Hace unos días, en medio de la disputa Alfaro-AMLO, desatada por las acusaciones del primero contra el segundo, Enrique Krauze terció a favor del gobernador de Jalisco, al cual Krauze comparó con el liberal Mariano Otero, porque Otero en su momento enfrentó a un gobierno injusto (el gobierno injusto, en opinión de Krauze, ahora sería el que encabeza AMLO)
El presidente de la República, al sentirse aludido, dijo que con esa postura Krauze confirmó su conservadurismo, que eso era bueno, porque se definía y no era tiempo de simulaciones, concluyendo de manera literal: “…no hay para donde hacerse, o se está por la transformación o se está en contra de la transformación del país…”
De la declaración del presidente fue separada la última parte entrecomillada, y ya segmentada, se ha interpretado por algunos como un pronunciamiento totalizador y autoritario de AMLO: “o estas conmigo o estás contra mí”.
La interpretación autoritaria de esa porción de la declaración es admisible, a condición de que se le separe del contexto en el cual fue pronunciada o si el fragmento se interpreta como una declaración general de cierre o se liga con otras declaraciones y actitudes del presidente que fueran objetivamente interpretadas como autoritarias; pero no lo sería en caso contrario, ni tampoco lo sería si se inserta en el contexto de las elecciones de 2021, esto es, si se dirige en un plano menos visible a posicionar al gobierno morenista y al morenismo como la mejor oferta política -solo tendría en este caso una intención electoral, aunque tuviera visos de incorrección-.
Pero, cualquiera que sea la postura interpretativa que se asuma en el caso concreto o en otros, hay que reconocer que las interpretaciones sobrevienen porque el presidente de la República, más de una vez, es vago o ambiguo en sus expresiones orales, porque sus discursos generales y actitudes eventualmente son variables, confusas y, porque, por supuesto, también los contrarios al gobierno morenista buscan aprovechar cualquier dicho o acto del presidente de la República o de sus figuras principales para reaccionar críticamente y presentar al presidente y sus lideres como autoritarios (la oposición tiene claro que la mayoría de las personas que votarán en 2021, no son radicales y no respaldan, ni respaldarán posturas radicales).
Otra actitud vaga y ambigua, se ha vuelto a presentar con la “denuncia” presidencial de un documento sin paternidad reconocida que dicen revela la constitución de un “bloque opositor amplio” y que el mismo presidente nombró como BOA, el cual según su dicho y el documento huérfano, tiene la pretensión “legítima” -el presidente dijo que era legítimo el objetivo del BOA- de ganar la mayoría legislativa en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, para eventualmente removerlo del poder por vía de la revocación de mandato.
Esa comunicación presidencial es vaga, no solo por el origen del documento al que reconoce legitimidad de fines, sino por la intención de hacer público algo que ya es público y notorio, pues es de conocimiento general que existen políticos, partidos, medios de comunicación, organizaciones empresariales, sindicales, de la sociedad civil y personas de a píe -que no son pocas- que públicamente están luchando con mayor o menor organización para arrebatar espacios de gobierno al presidente, a la 4T, al morenismo y así conquistar el poder, lo cual es el pan nuestro de cada día, tal y como lo hace la 4T y el morenismo, al reclutar legisladores del Partido Verde o de Convergencia para lograr mayorías parlamentarias que le sean favorables (Morena no avisa públicamente que quiere capturar cierta o determinada posición legislativa).
De igual forma, son intrascendentes los desmarques de los supuestos integrantes del BOA, pues más allá de que no han aceptado la constitución del BOA, ni formar parte de él, han dejado clara su oposición al gobierno morenista, no desde ahora, sino desde hace años.
Paradójicamente, quien ha sacado más ventaja de la situación, ha sido el presidente de la República, no porque se le reconozca razón, sino porque al usar los comentarios de Krauze y el documento del BOA ha logrado alegar una causa para hablar de política con dirección al contexto electoral de 2021 y apoyar al morenismo, cosa que debería hacer con énfasis y no hace el partido Morena, que guarda silencios raros.
Ese apoyo al morenismo de cara a las elecciones de 2021, aunque sea en parte, también está presente en los banderazos de arranque a las obras del “Tren maya” y en la reanudación de la vida social en medio de la pandemia; sería realmente ingenuo sostener que ese ánimo político no influye en nada al hacerlo, como igual ocurre con la oposición en sentidos diversos.
Una vertiente de lo opinado, es que ni el presidente y sus huestes, ni la oposición, se sienten seguros frente al resultado final del proceso electoral de 2021, estratégico para ambos lados.
En ello llevan razón unos y otros, porque aunque es cierto que Morena hoy tiene ventaja en la intención del voto de los ciudadanos para la próxima contienda por casi todas las gobernaturas en disputa -estas han sido el valuarte real de la oposición hasta ahora e incidirán en los demás resultados en 2021, que implica ayuntamientos y legislaturas locales y la federal de la Cámara de Diputados- no deja de ser cierto que esa intención de voto no es tan amplia para Morena y puede ser superada mediante coaliciones de hecho o formales que logren acordar en la oposición.
Otra opinión final y consecuente con lo apuntado, es que ni Morena, ni la 4T, son la única respuesta política correcta para la sociedad, virtud a la pluralidad social manifiesta -tanto en 2018, como ahora- que solo se resolverá en las urnas, cualquiera que sea el conteo de votos.