sabiduría muy honda la vida del pueblo. Afirma que “hay líderes populares capaces de interpretar el sentir del pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias”. Los hay que son perversos y hacen un mal criminal y profundo como “instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder”. Se impone el pensamiento de un presidente totalitario que apenas disimula su ansia de quedarse en el poder.

El pueblo de México está aletargado, pasivo, esperando con los brazos cruzados que las cosas cambien por sí solas, como por arte de magia. A ver a qué horas asumimos la realidad y la enfrentamos, empezamos a actuar para detener el oleaje de tantas calamidades y miserias y enderezar la barquita y sacarla del naufragio.

¿Cómo podremos defendernos de los líderes ambiciosos y amañados que seducen porque quieren el poder? ¿Cómo lograr que los humildes sean conscientes de su dignidad y la defiendan, como sacudirlos y hacerlo reaccionar? ¿Cómo despertar a los humildes ante el desastre de México antes que sea demasiado tarde?

Es tiempo que el ciudadano sea el que manda en esta transformación, el constructor de un México mejor, los que están arriba son servidores.

¿Con caudillos o sin ellos cuándo nos haremos responsables de los destinos de México, de su progreso?